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Arte y orgullo

Los Hermanos Cubero se radicalizan frente al postureo: "Ahora parece que si no llenas el Sant Jordi y el Movistar Arena no eres nadie"

El dúo alcarreño afincado en el Vallès presenta el domingo en el Jamboree su último disco, 'Cubero bueno, Cubero malo', una inspiradora apuesta por la autogestión y la independencia artística

Quique y Roberto Ruiz Cubero, Los Hermanos Cubero, oteando el panorama

Quique y Roberto Ruiz Cubero, Los Hermanos Cubero, oteando el panorama / Sara Irazabal

Rafael Tapounet

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Barcelona
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"Muchas butacas vacías / pero con disco del año", cantan Los Hermanos Cubero en la canción que da título a su último disco, 'Cubero bueno, Cubero malo'. Con tres lustros de carrera a sus espaldas, el dúo alcarreño afincado en el Vallès es un raro ejemplo de lucidez en un mundo tan dado a los espejismos como el de la música popular. Hace cinco años, resguardados bajo el paraguas que les brindaba El Segell del Primavera, los hermanos Quique y Roberto Ruiz Cubero publicaron un elepé, 'Errantes telúricos', en el que colaboraban artistas como Amaia, Rodrigo Cuevas, Ari Malikian, Nacho Vegas, Christina Rosenvinge y Josele Santiago. Un lujo, vaya. Fue su ábum más vendido, pero los Cubero olfatearon ahí algo que les hizo arrugar la frente. "Fue muy interesante y el disco se movió bien, pero nos situó en un circuito con el que no sabíamos muy bien cómo relacionarnos", relata Roberto. Su siguiente movimiento fue abandonar la discográfica, apostar por la autoedición y grabar 'Cubero bueno, Cubero malo' a pelo, con guitarra y mandolina. Cuerda, madera y palabras. Y nada más.

"La gente del sello siempre nos dio independencia artística y la relación era sana, pero creo que no acabaron de entender cómo llevarnos, cuál era nuestro público, por dónde se movía nuestro sonido y dónde encontrar los festivales o los ciclos en los que encajábamos mejor. Y entonces decidimos volver a la autogestión", señala Roberto. No solo eso. También decidieron que en su próximo disco iban a dejar clara cuál es su posición respecto a la industria, el mercado y las modas. "Queríamos defender el arte honesto y atemporal, el sonido imperfecto pero nuestro. Explicar que el arte es arte y el mercado es el mercado, y para nosotros son dos mundos completamente diferenciados".

Ni Madrid ni Barcelona

De esa determinación salieron canciones como 'Sambenito' ("llevo la marca de no pasar por el aro / en la comarca donde juzgan pronto al raro"), la citada 'Cubero bueno, Cubero malo' ("no nos hables de una industria / donde nunca hemos estado / solo somos forajidos / como Willie y como Waylon") y la impagable 'Muy tonto para Madrid, muy feo para Barcelona', donde se reivindican orgullosamente al margen de los núcleos donde se cuecen las modas. "La idea era utilizar a Madrid y Barcelona como una alegoría de los focos que marcan las tendencias y apuntar que no es malo alejarse de ahí y funcionar desde otro sitio -comenta Roberto-. Pero luego la canción ha ido adquiriendo un sentido más literal y hay quien la interpreta como una declaración de orgullo rural o provinciano, y también está bien. Incluso gente de Barcelona que se ha ido distanciando de la ciudad por cómo está evolucionando se identifica con ella".

En el caso de Los Hermanos Cubero, esa actitud insobornable va de la mano de una propuesta musical que, como reconoce Roberto, "no es la cosa más comercial del mundo". El folclore castellano y el bluegrass de los Apalaches son los dos pilares de un sonido personal que huye tanto del corsé purista como de la fusión banal. "Ahora parece que está de moda el rollo del folk tradicional tratado con electrónica, pero nosotros eso no lo trabajamos. Es verdad que a veces hemos pensado 'pues igual de esta seguidilla podemos hacer un 'remix' o como se llame, con alguna base electrónica o algo', pero al final no lo hemos hecho porque realmente no tenemos ni idea de música electrónica y no sabríamos ni por dónde empezar. Nuestro camino es acústico, para bien o para mal. Ni siquiera nos planteamos meter un pandero cuadrado o una pandereta".

Los Hermanos Cubero, capeando contratiempos

Los Hermanos Cubero, capeando contratiempos / Cordaineros

Aunque los Cubero rechazan con modestia la etiqueta de pioneros -"antes que nosotros había muchos que mantuvieron la llama del folk viva"-, admiten que, cuando ellos empezaron, esa escena parecía recluida en un circuito cultural muy específico. "Lo que sí hicimos fue no tener miedo a sacar el folk de ese circuito. Nos llamaban de un festival de jazz, de blues o de rock e íbamos. Siempre estábamos algo desubicados, pero al público y a los grupos con los que coincidíamos les gustaba, y a partir de ahí se creó una red de intercambio musical y cultural muy guay. Muchos grupos que hacían indie al estilo anglosajón perdieron el miedo a acercarse a lo tradicional, a las raíces, y a mezclar cosas. En ese proceso sí sentimos que hemos sido una especie de eslabón, y eso es muy bonito".

Puestos a colonizar espacios en principio ajenos al folk castellano, Los Hermanos Cubero actuarán este domingo en la barcelonesa sala Jamboree para presentar 'Cubero bueno, Cubero malo'. También a través de sus conciertos Quique y Roberto defienden una manera distinta de hacer las cosas, aunque advierten que el negocio de la música en directo atraviesa un periodo convulso. "El paradigma ha cambiado y en estos momento no sabemos muy bien cómo funciona. Ahora parece que si no llenas el Sant Jordi y el Movistar Arena no eres nadie. Bueno, ya nos gustaría llenarlos, pero hay otros circuitos, otras maneras de escuchar y de comunicarte con la música que son igual de válidas y que se están viendo perjudicadas. Salas pequeñas, minifestivales, ciclos de ayuntamientos pequeños con presupuestos mínimos... Y la cultura también se mueve ahí, porque al final depende más de los movimientos populares que de los fondos de inversión que hoy invierten en grandes festivales y en macroconciertos y mañana invertirán en otra cosa".

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