Arte
CaixaForum Barcelona se convierte en la casa de Henri Matisse hasta el 16 de agosto
Una exposición comisariada por el Centro Pompidou reúne medio centenar de obras del pintor francés y las pone a dialogar con otras tantas piezas de artistas fundamentales del siglo XX

Exposición 'Chez Matisse. El llegat d'una nova pintura' en CaixaForum / JORDI OTIX

Henri Matisse tenía 22 años cuando, después de abandonar los estudios de leyes que había emprendido para complacer a su padre, ingresó en 1892 en la Escuela de Bellas Artes de París y empezó a recibir clases del pintor Gustave Moureau. El precursor del movimiento simbolista no tardó en advertir en su pupilo un raro don para liberar el color de los códigos que le imponía el canon artístico. "Usted conseguirá simplificar el mundo de la pintura", vaticinó entonces Moureau. Prodigiosa clarividencia la suya. En el momento de su muerte en Niza en 1954, después de una carrera de continua exploración llena de hallazgos y replanteamientos, Matisse ya tenía la consideración de figura capital del arte del siglo XX y de maestro de la simplicidad. Hoy, siete décadas después, su obra "sigue siendo contemporánea, actual, vigente y participa de la vida cotidiana de las personas".
Estas últimas palabras entrecomilladas pertenecen a Aurélie Verdier, conservadora jefa de las colecciones modernas del Museo Nacional de Arte Moderno Centro Pompidou y comisaria de la exposición 'Chez Matisse. El legado de una nueva pintura', que desde este viernes y hasta el 16 de agosto podrá visitarse en CaixaForum Barcelona. La muestra, fruto de un acuerdo de colaboración entre la Fundació la Caixa y el Centro Pompidou (cerrado por reformas hasta 2030), reúne 45 obras de Matisse y 49 de otros artistas con las que se establece un juego de referencias cruzadas que atraviesa un siglo de creación y vanguardia.
Presencia femenina
André Derain, Georges Braque, Robert Delaunay, Emil Nolde, Pablo Picasso, Pierre Bonnard, Le Corbusier, Barnett Newman y Daniel Buren son algunos de los invitados a esa 'Casa de Matisse' a la que alude el título de la exposición. Un epígrafe que, según explica Aurélie Verdier, pretende poner el foco no tanto en la idea convencional de influencia unidireccional como en la de "hospitalidad o acogida", porque la de Matisse, apunta, es una obra "de puertas abiertas". Desafiando a la histórica infrarrepresentación de las mujeres en las colecciones de los grandes museos, la muestra convoca también una importante presencia femenina a través de obras de Sonia Delaunay, Françoise Gilot, Natalia Goncharova, Baya, Anna-Eva Bergman y Zoulikha Bouabdellah.

Aurélie Verdier, en la exposición de Matisse en CaixaForum Barcelona. / Jordi Otix
Nacido el último día de 1869 en una familia de tejedores de Le Cateau-Cambrésis, en el norte de Francia, Henri Matisse desarrolló desde niño una gran fascinación por los colores de los tejidos que se fabricaban en los talleres de la región. Esa obsesión por el color se hace ya plenamente manifiesta en sus primeras obras importantes, como 'Lujo, calma y voluptuosidad' (1904), donde, bajo la influencia de Paul Signac, abraza el divisionismo, un método basado en la separación de la paleta de colores. Pero "el verdadero momento detonante", subraya Verdier, llega un año después, en el verano de 1905, en Cotlliure, donde Matisse y Derain pintan unas obras caracterizadas por un empleo provocativo del color, "pura exaltación cromática", que darán carta de naturaleza al movimiento fauvista.

'Cabeza blanca y rosa', de 1914, en la exposición 'Chez Matisse'. / Jordi Otix
A partir de esos comienzos, la exposición 'Chez Matisse' sigue un recorrido cronológico que pasa por el descubrimiento del arte no occidental y el primitivismo (aquí destaca el poderoso esquematismo del óleo 'El Lujo 1'), el refugio en una cierta oscuridad durante los años de la Primera Guerra Mundial ('Interior con pecera', una de las obras preferidas de Verdier), la pasajera influencia del cubismo ('Puerta-ventana en Cotlliure'), las escenas de interior con modelos femeninos de su etapa en Niza, el bloqueo creativo y las dudas que lo asaltan a mediados de los años 30 y la última etapa de su vida, en la que, postrado en una silla a causa de una enfermedad, dota al color de una autonomía propia en una serie de 'collages' "pintados con tijeras". La muestra se cierra con una reflexión sobre el papel de la obra de Matisse como inspiración de la nueva modernidad, el arte pop y las formas poscoloniales en la pintura, el cine y el videoarte.
Además de un espacio de mediación que recrea los talleres de los artistas y donde los visitantes pueden experimentar con el color, la forma y la composición, el programa paralelo de 'Chez Matisse' incluye un ciclo de conferencias, visitas comentadas y actividades para el público familiar.
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