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Trovador

Joan Ramon Bonet, el 11º de Els Setze Jutges, en una emotiva ofrenda coronada por Serrat

El retirado cantautor, pionero de la ‘nova cançó’ y hermano mayor de Maria del Mar Bonet, recibió un cálido y elaborado homenaje en Inca (Mallorca) en un concierto que reunió a colegas del gremio musical y a figuras institucionales, programado por el festival Barnasants

Foto homenaje a Joan Ramon Bonet en Inca (Mallorca), con Serrat y Maria del Mar Bonet

Foto homenaje a Joan Ramon Bonet en Inca (Mallorca), con Serrat y Maria del Mar Bonet / Juan Miguel Morales

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Inca
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En los albores de la ‘nova cançó’, Joan Ramon Bonet fue el 11º de Els Setze Jutges, el faro que indicó un camino a su hermana pequeña Maria del Mar y el incipiente amigo del alma de Serrat. Los tres compartieron en 1967 una tierna gira de recitales en Mallorca y volvieron a citarse este sábado, acompañados de un amplio elenco de amigos e ilustres, en el Teatre Principal de Inca, en el homenaje ‘60 Anys de l’amor perdut’, alusión a una de las primeras y más inocentes canciones de este cantautor que un día colgó la guitarra para vivir otras vidas, primero como marino y luego como fotógrafo.

Joan Ramon Bonet (Palma, 1944) siguió desde la primera fila este “homenaje muy sentido” del festival Barnasants, como apuntó Francina Armengol, presidenta del Congreso (“yo crecí escuchando la ‘nova cançó’”), tal vez algo abrumado, dada su modestia natural. Era una ofrenda “que él nunca habría querido”, dijo el ideólogo del concierto, Yanni Munujos, pero hubo muchos motivos para que la disfrutara, empezando por la refinada introducción al piano del maestro Antoni Parera Fons.

Su obra fue breve, doce piezas publicadas en tres epés (y reunidas en 2019 en una antología), que conservan un ángel y una pureza atemporales, resaltada por una álgida Miquela Lladó, de Música Nostra, en ‘Venedors de records’, y por Meritxell Gené en un ‘No m’enterreu’ con carácter. Trío instrumental exquisito, el de Benjamí Salom, Carmela Font y Toni Pastor, y un temperamental ‘Dins els teus ulls’ por Miquel Gil, con la guitarra casi punk de Borja Penalba, con palmas, toque de caja y furia ‘in crescendo’.

Fue Penalba quien se atrevió con ‘L’amor perdut’ y su anhelo virginal, imprimiéndole gravedad vocal. Asistió luego el recitado de ‘No serem moguts’ por Tilda Espluga, en un trío completado por las palabras del fundador de Barnasants, Pere Camps. Hubo más parlamentos amigos, de la ibicenca Fanny Tur, ex-‘consellera’ de Cultura balear, y del editor discográfico Miquel Àngel Sancho.

Los más íntimos de Maria del Mar Bonet la llaman ‘Mimar’, un apelativo cariñoso que se inventó Joan Ramon cuando ambos eran pequeños, explicó ella tras revivir ‘Sa gavina’, con Penalba y el violín de Salom, y antes de recrear su ‘Sempre hi ha vent’. Fue también a través de él que conoció a Serrat. La amistad a tres bandas permanece, hizo notar este cuando, mirando a la primera fila, recordó cuando en 1965 cantaron juntos en Esplugues y, sumando su guitarra a la de Penalba, enlazó ‘Me’n vaig a peu’ con la ‘Nova cançó de s’amor perdut’.

Demasiado para el homenajeado, que acabó subiendo al escenario, donde recibió un ramo de flores y recitó los versos extraviados de una vieja canción que no llegó a ser. Y una proclama final: “¡No a la guerra! ¡A cap guerra!”.

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