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En directo

A Sabrina no se le escapó una teta en la Big Ben

La discoteca ofreció cientos de actuaciones de artistas de todos los estilos, de Los Amaya a Pet Shop Boys, así como sesiones de 'disc-jockeys' estrella como Tiësto

50 años de Big Ben, la macrodiscoteca insignia de la 'ruta invisible' de Lleida

Sabrina y Katrina & the Waves, en Big Ben, en 1987 y 1986

Sabrina y Katrina & the Waves, en Big Ben, en 1987 y 1986 / Cedidas por 'Segre'

Ramón Vendrell

Ramón Vendrell

Barcelona
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La discoteca Big Ben como complejo de ocio integral, o casi, tuvo un precedente cercano en Kipps (más tarde Waikiki), en la C-14 a su paso por Agramunt. Nació como gasolinera en 1957, añadió primero una cafetería, en 1965 sumó una pista de baile de verano por la que pasaron Los Sírex, Los Brincos, Los Salvajes o Los Diablos y una piscina, y en 1969 abrió la discoteca Kipps. Poco después se agregarían a la oferta un restaurante y hotel. Menos hotel, piscina y gasolinera, todo eso y mucho más, y a una escala colosal, tenía la Big Ben, en cuyos espacios musicales su formaron infinidad de parejas, no pocas de las cuales acabaron celebrando el banquete de boda y el del bautizo del niño en el restaurante del conjunto. El párking podía sustituir al hotel en ese ciclo romántico.

La Big Ben "quería a todo el mundo", indica Francesc Canosa, autor de 'La Catalunya discoteca' (Comanegra). "Por eso era interclasista, intergeneracional, interterritorial, internacional", añade. Diurna y nocturna. Las mañanas de los fines de semana organizaba talleres, juegos y conciertos para niños, y no se olvidaba de los jubilados, a los que ofrecía espectáculos y bailes con orquesta. Los diferentes ámbitos musicales no excluían a nadie; al contrario, podías ir cambiando de ambiente a medida que cumplías años. Las sesiones de los domingos por la tarde eran potentes, "un claro antecedente del tardeo", considera Canosa. Las páginas que el escritor dedica a los recuerdos musicales de asiduos tranzan la historia de la música popular moderna desde 1976, e incluso antes, hasta la fecha. Imposible hacer un resumen. "Es un poco como en la novela 'Alta fidelidad', de Nick Hornby: todos recuerdan canciones asociadas a momentos especiales", explica Canosa. También es imposible hacer un resumen de los cientos de actuaciones que acogió la Big Ben, pero las de Los Tres Sudamericanos, Los Amaya, Pino d'Angio, Radio Futura, Katrina & the Waves, El Último de la Fila, The Communards, Simply Red, Pet Shop Boys, La Oreja de Van Gogh, Vengaboys y DJ Tiësto forman un arco indicativo. Unos 60 conciertos anuales programaba la sala a partir de finales de los 70.

Presentación sideral

A Sabrina Salerno se le salió una teta en el especial de Fin de Año de TVE de 1987. No fue una imagen accidental: la actuación se había grabado días antes. La intérprete de 'Boys, boys, boys' había actuado en la Big el 24 de noviembre. 700 pesetas costaba la entrada. En esa ocasión no se le escapó nada a la cantante genovesa.

Canosa presentó 'La Catalunya discoteca' el domingo pasado en la renacida Big Ben. Asistieron casi 600 personas. Una cifra sideral para una presentación de un libro. "Es la señal más clara de lo mucho que significó para mucha gente -considera el autor-. Ten en cuenta que entre sábado y domingo iban 10.000 personas, y así mucho tiempo. En la presentación había representantes de los primeros 'boomers', de los últimos 'boomers', de la generación X, 'millenials'... La Big Ben estaba antes que la ruta del bakalao y que el Sónar, y lo que he intentado es explicar un trozo de la historia de una parte de Catalunya a través de esa discoteca y todo el ecosistema nocturno que creció a su alrededor. A través de la Big Ben se puede contar, por ejemplo, la historia de la automoción y de las drogas en Catalunya. Es un tema antropológico".

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