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Narrativa breve

Sofía Balbuena gana el Premio Ribera del Duero: "He hablado en público de ser alcohólica y consumir drogas, con mi madre en primera fila"

La experiencia personal de Sofía Balbuena con el alcoholismo ha marcado su obra, explorando la verdad y el compromiso que implica hablar abiertamente sobre esta adicción

La escritora toma el testigo de Magalí Etchebarne, ganadora de la anterior edición con ‘La vida por delante’, obra que ha agotado ya 14 ediciones

La escritora Sofía Balbuena.

La escritora Sofía Balbuena. / Isabel Wagemann

Elena Hevia

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A Sofía Balbuena (Salto, Argentina, 1984), que durante años fue librera en Lata Peinada, esa pequeña gran librería barcelonesa especializada en Literatura Latinoamericana, se la debieron cruzar muchas veces los parroquianos interesados en el tema. Ahora, el Premio Ribera del Duero (25.000 euros), impulsado por la editorial Páginas de Espuma y el más importante dedicado al formato cuento en castellano, coloca el foco sobre esta autora argentina que toma el testigo de Magalí Etchebarne, ganadora de la anterior edición con ‘La vida por delante’, obra que ha agotado ya 14 ediciones.

‘Personaje secundario’ es el título que este jueves ha distinguido el jurado del premio formado por Juan Gabriel Vásquez, Nuria Barrios y Paulina Flores y es según su autora un libro de relatos que se construye a partir de la idea matriz de que las mujeres nos exponemos en mayor medida que los hombres a un infierno interior que no termina de salir a la luz, expresarse o explotar. “Esa es una constante que habita todos los cuentos, una tensión interna de los personajes para que no se les note lo que tienen adentro”. Un patrón que Balbuena explica por la inclinación de las mujeres a contenerse, a comportarse y a cumplir con el rol que la sociedad les demanda.

“Las mujeres, aquellas a quien la sociedad nos identifica desde afuera como mujeres, tenemos procesos de socialización similares, por lo menos en Occidente, y a menudo compartimos ciertas experiencias sin tener que nombrarlas o hablar de ellas. Natalia Ginzburg escribió que ella había conocido a todo tipo de mujeres y que, sin embargo, siempre había encontrado en todas una tendencia a caer en un pozo. Constantemente nos estamos cuestionando si está bien lo que hacemos porque no se nos ha educado como se educa a los hombres para las cuestiones importantes”, dice Balbuena añadiendo que sus relatos y su literatura en general no es un espacio dogmático para decirle al lector lo que tiene que pensar.

La experiencia personal del alcoholismo ha marcado también tres de los cuatro libros publicados por la autora, ensayos o memorias como ‘Borracha menor’, donde exploraba su adicción sin pudor y sin romanticismo.

La experiencia personal del alcoholismo ha marcado también tres de los cuatro libros publicados por la autora, ensayos o memorias como ‘Borracha menor’, donde exploraba su adicción sin pudor y sin romanticismo. / Isabel Wagemann

Contar o no

Y puesta a reflexionar en su manera de hacer, sostiene que el ocultamiento es también una gran escuela para la narrativa, a la que le va mucho mejor ocultar o callar que exponerlo todo, algo que tan bien, según su opinión, exploró Raymond Carver. “Esos cuentos de mucha tensión donde ves a todo el mundo en vilo, pero no terminas de entender lo que ocurre”. Y aunque, Balbuena se dedica a otras problemáticas, como la migración -además de Barcelona, ha vivido también en Estados Unidos y en la actualidad, en Madrid- o los vínculos, el método sigue siendo el mismo: “el secreto de un buen cuento es no contarlo todo”, zanja.

La experiencia personal del alcoholismo ha marcado también tres de los cuatro libros publicados por la autora, ensayos o memorias como ‘Borracha menor’, donde exploraba su adicción sin pudor y sin romanticismo. “Yo he hablado en público en una librería de ser alcohólica y de consumir drogas con mi madre en primera fila y eso no me ha estresado en absoluto. Escribí sobre ello para romper los hilos inmovilizantes de la vergüenza, para convertir esos temas en un objeto y en cierta forma separarlo de mí en un libro que soy yo, pero no necesariamente soy yo. De hecho, creo que me genera más pudor escribir ficción, que lo que no lo es”-

Alcohol y verdad

De aquel libro, la peruana Gabriela Wiener dijo que los escritores borrachos siempre escriben la verdad y Balbuena, agradecida, lo explica: “Creo que hablar del propio alcoholismo implica un nivel de compromiso con el texto que no cualquiera puede o quiere asumir. Es como cortarte un pedazo del cuerpo y ponerlo a jugar a la ruleta rusa. En ese sentido, sí que estoy de acuerdo con Gabriela”.

La conexión estadounidense de la autora pasa por una estancia de dos años en el ya mítico Taller de Escritura de la Universidad de Iowa. “Fue una etapa que me cambió la vida. Una experiencia muy fuerte con un aislamiento muy severo porque una está ahí en medio de la nada, lejos de todo, en unas condiciones climáticas extremas. Solo puedes dedicarte a escribir, así que si tienes un proyecto, floreces”. Y aunque la Universidad siempre ha sido una burbuja progresista en medio del que quizá sea el estado más blanco del país, Balbuena empezó a sospechar que las cosas allí no iban por buen camino cuando el centro de Iowa City empezó a empapelarse con carteles de Trump. “Fue entonces cuando pensé que Estados Unidos se iba a poner muy complicado y decidí volver a España”.

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