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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Rosalía, con admiración y un poco de añoranza

Los periodistas Oriol Rodríguez y Yeray S. Iborra rastrean la peripecia de la cantante y se preguntan por la naturaleza de sus transformaciones y su elevación a celebridad en ‘Buscando a Rosalía’, un libro que trasciende la casilla de biografía para fans

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Imagen de archivo de la cantante Rosalía en su última gira.

Imagen de archivo de la cantante Rosalía en su última gira. / Kiko Huesca / EFE

El libro comienza con una pizca de melancolía al recordar a la jovencísima Rosalía que, al terminar sus actuaciones, pedía a los pocos asistentes el número de teléfono para atarlos en corto vía whatsapp (“hola, Albert, este viernes tengo concierto, ¿vendrás?”). Y cuando todavía daba entrevistas a medios especializados, sin “formatos pactados”, atendiendo con viva atención a cada pregunta, inclinando el cuerpo hacia adelante, con los codos sobre las rodillas.

Oriol Rodríguez y Yeray S. Iborra, periodistas del gremio musical, observan que aquella motivadísima ‘cantaora’ se ha escapado de los radares y dedican a localizarla las 192 páginas de ‘Buscando a Rosalía’ (Libros del Kultrum, en castellano y catalán), contado la historia con detalle, acudiendo a fuentes cercanas y a citas de hemeroteca. Subyace una discreta línea argumental en torno a la fricción ente la persona y el personaje, la artista y la estrella pop.

Hay admiración rotunda, pero no, esto no es una hagiografía. Hay objeciones (‘Lux’ “impresiona más que emociona”; las 13 lenguas usadas son “turismo lingüístico”), y apuntes sobre alguna contradicción: Rosalía exhibe responsabilidad (“yo controlo todo lo que pasa con mi música”) y mimo hacia sus seguidores, y más adelante, se hace notar el mosqueo general por esa preferencia a los clientes de un banco, el Santander, en la preventa del ‘Lux tour’.

El libro acierta al retratar a Rosalía como mucho más que una creadora tocada por un don. Una currante nata que pone el trabajo en el centro de su vida, ahora que se lleva el nihilismo laboral. Que sigue sus propios ‘tempos’, con paciencia, sin ceder a las urgencias industriales, y aspira a la trascendencia del arte dejando para otros el impacto efímero. Y que sabe que, por muy geniales que puedan ser sus ideas, antes hubo otras, y que nunca debes dejar de aprender. Es revelador ese pasaje en el que Raül Refree cuenta que en sus primeros encuentros se limitaron a escuchar juntos, durante horas, mucha música creada por otros, sin tocar ni una nota. La Niña de los Peines, Bach, Frank Ocean.

Con todo ello, Rodríguez e Iborra se acercan y se alejan de Rosalía constantemente, afinando y cediendo al suspense (esos cambios de ‘management’). Pero, como deslizan en la conclusión, así suele ser con las grandes figuras, que te enseñan solo lo que quieren mostrar. Y ya está bien.

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