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Ciclo Empremtes

Xarim Aresté: “Tocar en un estadio o en un club son dos oficios distintos”

El músico de Flix, que ha tocado con artistas como Sopa de Cabra, Maika Makovski o Sanjosex, publica un nuevo álbum, ‘Punt de creu’, poético y filosófico, que presenta este viernes en La 2 de Apolo

Retrato del músico Xarim Aresté.

Retrato del músico Xarim Aresté. / Pau Gracià / EPC

Jordi Bianciotto

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Barcelona
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El nuevo álbum de Xarim Aresté, ‘Punt de creu’, además de haber aterrizado en las plataformas, ha salido en vinilo, en CD y en un formato que en los últimos tiempos vive una discreta resurrección, la casete. “Es un objeto que me fascina y ha quedado una monada”, celebra el músico de Flix, que en sus inicios musiqueros atesoró grandes cantidades de aquellas cajitas con cinta magnética. “Cuando tenía 16 años tenía una colección considerable, mucho punk, pero la cambié por un pedal de distorsión y me quedé sin ella”.

La posibilidad de mejorar sus herramientas para hacer su propia música pasó así por encima de la posesión de grabaciones que ya tenía muy interiorizadas. Creó sus primeras bandas, como Ratera y Mala Sang, y luego vino Very Pomelo, que mezclaba géneros (rock’n’roll, rumba, tex-mex) con gran desparpajo y sentido de la diversión. “Pero ahora me lo paso mejor. Antes necesitaba divertirme para cubrir la angustia de la juventud, la inseguridad, la necesidad de huida. Tenía muchos complejos. Ahora disfruto más de todo”, cuenta el cantante y guitarrista, que este viernes presenta el nuevo disco en La 2 de Apolo, dentro del ciclo Empremtes.

En otros tiempos, cuando tocaba con Sopa de Cabra o Maika Makovski, habríamos dicho que Aresté apuntaba maneras para convertirse en el ‘guitar-hero’ del rock catalán (“era mi sueño”, reconoce), pero en ‘Punt de creu’ sigue apartándose de todo lucimiento solista y profundiza más si cabe en el diálogo íntimo con su grupo al servicio de la música en un sentido profundo. La guitarra está aquí en el centro, pero es acústica y rítmica. “El productor, Josep Munar, me dijo que yo soy más líquido que sólido, y creo que es verdad. No soy un músico académico. Hay una parte de mí que se desparrama”, cavila. Confía en el punto de anclaje que le procura su banda, “musicazos” como el propio Munar, la saxofonista Eva Fernández, el trompetista Pep Garau o el nuevo fichaje, Meritxell Neddermann a los teclados.

Unir puntos antagónicos

La portada de ‘Punt de creu’ muestra un cuadro que estaba colgado en casa de su abuela cuando era pequeño y desliza un mensaje sobre el valor de ciertas cosas que pasan inadvertidas. “Ha estado toda la vida ahí, en la pared, pero nadie lo veía. La sabiduría consiste en entender el valor de lo que ya tienes”, aventura. El título contiene otro mensaje y apunta a la idea de “unir dos puntos contrarios para hacer uno nuevo”, un mensaje que considera valioso, “ahora que estamos en mundo tan polarizado”. Aresté estima que “las cosas solo se construyen uniendo contrarios y superando la antítesis”.

Hay mucha música en ‘Punt de creu’, y también filosofía. El caos y la muerte están presentes, pero él cree que “hablar de la muerte y de la vida es lo mismo, porque la muerte es vida en realidad, el principio de algo”. En el disco trata de “poner luz en lugares que nuestra cultura ha teñido de negro”. Los textos son troncales. “Yo comencé con la poesía”, revela. “Luego me fui a la música, porque era una forma de amplificar la poesía. Pero creo que la poesía es el arte primordial, lo que hace que el arte sea arte”. No están al margen de ello los músicos implicados en el álbum, añade. “Nos dimos cuenta de que las canciones funcionaban cuando estábamos más pendientes de la poesía que de cuestiones musicales y técnicas”.

La huella 'dylaniana'

El modo expresivo tiende esta vez al ‘tempo’ recogido y envolvente, tal vez como contraste con “el ruido” que advierte cuando levanta la mirada y observa el mundo. ‘Punt de creu’ fluye como una obra visiblemente hecha por seres humanos, cuya resonancia, opina Aresté, trasciende la racionalidad. “La música es la medicina más antigua de los humanos. Veo mucho poder en una canción, y siento que estamos un poco desvinculados de lo sobrenatural, de lo que va más allá de la naturaleza”, medita. En el disco se percibe la estela ‘dylaniana’. ¿De ciertos discos setenteros? “Diría que sí. Yo entré en Dylan con ‘Desire’ (1976) y a partir de ahí fui viajando hacia atrás. Su influjo no me lo sacaré nunca de encima, supongo”.

Xarim Aresté se dispone a presentar ‘Punt de creu’ en formato de cuarteto (con Enric Fuster a la batería, Litus Guilera al bajo y un nuevo guitarrista, Marçal Castellví, procedente de la banda de Nil Moliner) y orientándose al circuito de salas y auditorios. Lejos del actual fenómeno del pop de estadios, aunque él sabe lo que es tocar en grandes recintos, con Sopa de Cabra. “En el Palau Sant Jordi me impresionó que el público hacía más ruido que nosotros. En el Camp Nou, cuando tocamos en el ‘Concert per la llibertat’ (2013), fue otra cosa: la gente estaba tan lejos que no se oía ni un ruido y parecían imaginaciones mías que hubiera un público. En una sala pequeña casi sientes la respiración de la gente, y en un estadio les hablas a todos, pero no le hablas a nadie. No quiero desmerecer a nadie, solo que son dos oficios distintos”, reflexiona el músico. Su ambición es muy precisa: “Mi reto es hacer música que se sostenga por sí misma, no por las luces ni por el traje que lleve”.

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