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A la última

Harry Styles o cómo la nueva masculinidad también lleva bailarinas

Entre el concierto en Netflix 'One Night in Manchester', su beso viral en 'Saturday Night Live' y su armario fluido y sin género, el cantante británico consolida una estética donde la moda ya no pide permiso (y los hombres tampoco)

Harry Styles baila en la oscuridad en su nuevo y muy electrónico álbum, ‘Kiss all the time. Disco, occasionally’

Harry Styles besa al cómico Ben Marshall, en el programa 'Saturday Night Live'.

Harry Styles besa al cómico Ben Marshall, en el programa 'Saturday Night Live'. / SNL

Laura Estirado

Laura Estirado

Barcelona
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Hay hombres que llenan estadios y hay hombres que cambian armarios. Perdonen la rima. Y luego está Harry Styles, que hace ambas cosas mientras esquiva, con elegancia británica, la pregunta de qué significa hoy ser hombre.

Su última secuencia mediática ha sido milimétrica. A principios de marzo estrenó en Netflix 'Harry Styles. One Night in Manchester', grabado el 6 de marzo en el Co-op Live Arena. No es un concierto cualquiera: la plataforma lo presenta como la primera interpretación completa de su nuevo álbum, 'Kiss All the Time. Disco, Occasionally.', y como su primer directo lanzado en 'streaming'. La estructura es clara: primero el disco íntegro; después, los himnos -'Golden', 'Watermelon Sugar', 'As It Was', 'Sign of the Times'-. La crítica habló de sintetizadores, banda ampliada y hasta coro góspel, mientras 'Rolling Stone UK' lo resumía como una fiesta de baile de 90 minutos.

En ese contexto, la estética no es secundaria. Trajes de corte relajado, colores suaves, tejidos con caída. Nada especialmente estridente, pero sí lo suficientemente distinto como para desplazar el foco. La masculinidad aquí no se impone, se interpreta.

'One Night in Manchester', el concierto de Harry Styles, en Netflix.

'One Night in Manchester', el concierto de Harry Styles, en Netflix. / NETFLIX

El beso 'queerbaiting'

Luego llegó 'Saturday Night Live' (14 de marzo), con Styles como anfitrión e invitado musical. En el monólogo, abordó las acusaciones de 'queerbaiting' -término en inglés que se refiere a una estrategia en la que una persona insinúa pertenecer al colectivo LGTBIQ+ sin llegar a confirmarlo o se apropia de él para atraer al público de este colectivo- y convirtió la polémica en gag: besó al cómico Ben Marshall y remató con un irónico "Now that’s queerbaiting" ("esto sí que es 'queerbaiting'"). El momento se volvió viral, pero la moda hizo lo suyo. Entró con traje gris de raya diplomática, corbata azul cobalto y bailarinas negras, y cambió de 'look' durante el programa como si el plató fuese una pasarela. También lució una chaqueta estampada de leopardo de Chanel Métiers d’Art 2026 (la que Matthieu Blazy presentó en una estación del metro de Nueva York).

Porque si hay un lenguaje en el que Styles es especialmente elocuente es la moda. Y aquí ya no hablamos de intuición, sino de nombres propios. En su armario reciente aparecen no solo Chanel, sino también The Row, Miu Miu, Prada, Dior o su propia marca, Pleasing, casi siempre bajo la dirección de su estilista de confianza, Harry Lambert.

El fin de semana de 'SNL' fue casi un editorial en movimiento: bolso Chanel 25 flap de leopardo de la colección Métiers d’Art, chaquetas de tweed de la Maison, gafas de Jacques Marie Mage y reloj Cartier Tank. En clave más contenida, loafers (mocasines) de The Row; en la deriva más interesante, bailarinas asociadas al universo Miu Miu/Prada, ese territorio donde el calzado masculino empieza a dejar de ser previsible.

Naturalidad calculada

Y luego está el gesto que lo cambia todo: cómo lo lleva. Porque no hay teatralidad excesiva ni voluntad de escándalo. No hay provocación explícita, sino una naturalidad calculada que desactiva el conflicto antes de que aparezca. Chanel con vaqueros, bailarinas con traje, lujo con ironía. Todo parece casual, aunque no lo sea.

Harry Styles, chico Dior en los Grammy 2026: de la chaqueta cropped a las bailarinas.

Harry Styles, chico Dior en los Grammy 2026: de la chaqueta cropped a las bailarinas. / EUROPA PRESS

No es un gesto nuevo. Antes estuvieron David Bowie, con su estética glam y ambigua en los 70; Prince, sofisticando el género en los 80; o Mick Jagger, apropiándose de códigos femeninos sin perder magnetismo. Más recientemente, Jaden Smith, Timothée Chalamet, Jacob Elordi y Bad Bunny han ampliado ese terreno desde la moda y la cultura pop.

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