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Entrevista

En México desaparece una persona cada 45 minutos: la cruda realidad que retrata Alma Delia Murillo en su novela

La escritora mexicana Alma Delia Murillo publica 'Raíz que no desaparece', novela que documenta el drama colectivo de los desaparecidos, más de 125.000 según las últimas estimaciones, y denuncia la inoperancia y corrupción del Estado en sus investigaciones

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La escritora Alma Delia Murillo, fotografiada en Barcelona antes de la entrevista

La escritora Alma Delia Murillo, fotografiada en Barcelona antes de la entrevista / Jordi Otix

David Morán

David Morán

Barcelona
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¿Cómo se sale de un libro así?

Pues reptando. Ha sido un revolcón. Tengo amigos periodistas que llevan años acompañando a los colectivos de buscadoras y todos acaban enfermando. Yo no sé por qué, quizá por no ser periodista, tenía la fantasía de que a mí no me iba a pasar. Pero, después de un año y medio de trabajo de campo, entrevistando a las madres y acudiendo a las búsquedas, me dio sarampión, luego una bacteria en el riñón, otra en la sangre, influenza… No se puede trabajar con una dimensión del dolor así sin que el cuerpo termine diciendo algo.

Alma Delia Murillo (Nezahualcóyotl, 1979) escribía una columna en el diario conservador 'Reforma' -"era como un molcajete en una casa de la Bauhaus", ironiza- cuando los colectivos de madres buscadoras le agarraron primero la mano y, acto seguido, el corazón. "En medio de tanto horror, es lo que ahora mismo le da dignidad a México", asegura la escritora mexicana, que desde la primera página de 'Raíz que no desaparece' (Alfaguara) se enreda en la tarea infernal de "documentar el delirio" de un país que suma ya más de 125.000 personas desaparecidas o no localizadas, según registros oficiales. Solo en 2023, subraya la autora, se contabilizaron 12.000 desapariciones. "No es ficción decir que en este país desaparece una persona cada 45 minutos", lamenta la escritora mexicana.

Se calculan 200.000 personas trabajando contra su voluntad para el crimen organizado en México"

Tampoco es ficción que, dos meses después de haber entregado el manuscrito definitivo de la novela, aparecieran restos óseos humanos y más de 1.300 prendas de ropa en un centro de reclutamiento y exterminio en Teuchitlán, en el estado de Jalisco. "Estamos tan habituados al conteo que para mí era muy importante sacar la cabeza de la estadística y contar una historia, solo una", explica.

Fue así como surgió Ada, una madre ficticia que recoge algo de todas las madres buscadoras con las que la autora de 'La cabeza de mi padre' convivió y a quien su hijo, desaparecido hace casi diez años, se le aparece en sueños para decirle dónde está enterrado. Una licencia aparentemente poética que, sin embargo, acaba convirtiéndose en evidencia casi científica. "Cuando les preguntaba si soñaban con sus hijos, me hablaban de intuiciones, premoniciones y cosas que veían: una fachada, el color de un muro, un portón, el nombre de una calle… Luego eso se lo cuentan a la Fiscalía y se burlan de ellas, pero el tiempo les da la razón, porque lo que soñaban acaba siendo una pista", asegura.

Tanto es así que Patio Lab, una institución de la Universidad Nacional Autónoma de México, está desarrollando un proyecto de arquitectura forense para modelar los sueños de estas exploradoras incansables. "Ellas geolocalizan las fosas, han creado bancos de datos genéticos y, además, están maternando a un país entero, porque cuando hacen visible el problema también protegen a los hijos de las otras, de quienes aún no tienen a nadie desaparecido. Están adoptando el papel del Estado", recalca la autora.

Cuestión de clase

En 'Raíz que no desaparece', Alma Delia Murillo no solo documenta el drama colectivo de los desaparecidos y la tragedia cotidiana de las madres que peinan bosques y descampados en busca de los suyos, sino que además amplía su alcance y dinamita una supuesta paz social asentada en la presunción de culpabilidad. "México es un país con diferencias de clase muy pronunciadas, y las clases más privilegiadas se acomodan muy bien a esa narrativa que dice que los desaparecidos se lo buscaron, que eran el narco mismo o que en algo andaban", explica. La realidad que empapela calles y glorietas de ciudades de México y atesta de fosas clandestinas "el 75% del territorio nacional", sin embargo, poco tiene que ver con eso.

Barcelona 17/03/2026 Cultura Alma Delia Murillo,escritora mexicana, en Barcelona. AUTOR: JORDI OTIX

Alma Delia Murillo, en Barcelona / Jordi Otix

"Se calculan 200.000 personas trabajan contra su voluntad para el crimen organizado en México. Personas secuestradas en las paradas de autobús y en los cambios de ciudad o reclutadas y esclavizadas mediante falsas ofertas de trabajo como conductor, cargador, vigilante o cocinera…", detalla. Así que, además de batallar con el crimen el organizado y las autoridades, las madres también ha de lidiar con una sociedad civil que las juzga o ignora. "Hay un tema de clase social en México bastante cabrón, largo, histórico y pesado, que es como si fueran dos países", insiste.

Recuerdo a alguna presidenta municipal que llamó a un colectivo de madres buscadoras y se fotografió regalándoles palas nuevas. Imagínate. Terrible"

La novela, planeada inicialmente como un juego de metáforas con los árboles que perecen y las flores amarillas que nacen en las fosas clandestinas, arranca con la muerte de una palmera centenaria y su reemplazo por un ahuehuete que acabará corriendo la misma suerte, pero de lo que habla en realidad es de la quiebra de un país carcomido por la violencia y la corrupción.

"Hace 50 años, los grupos del crimen organizado ligados al narcotráfico, que además se limitaban a producir y distribuir drogas, estaban en el norte: Ciudad Juárez, Sonora, Sinaloa… Había tres cárteles. En los 90, cinco. Hoy ya hay 18. Y están por todo el país, incluida la Ciudad de México. Ya hay fosas clandestinas en la capital y ya ha habido desapariciones y feminicidios que se acercan cada vez más a las clases más privilegiadas", ilustra.

Frente a eso, Alma Delia Murillo denuncia la inoperancia de unas autoridades "omisas y corruptas" que, asegura, si no investigan es porque son partícipes o beneficiarias del crimen. "Las fiscalías son el punto de mayor corrupción de México. Yo no he investigado un caso en el que no esté involucrada la corrupción de la Fiscalía o la inacción de alguna figura de seguridad nacional, como el Ejército, la Guardia Nacional o la policía local. Siempre hay alguien", lamenta.

No pierde la esperanza la escritora en Claudia Sheinbaum, presidenta de México desde octubre de 2024, pero tampoco olvida los reiterados intentos de "desaparecer a los desaparecidos" maquillando a la baja las cifras del registro nacional ni que, hasta no hace demasiado, la relación del Estado con las madres buscadoras podía resumirse en una sola palabra: necropolítica. "Recuerdo a alguna presidenta municipal que llamó a un colectivo de madres buscadoras y se fotografió regalándoles palas nuevas. Imagínate. Terrible", deplora.

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