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Première de la gira

Bad Gyal en bucle, con lujo y monotema, en el estreno del 'Más cara tour' en el Palau Sant Jordi

La cantante de Vilassar de Mar destapó su producción más ambiciosa en un concierto en el que condensó 36 canciones sin pausas, arropada por una docena de bailarines

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Alba Farelo, Bad Gyal, ejerciendo de chica mala desde 2016. Ya tiene 29 y sigue cantando a universos líricos tales como quién manda en la cama, el tamaño del “arma” y la rotación de ligues que registra su alcoba. ¿Es imaginable una Bad Gyal que madure? ¿De qué modo? ¿Cómo se sale de esta? Bueno, por ahora no parece que le haga falta darle muchas vueltas: tres noches en el Palau Sant Jordi han saludado la première internacional de su segundo álbum, ‘Más cara’, que, como el título sugiere, la presenta en una versión pretendidamente más lujosa, más ambiciosa y más diva.

Bad Gyal ofrece disfrute y conexión a su ‘fandom’, muy joven y muy femenino, que se deleita con su proyección de tipa dura y determinada, capaz de resignificar el vocabulario más despectivo (“zorra”) y de hacer del movimiento de nalgas una afirmación feminista (premiado cada vez con una ovación). Así fue, este viernes, de nuevo, con un plus de empaque visual: una estructura que ocupaba todo el escenario y subía y bajaba descubriendo un espacio tocado por una lámpara dorada y con largos sofás para ella y sus bailarines, que fueron doce. Artefacto algo extraño que, cuando reposaba sobre las tablas, ocultaba parte de su interior y había que seguirlo en las pantallas.

En lo musical, apuesta fuerte por el nuevo material (16 de las 36 canciones de la noche, comprimidas en una hora y 45 minutos), que trajo discretas novedades: destacables fueron la cadencia r’n’b del tema de apertura, conocido como ‘Un coro y ya :)’, y el vigoroso cruce de house y merengue de ‘Noticia de ayer’. En este ‘Más cara’, Bad Gyal da más de lo mismo, potenciando el refinamiento en la producción, y con cartas tan canónicas en su imaginario como la suavemente reguetonera ‘Da me’. Sus metáforas no evolucionan mucho: “Me puso a cantar, el micro agarrar”, cantó con su voz de tenues destellos graves, arropada por una coreografía de ‘peep show’. A ver, no es que siempre esté ‘pensando en lo único’, es que los recursos literarios son los que son.

El repertorio, sin apenas pausas, trazó un recorrido bien diseñado, a través de secuencias muy latinas (la rescatada ‘Qué rico’) y encuentros con el rap (‘Perro’), acogiendo a 8bilal, del colectivo Disobey, en un contundente ‘Tic tac’ (repitió en ‘Orilla’) y marcándose reguetones románticos en ‘Última noche’ y ‘La iniciativa’. Segundo bloque con la cuña casi baladística de ‘De to’. Los números de etapas pasadas resultaron muy filtrados en el ‘setlist’, para disgusto de fans veteranos (una minoría, hay que decir), pero hubo aullidos de placer con ‘Comernos’, ‘Otra vez más’ (celebrando ser el “pussy k mana”) y ‘Chulo pt 2’.

Fue la Bad Gyal de siempre, la vedete de El Molino transportada a la estética urbana, solo que algo menos oscura, con menos calle y ‘underground’, y más pasarela y brillos que en el pasado, rematando con los hitos pretéritos para la algarabía general: ‘Perdió este culo’, ‘Lo que no se mueva’ y una ‘Fiebre’ final que defendió sola en escena, sin mayor atrezo que su divina figura.

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