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Tesoro popular

Eliades Ochoa recrea la música cubana legendaria que ‘Buena Vista Social Club’ sacó "del cajón del olvido"

El músico reaparece con la gira ‘¡Como nunca!’, en la que revive los hitos del son cubano, rescatados por el álbum que Ry Cooder produjo en 1997, y que recala este domingo en la sala Paral·lel 62

El cubano Elíades Ochoa, una de las estrellas de Buena Vista Social Club, con su inseparable sombrero, el pasado 18 de marzo en Barcelona.

El cubano Elíades Ochoa, una de las estrellas de Buena Vista Social Club, con su inseparable sombrero, el pasado 18 de marzo en Barcelona. / JORDI COTRINA

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Eliades Ochoa llevaba cultivando la música cubana toda la vida, desde muy niño, cuando ‘Buena Vista Social Club’ (1997) lo proyectó, a él y a todo el elenco de músicos que participaron en el álbum, hacia la órbita de las estrellas pop. “Recuperamos canciones que estaban en el cajón del olvido, que nadie sabía dónde estaban, y para todos los que tomamos parte en el disco, comenzó entonces una nueva vida”, explica el cantante y guitarrista, que actúa este domingo en la sala Paral·lel 62, dentro de una gira eufóricamente titulada ‘¡Como nunca!’.

Desde hace años circulan por el mundo diversas formaciones de músicos que lucen el reclamo de ‘Buena Vista Social Club’ y “que en realidad no tocaron en el álbum”, observa Ochoa. Pero él, que sí estuvo ahí (en cinco canciones), no recurre a la marca y se basta y sobra con su propio nombre. Maneja un repertorio de leyenda, con temas como ‘El cuarto de Tula’, ‘El carretero’ o el ya universalizado ‘Chan chan’, cuya primera versión discográfica es la que grabó él con su autor, Francisco Repilado (Compay Segundo), en 1986, y que ambos recrearon luego en ‘Buena Vista Social Club’. Piezas que durante un largo tiempo habían quedado olvidadas en Cuba.

Músico itinerante

Pero la historia de Eliades Ochoa se remonta a mucho más atrás. Originario del oriente cubano (Songo-La Maya, 1946), creció “entre las montañas”, en una familia campesina cuyos padres tocaban el tres. El título de su último álbum, ‘Guajiro’ (2023), resalta ese origen rural. “Soy guajiro y es del campo de donde salen las tonadas y llegan a la ciudad”, explica. A los nueve años ya cantaba en la calle. “Me convertí en músico itinerante, tocando sones y guarachas en las esquinas, en fiestas de cumpleaños... Esa figura se conserva todavía en Santiago”.

El cubano Elíades Ochoa, una de las estrellas de Buena Vista Social Club, con su inseparable sombrero, el pasado 18 de marzo en Barcelona.

El cubano Elíades Ochoa, una de las estrellas de Buena Vista Social Club, con su inseparable sombrero, el pasado 18 de marzo en Barcelona. / JORDI COTRINA

Sus referentes eran pioneros como Miguel Matamoros y Ñico Saquito, “los maestros de la trova auténtica del oriente cubano”. Legado en el que profundizó cuando, en 1978, pasó a “coger la batuta” de una formación honorable, el Cuarteto Patria, fundada por Pancho Cobas en 1939. “La puse a mi manera, cambiando por ejemplo las maracas por los bongos”, cuenta, “y al año siguiente nos declararon el mejor grupo de música tradicional cubana de pequeño formato”.

Pero fue ‘Buena Vista Social Club’ lo que lo cambió todo. Un disco de elaboración decidida en el último momento, puesto que el propósito de Nick Gold (del sello World Circuit) y Ry Cooder, como productor, era grabar un álbum de encuentro de músicos cubanos y malienses (como Toumani Diabaté y Bassekou Kouyate), misión que resultó imposible por problemas de visados. “Pero tenían reservado un estudio en La Habana y decidieron cambiar de planes”, recuerda Ochoa. Años después, en 2010, se acabó haciendo realidad ‘Afrocubism’, con él implicándose en la parte cubana.

Una canción con C. Tangana

Nos fueron dejando Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Orlando ‘Cachaíto’ López, y Omara Portuondo ya dejó los escenarios. Queda Eliades Ochoa para revivir ese cancionero dorado a partir de su hilo directo con la historia. ‘Buena Vista Social Club’ ha inspirado un ‘grammyzado’ musical en Broadway, con un músico originario de Santiago de Cuba, Renesito Avich, poniéndose en su piel. “No lo he visto, me dicen que es muy bueno”.

Es un entusiasta de las colaboraciones, que en ‘Guajiro’ contó con Rubén Blades, Joan As Police Woman y Charlie Musselwhite, y que compartió un tema con C. Tangana, ‘Muriendo de envidia’, en el álbum ‘El madrileño’ (2021). “Él ya tenía la letra, pero creamos el tema juntos en el mismo estudio donde se grabó ‘Buena Vista’”, hace saber. “Es una persona muy inteligente, con conocimiento de la música cubana. Si no, no habría sido tan fácil trabajar juntos. A veces hay gente que quiere colaborar contigo y que ves que no sabes por dónde va a entrar ni por dónde va a salir, y yo, lo siento, pero no quiero hacer esa colaboración”.

Actualmente está asentado en Madrid con su esposa, Grisel Sande Figueredo, que en 2009 publicó el libro ‘Eliades Ochoa, de la trova para el mundo’ (y planea su continuación). Ambos siguen muy de cerca la actualidad relativa a Cuba. Ella toma la palabra. “Ahora allí no hay nada: faltan medicinas, alimentos, agua potable, hay cortes de 20 y 30 horas de electricidad... No sabemos cómo va a terminar esto”. ¿Vislumbran un cambio? “Yo eso se lo dejo a los gobiernos, que lo arreglen ello”, interviene Ochoa. “A mí me da mucha pena, pero no está en mis manos arreglar aquello. Lo mío es tocar la guitarra y cantar”.

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