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Medio siglo del nacimiento del punk

50 años del primer elepé de los Ramones: "Fueron una especie de entrada a un mundo nuevo"

10 músicos, escritores y profesionales de la cultura, de distintas generaciones, explican el impacto que tuvo en ellos, o no, el cuarteto neoyorquino, que publicó su elepé de debut en abril de 1976

Ramones, una de las marcas más perfectas del pop: uniforme barriobajero y emblema poderoso

La fotografía de la portada del primer elepé de los Ramones

La fotografía de la portada del primer elepé de los Ramones / Roberta Bayley / Archivo

Ramón Vendrell

Ramón Vendrell

Barcelona
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Muy pocos discos han cambiado el curso de la música popular moderna, y 'Ramones' es uno de ellos. Publicado el 23 de abril de 1976, cuando The Clash no existía y los Sex Pistols apenas habían hecho una decena de conciertos cutres, el elepé de debut del grupo neoyorquino fue el primero etiquetado como punk rock en su momento, no a posteriori. Inauguró, pues, la breve era punk original, sobre la que tuvo una influencia apabullante. No solo eso: de su inédita velocidad se escindió el hardcore y su corazón de pop hecho por y para inadaptados es la base del punk pop que llega hasta la actualidad. Los Ramones acuñaron una fórmula de éxito, más para otros como Green Day, por ejemplo, que para ellos.

EL PERIÓDICO pregunta a diez músicos, grupos, escritores y profesionales de la cultura, de distintas generaciones: ¿Qué significaron para ti los Ramones en tu adolescencia o primera juventud? Ignacio Canut (Kaka de Luxe, Alaska y los Pegamoides, Dinarama, Fangoria; también Los Vegetales, casi un tributo a Ramones) rechazó responder con un argumento que, no obstante, permite consignar: "Cada vez me da más pereza hablar del punk. Lo que hoy en día representa esa palabra no tiene absolutamente nada que ver con lo que yo conocí/vivi, y los Ramones no son ya más que un logo en camisetas como AC/DC o Iron Maiden".

También declinaron participar las integrantes de Aiko el Grupo, por una razón inapelable: "Nunca hemos escuchado a los Ramones". Esto es, no hace falta haber escuchado a los Ramones para descender de los Ramones, hay infinidad de nexos potentes entre el cuarteto y el presente.

Yo era rocker en el estallido del punk. Pero eso no me impedía escuchar el 'Natty dread' de Bob Marley & The Wailers una cara tras otra. La primera vez oí a los Ramones me parecieron como los Beach Boys con distorsión; de hecho, eran eso. Me gustaban muchos grupos new wave y punk. De los Ramones podría disgustarme que llevaran las chupas de cuero tres tallas más pequeñas, pero les quedaban de puta madre. Ni eso me parecía mal.

El primer disco que me compré en mi vida fue el segundo elepé de los Ramones ('Leave home'). Sin ellos, jamás habrían existido Los Nikis. Y si no hubieran existido Los Nikis, tampoco habrían existido Los Nikis de la Pradera, que es el mejor grupo del mundo.

Todos los punks que tocamos la batería aprendimos con los Ramones. A finales de los 80 monté la banda Poppins, y aprendí a tocar la batería con los Ramones. Boliche, mi pareja entonces y uno de los mejores baterías de hardcore, también aprendió con ellos antes. La época de los primeros punks en Barcelona estuvo muy marcada por las drogas, las ilegales y las que se conseguían en la farmacia con una receta o sin. Más alcohol. Eso era mortal y de hecho mucha gente de esa época murió muy joven. Para mí hay una diferencia clara entre la primera etapa del punk rock y cuando entró el hardcore, más político.

Los Ramones son sin duda el grupo que más nos influenció a Los Romeos a la par que Blondie. Hay un antes y un después de Ramones y su huella llega a nuestros días intacta y fuerte. Lo único que no me gustó de ellos cuando los descubrí con 15 años (gracias a un noviete heavy) fue que ¡me parecieron muy feos! Luego mi canon de belleza cambió y ¡me parecieron guapos todos!

