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Ópera

Una Asmik Grigorian espectacular salva la 'Manon Lescaut' liceísta

La soprano lituana ofreció un retrato vocal y dramáticamente arrebatador de la heroína pucciniana en la atrevida puesta en escena de Àlex Ollé, recibida con vítores y abucheos

La obra 'Manon Lescaut' en el Liceu de Barcelona el 17 de marzo de 2026

La obra 'Manon Lescaut' en el Liceu de Barcelona el 17 de marzo de 2026 / Sergi Panizo

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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Una vez más cautivó a los liceístas Asmik Grigorian, quien ya triunfara en el Gran Teatre en ‘Demon’, ‘Rusalka’ y en un concierto inolvidable. El retrato que la soprano lituana mostró de la Manon Lescaut pucciniana es insuperable, mimetizada en la propuesta de Àlex Ollé en este montaje rompedor de la Ópera de Frankfurt que Grigorian estrenó y que ha aterrizado con disparidad de opiniones en el Liceu. Con ella volvía la obra al repertorio barcelonés, ausente desde 2018, y lo hacía dibujando a una protagonista empoderada pero vulnerable, cargada de dudas, impresionando con su canto de experta y su fraseo expresivo y cargado de sentido dramático, igual de cómoda en los momentos más ligeros como en los dramáticos, con graves tan bien puestos como sus agudos. Un regalo.

La obra 'Manon Lescaut' en el Liceu de Barcelona el 17 de marzo de 2026

La obra 'Manon Lescaut' en el Liceu de Barcelona el 17 de marzo de 2026 / Sergi Panizo

Y así como Puccini escogió para este título –el primer éxito de su carrera– una obra literaria del siglo XVIII en su momento pasada de moda para llenarla de la modernidad de su flujo melódico en los albores del siglo XX, Àlex Ollé la actualiza (incluso los sobretítulos) trasladando la acción a la actualidad, con una Manon convertida en una ‘sinpapeles’, una inmigrante que se busca la vida –como en la novela original–, en este caso trabajando como ‘estriper’ y estrella de la ‘pole dance’ en un club de alterne. Antes, unas proyecciones muestran a la protagonista y a su hermano cruzando la frontera; Ollé da una bofetada al público con un retrato de una realidad espléndidamente ilustrada con la escenografía de ese genio del teatro que es Alfons Flores (aunque en el segundo acto no se proyecta bien la voz), iluminada por Joachim Klein y con un vestuario de lo más apropiado de Lluc Castells. Casi todas las escenas funcionan sin problemas en el renovado relato incluyendo los dúos de amor, bien iluminados para crear ambiente, así como en la deportación, aunque momentos íntimos de lujo orquestal y vocal como “In quelle trine morbide” se pierden en esta propuesta sin “alcoba dorada”. Tampoco convence –como en la mayoría de los montajes del título– la agonía en el desierto estadounidense, aunque el ‘regista’ proponga que el verdadero desierto de Manon es la soledad que la inunda.

Acompañó a Grigorian un Des Grieux entregado y de voz potente, pero muy poco seductora, de Ivan Gyngazov, conocedor del papel, aunque lejos de la calidez vocal inherente a un rol que es pura pasión. El bien actuado Lescaut de Iiuri Samoilov aportó una línea de canto muy poco interesante y hasta desafinado, no así Donato Di Stefano como un Geronte bien planteado, tanto como el Músico de Mercedes Gancedo.

Gran actuación del Coro del Liceu y de una coloreada Simfònica del Gran Teatre bajo la dirección poco piadosa con las voces de Josep Pons, metronómica y fría.

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