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El Picasso del románico

Tras las ruinas de Sant Pere de Rodes: el MNAC se sumerge en el mito del Maestro Cabestany

El MNAC expone más de cien piezas sobre el monasterio de Sant Pere de Rodes, incluyendo un relieve y fragmentos de la portalada destruida, con la intención de reconstruir la historia del lugar

Vista aérea del Monasterio de Sant Pere de Rodes.

Vista aérea del Monasterio de Sant Pere de Rodes. / EPC

Dúnia Drudis Picazos

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Con la idea de ampliar su visión sobre el románico, el Museu Nacional d’Art de Catalunya inició hace meses una investigación sobre las obras del Mestre de Cabestany, uno de los mayores mitos del románico catalán, un escultor tan talentoso como enigmático. El descubrimiento de nuevas piezas e informaciones ha desembocado en una exposición sobre el monasterio de Sant Pere de Rodes, situado en el Port de la Selva, que podrá verse hasta el 19 de junio.

El MNAC inaugura este viernes ‘Sant Pere de Rodes i el Mestre Cabestany’, una muestra con más de cien piezas que explora los detalles del monasterio. La exposición pone especial énfasis en la portalada, que quedó destruida durante el primer tercio del siglo XIX. En este contexto, se muestran por primera vez un relieve, dos cabezas masculinas, un fragmento de vestimenta y la cartela del INRI de la crucifixión de piedra.

“No se habla solo del maestro, también se retrata el vacío, una cosa que ya no existe”, detalla Manuel Castiñeiras, comisario de la exposición. La portalada desapareció cuando el monasterio quedó abandonado y ahora se hace una reconstrucción hipotética de la que fue una gran innovación en su época. En su construcción original, se usó mármol del Peloponeso, lo que supuso una gran innovación, ya que no hay ninguna otra en Cataluña. 

Castiñeiras describe al Mestre de Cabestany como “el más moderno de los antiguos”. Por ello, recibe también el sobrenombre del ‘Picasso del siglo XII’. Sin embargo, se desconoce quién hay detrás de esta figura, ya que no hay información que asocie su obra con un personaje concreto. De hecho, durante décadas, se ha intentado buscar obras suyas por toda Europa. El Mestre de Cabestany tenía un carácter “retrospectivo”, sobre todo como consecuencia de su formación, mediante la “observación de sarcófagos antiguos”, tal como detalla Castiñeiras. Esto llevó al escultor a fusionar el arte románico con el romano a lo largo de la obra.

La reconstrucción de la historia

La muestra hace un recorrido a lo largo del tiempo, empezando por el momento en el que el monasterio quedó abandonado y como, a partir de aquí, la portalada se destruyó. Décadas después intelectuales como Doménech i Montaner o Puig i Cadafalch observaron el templo con añoranza, hecho que se refleja también en la exhibición.

Posteriormente, se pone el foco la ‘Edad de Oro’ del monasterio, la parte central de la exposición. Es en esta parte donde se observa la estética retrospectiva de la obra del escultor, que se consolida como un diálogo entre el románico y el arte romano. 

Además, para la creación de la exposición se ha trabajado en conjunto con el proyecto ‘Els Ulls de la Historia’ liderado por la Agencia Catalana del Patrimoni Cultural. De esta manera, se ha integrado el uso de la tecnología para crear un espacio inmersivo de realidad virtual para que el espectador pueda visualizar cómo era el monasterio antes de que quedara abandonado, así como observar una reconstrucción de la portalada de mármol.

La exposición se divide en tres ámbitos: la primera aborda la destrucción y dispersión de la portada en el siglo XIX y el posterior nacimiento de la conciencia patrimonial; la segunda, la época de esplendor del monasterio medieval a través de su vínculos con Roma, y la tercera plantea una reflexión sobre la inspiración antigua del escultor y el carácter retrospectivo de su arte y su técnica.

De la portada perdida se exponen por primera vez un relieve, tres cabezas masculinas, la cartela del 'Titulus Crucis' de la antigua crucifixión pétrea, un nuevo fragmento del marco de la puerta, así como dos documentos sobre el desmontaje de la abadía y de la fachada escultórica en el siglo XIX.

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