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Falso 'reality'

La increíble serie cómica con un pobre inocente engañado para participar en una elaborada ficción

'Jury duty', sorpresa de 2023 premiada con un Peabody, regresa a Prime Video con una temporada desarrollada en el retiro anual de una ficticia empresa de salsa picante

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Anthony Norman, en medio en la segunda fila, es el encantador protagonista de la nueva entrega de 'Jury duty'

Anthony Norman, en medio en la segunda fila, es el encantador protagonista de la nueva entrega de 'Jury duty' / Prime Video

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

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Hace algunos años, Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky se las ingeniaron para hacer una versión aún más cómicamente incómoda de 'The office', en cuyo 'remake' estadounidense fueron guionistas, productores y directores. El método elegido: colocar en el centro de la ficción a alguien absolutamente real. Especie de versión especialmente elaborada de los 'sketches' de cámara oculta de toda la vida, pero con las cámaras bien a la vista, 'Jury duty' ('El jurado') nos mostraba el via crucis de Ronald Gladden, un joven instalador de paneles solares que creía estar participando en un juicio por jurado filmado por cámaras documentales y no en una de las comedias más de culto de los últimos tiempos. Convertida en pequeño fenómeno gracias al boca-oreja, su primera temporada acabó nominada a los Emmy y Globos de Oro como mejor comedia y ganó un premio Peabody en la categoría de entretenimiento por "demostrar que la telerrealidad puede, sorprendentemente, sacar lo mejor de nosotros". 

Todos los implicados en aquel juicio, desde los compañeros de Ronald en la tribuna hasta el juez, eran actores. Nuestro afable héroe alucinaba con los intentos de la autodenominada 'anarquista' Jeannie Abruzzo (Edy Modica) de seducir a Noah Price (Mekki Leeper), conductor de viajes compartidos que intentaba escaquearse de su labor como jurado diciendo que era racista, aunque en realidad no lo fuera, como hacía Peter Griffin en 'Padre de familia'. Al inocente protagonista ni siquiera le sorprendía que por allí estuviera el actor James Marsden, que se reía de sí mismo y de su relativa fama con enorme deportividad. "¿'Ally McBeal', temporada 5? ¿Glenn Foy, el nuevo empleado?", decía para llamar la atención del juez y hacerle creer que su fama complicaría los procesos.

El riesgo de repetirlo

La idea de una segunda temporada fue recibida por los fans con una mezcla de emoción y escepticismo: ¿cómo se iba a encontrar alguien que volviera a creérselo todo? ¿Y cómo sorprender de nuevo al espectador? Todo parecía complicado, pero las misiones se han cumplido con éxito. El equipo localizó (nuevamente, con un anuncio en Craigslist) a Anthony Norman, tipo encantador que no tenía problema en ser filmado si eso significaba tener un trabajo, el de ayudante temporal en una empresa familiar de salsa picante, Rockin’ Grandma. Parte del trabajo se haría en la oficina y parte en el retiro de empresa en un rancho. Las cámaras están ahí en todo momento para inmortalizar un momento de transición en la compañía: Doug (Jerry Hauck), el fundador y presidente, está a punto de jubilarse y va a pasar el relevo a Dougie Jr. (Alex Bonifer), el hijo que dejó la escuela de negocios para tocar en una banda ska en Jamaica. 

Por supuesto, las situaciones más incómodas no dejan de sucederse una tras otra. Tras la primera, Norman debe convertirse en animador principal del retiro, a lo que después debe sumar la responsabilidad de salvar la compañía. El productor ejecutivo David Bernad ('The White Lotus') ha definido 'Retiro de empresa' en 'The Guardian' como una historia del subgénero David contra Goliat, "un héroe modesto contra el mundo de los grandes negocios"

Todavía más grande

En el reparto brillan, además de los talentosos (pero poco reconocibles) nombres citados, una gran promesa llamada Rachel Kaly (que acaba de rodar el piloto de 'Worried' con la cineasta Nicole Holofcener) y cómicos surgidos de canteras de improvisación de prestigio como The Groundlings (Emily Pendergast, el citado Bonifer) y Second City (Blair Beeken). También destaca cierto cameo de 'celebrity', un giro introducido de forma inteligente para evitar el desmoronamiento de la torre Jenga.

Los actores lo tuvieron aún más difícil, si cabe, que los de la anterior temporada: los empleados de Rockin’ Grandma llevan juntos, se supone, desde hace más de una década, y cualquier desliz en las referencias a la experiencia mutua o las bromas privadas podría hacer descarrilar todo el proyecto. 'Retiro de empresa' es más compleja y sofisticada a todos los niveles: una historia cien por cien original –sin el mapa de los mecanismos judiciales–, un espacio más amplio, casi medio centenar de cámaras en funcionamiento… Que les haya salido bien, o mejor dicho, realmente bien es un milagro

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