Descubrí los Ramones en los 80 a la vez que todo el punk británico liderado por los Sex Pistols. Son la base de mucha música moderna que se creó a partir de entonces. Como adolescente, todo lo que escuchaba en ese momento, ya fuera Kortatu o Buzzcocks, estaba influenciado por los Ramones. De los Ramones no te puede disgustar nada. Una imagen que no deja ninguna duda y canciones cortas, simples, melódicas y energéticas que hacen explotar tu cabeza. Punk rock con corazón pop. Crearon un estilo. Por poner un ejemplo tonto, si le pusieras Green Day a alguien que no conociera el grupo, te diría: 'Me suenan a Ramones'.

Los Ramones fueron superimportantes para mí. Me los grabó por primera vez un compañero de clase que me gustaba mucho, en segundo de BUP, en una casete de mezcla de canciones de muchos grupos diferentes: al lado del tema 'I wanna be your boyfriend' puso una marca con un boli rojo y a raíz de eso nos hicimos novios. Más allá de la anécdota y de que me fliparan, los Ramones fueron una especie de puerta de entrada a un mundo absolutamente nuevo y supusieron un cambio enorme en mi vida a todos los niveles: la música que empecé a escuchar, los grupos que descubrí y, sobre todo, la gente que conocí, los bares a los que empecé a ir, la actitud general con la que comencé a ir por la vida y la manera de ver el mundo. Me encantaban las canciones, el ritmo, el frenesí y la energía, algunas letras, también la estética. Mi favorito de los cuatro era Joey y mis discos fetiche, 'Pleasant dreams' y 'Road to ruin'. Los vi dos veces en Zeleste, cuando hacía tercero de BUP y COU. Tocaban a toda leche y sisn parar entre canción y canción, eran espectaculares.

Puede parecer un tópico recurrente y exagerado pero para mi lo cambiaron todo, fueron como una revelación, esa imagen, ese sonido acelerado, crudo y minimalista y esas melodías pop; sin olvidar muchas de las letras, sobre todo de los primeros discos. Me obsesioné completamente con ellos y aún me dura. Obviamente, la idea de crear un grupo fue para imitar lo que hacían ellos y a día de hoy esa premisa sigue siendo innegociable. Solo tengo una espinita clavada, que duele y ya no podré sacar, y es que nunca vi en directo a los Ramones.

No los escuché hasta los 17 años o así, por prejuicios bobos. En mi pueblo había una familia apodada los Ramones (abuelo, padre, hijo y primos se llamaban Ramón). Me los imaginaba a ellos interpretando las canciones. Lo que me fastidiaba de la banda era el nombre, por esa chorrada. Me enamoré de los Ramones al escuchar el tema final de 'Pet sematary', alquilada en un videoclub. Luego, con la versión de 'Sheena is a punk rocker' en 'Algazara', el directo de Reincidentes. Me pillé 'Hey ho let's go! Anthology' y lo escuché hasta la saciedad, dibujándolos en muchos de mis fancines. Me gustaban las canciones cortas, las melodías y el sonido. El día de la muerte de Joey Ramone escuché 'Bonzo goes to Bitburg' como 200 veces. Al año siguiente (2002), vi a Marky Ramone & The Speedkings en el Iznarock, tocando repertorio de los Ramones. Fue la hostia.

De adolescentes nos parecían demasiado sencillos, sus discos sonaban demasiado mal, sus pintas eran demasiado ridículas y su nombre era extraño. Por suerte eso cambió con los años y lo aprendimos todo de los Ramones: la púa siempre para abajo, repetir dos estribillos seguidos, descubrir las 'girl bands' de los 60, aprender que las baladas de los Ramones son las mejores de la historia y comprender lo difícil que es hacer mil canciones perfectas siempre con los mismos acordes.

Aunque siempre fui más de la escuela británica de la ola del 77, el primer disco de los Ramones me aportó un nivel de frescura y de melodías que me voló la cabeza de manera instantánea. Me acompañó durante mucho tiempo en mis Walkman y sonaba con frecuencia en los bares de rock malagueños, donde empecé a bailar mis primeros pogos. Además, fueron una gran influencia para otras bandas que también marcaron mi adolescencia, como Screeching Weasel o Airbag.

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