Cita del 18 al 22 de marzo
Reiner Holzemer, el hombre que filmó a Margiela sin mostrar su rostro, llega a Barcelona: "Incluso los genios son seres humanos"
El cineasta alemán, figura central del Moritz Feed Doc, el festival de documental de moda que se celebra en Barcelona, protagoniza una retrospectiva que recorre sus retratos íntimos: Dries Van Noten, Thom Browne, Akris, William Eggleston, Juergen Teller y, sobre todo, el del creador más huidizo de la industria
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Reiner Holzemer, en el paseo de Gràcia de Barcelona. El cineasta alemán es el invitado de honor del festival de cine de moda Moritz Feed Doc de esta edición, la décima. / Jordi Otix / EPC

En la moda, casi todo invita al ruido vertiginoso: el desfile convertido en espectáculo, la fama como atajo, la imagen devorando cualquier matiz. Reiner Holzemer (Gemünden am Main; Baviera; 1960) lleva años filmando justo en dirección contraria. Sus documentales de moda no persiguen el relumbrón sino el momento en que un creador baja la guardia, duda, prueba, corrige o simplemente calla. Por eso resulta lógico que Moritz Feed Doc -Festival Internacional de Cine y Moda de Barcelona-, que celebra su décima edición del 18 al 22 de marzo, le dedique una retrospectiva: pocos directores han sabido mirar este universo con tanta cercanía y tan poco maquillaje.
Autodidacta, productor, director de fotografía y autor de más de 35 documentales sobre figuras clave de la moda y la fotografía, Holzemer se ha hecho un nombre con un método que huye del formato promocional. "Mi trabajo es una combinación de observación y escucha", resume a este diario. También rechaza cierta idea del documental como ejercicio de frialdad: "No me interesa la distancia crítica. Quiero estar lo más cerca posible". Esa cercanía, en su caso, no es complacencia, sino método. "Necesito intimidad, confianza... Mi relación se basa en la aceptación, incluso la admiración", confiesa.
Su retrospectiva en Barcelona lo deja claro desde la primera película. 'Akris: Fashion With a Heritage' (2025), que inaugura el festival este miércoles por la tarde, y se estrena en España con presencia del propio realizador, se adentra en una rareza cada vez más escasa: una casa de lujo familiar que ha sobrevivido un siglo al margen del estruendo corporativo. Holzemer filma la firma suiza dirigida por Albert Kriemler como una defensa del tiempo largo, de la artesanía sin estridencias y de una elegancia que no necesita disfrazarse con las últimas tendencias. "Me interesaba cómo un legado de 100 años influye en el trabajo diario", cuenta. En tiempos de 'hype', 'Akris' aparece como una enmienda silenciosa: tradición, exigencia y continuidad.

Reiner Holzemer, con vistas a La Pedrera. / Jordi Otix / EPC
"Mi trabajo es una combinación de observación y escucha"
Pausar el tiempo, su máxima
Ese mismo interés por el proceso, y no por la espuma del sistema, marcaba ya 'Dries' (2017), seguramente una de sus películas más delicadas. Holzemer tardó cuatro años en convencer a Dries Van Noten, y esa espera forma parte del sentido mismo de la obra. El diseñador belga, tan admirado como poco amigo del exhibicionismo, aparece lejos del tópico del genio caprichoso. Hay jardín, taller, viajes, equipo, telas, cansancio y vuelta a empezar. "El tiempo es esencial... necesitas un año para entender su trabajo", confiesa el director. Y añade una imagen perfecta sobre Van Noten y su oficio: "Trabaja como un escultor, no dibuja".
Con 'Thom Browne: The Man Who Tailors Dreams' (2024), en cambio, la moda se vuelve escénica, conceptual, incluso lúdica. Thom Browne, el creador de la marca de moda de lujo con sede en Nueva York, con su uniforme diario de traje gris ajustado, camisa blanca, corbata, cárdigan y 'shorts' de colegial, encarna una teatralidad que atraviesa tanto su personaje como su firma. Holzemer no intenta domesticar ese exceso, sino entenderlo. "Lo teatral es esencial en su forma de pensar la moda", comenta el creador, cuyo documental retrata a un diseñador capaz de convertir la sastrería en fantasía y la elegancia, en un gesto casi subversivo.
Hasta ahí, la retrospectiva ya dibuja un mapa muy preciso: Holzemer no filma la moda como superficie, sino como autorretrato. "La creación es una forma de autodescubrimiento. El trabajo de un creador es como un autorretrato", sostiene. Esa idea atraviesa también 'Los fotógrafos: William Eggleston y Juergen Teller' (2007/2011), el título más abierto del ciclo, que amplía su foco más allá de la pasarela hacia dos autores decisivos de la imagen contemporánea. En Juergen Teller reconoce la excentricidad, el flashazo y la irreverencia; en William Eggleston, la paciencia de una mirada que cambió para siempre la percepción del color y de la vida ordinaria.
"La creación es una forma de autodescubrimiento. El trabajo de un creador es como un autorretrato"
Documentar el anonimato
Pero el gran imán de esta retrospectiva es, sin duda, 'Martin Margiela: In His Own Words' (2019), la pieza central del ciclo y el documental que mejor resume la singularidad de Reiner Holzemer. Pocos diseñadores han levantado un mito tan fértil desde la retirada como Martin Margiela. El belga debutó en París en 1988, revolucionó la moda con su deconstrucción, sus referencias históricas, sus tabis y sus célebres cuatro puntadas, y luego decidió apartarse del foco hasta convertir el anonimato en parte esencial de su obra. Filmarlo exigía algo más que acceso: exigía entender su negativa a ser convertido en personaje.
"Tuve que crear un entorno en el que se sintiera cómodo -recuerda Holzemer-. Martin es tímido, así que tuvimos que reducir el equipo al mínimo". Casi siempre eran solo él, la cámara, el sonido y las preguntas. Todo estaba listo para grabar cuando Margiela quisiera hablar. Y esa disponibilidad era decisiva, porque, como insiste el director, "la voz era clave". No podía mostrar su rostro, pero necesitaba "algo personal" que conectara al espectador con él. "Al principio no quería hablar, pero por suerte conseguí convencerle de que lo intentara", exclama.
"Al principio Margiela no quería hablar, pero por suerte conseguí convencerle de que lo intentara"
Ahí está la proeza. No tanto en arrancarle una confesión, sino en construir el marco de confianza para que un creador tan huidizo aceptara narrarse sin traicionarse. Holzemer lo dice con una mezcla de gratitud y alivio: "Fue todo un proceso conseguir que hablara y estoy muy contento de que pudiéramos hacerlo juntos". El resultado es un documental poético, sobrio y profundamente emocionante. Margiela nunca deja de ser un enigma, pero por primera vez su obra y su voz quedan alineadas.
Esa es, quizá, la mayor virtud del director alemán: no romper el misterio, sino filmarlo. Sus películas no desmontan el mito para rebajarlo, sino para devolverlo a una escala humana. "Incluso los genios son seres humanos", resume. Visto así, toda su filmografía comparte una misma intuición: que detrás de cada gran firma, de cada imagen memorable, de cada gesto creativo, hay una vida hecha de manías, inseguridades, disciplina, deseo y tiempo.
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