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Centenario de su muerte

Gaudí se hace cómic para ver terminada la Sagrada Familia: "Hoy en día estaría diagnosticado con algún tipo de genialidad autista"

El guionista Salva Rubio y el ilustrador Agustín Comotto ahondan el biografía del arquitecto catalán con un álbum que se publica de forma simultánea en castellano, catalán e inglés

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Una de las viñetas de 'Gaudí. La Sagrada Familia y el éxtasis

Una de las viñetas de 'Gaudí. La Sagrada Familia y el éxtasis / RUBIO-COMOTTO

David Morán

David Morán

Barcelona
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Antoni Gaudí, algo les sonará, murió en junio de 1926 tres días después de ser atropellado por un tranvía, solo que en realidad no murió, sino que se buscó un par de alas e instaló un puesto de guardia en lo alto de la Torre de Bernabé para ver cómo avanzaban las obras de su obra magna. Eso es, por lo menos, lo que imaginan el guionista Salva Rubio y el ilustrador Agustín Comotto en las primeras páginas de 'Gaudí. La Sagrada Familia y el éxtasis', cómic híbrido y biográfico que Comanegra acaba de publicar en castellano, catalán e inglés para sumarse a la conmemoración del centenario de la muerte del arquitecto de Dios.

"Nuestro Gaudí no se quiere morir; no se quiere ir hasta que no se acabe la Sagrada Familia", asegura Rubio, autor de sendas historietas dedicadas a Eugène Viollet‑le‑Duc, arquitecto responsable de Notre-Dame, y Frédéric Auguste Bartholdi, escultor que forjó la Estatua de la Libertad. En esta ocasión, y en tándem con Comotto, el también autor de 'La bibliotecaria de Auschwitz' se ha propuesto "trascender" al personaje y explicarlo más allá de sus icónicas construcciones. "El riesgo de alguien como Gaudí es que su obra le fagocita. Todo el mundo lo recuerda como el abuelo sabio y delgadito, y queríamos dar otra imagen", explica.

Salva Rubio i Agustín Comotto a la seu de Comanegra a Barcelona

Salva Rubio i Agustín Comotto, en la sede Comanegra / ACN

Para conseguirlo, Rubio y Comotto no solo lo han convertido en ángel, guiño nada velado a 'El cielo sobre Berlín' de Wim Wenders, sino que han condensado la vida de Gaudí en un centenar de páginas que son, al mismo tiempo, memoria del arquitecto y biografía de la Sagrada Familia. "Empieza siendo un niño frágil pero acaba siendo un monumento, una catedral. Él es verdaderamente una arquitectura", apunta el ilustrador e historietista, para quien ha sido esencial sumergirse en los colores del modernismo y en la paleta de Santiago Rusiñol. "Es un homenaje a esta Mancomunitat, a los comienzos de la Renaixença", desvela.

Con la "arquitectura humana" como hilo conductor y la voluntad de "cruzar público generalista y especializado", 'Gaudí. La Sagrada Familia y el éxtasis' indaga en sus orígenes como hijo de calderero, inmortaliza momentos cruciales como su providencial encuentro con Eusebi Güell y retrata los tormentos de un creador aún hoy profundamente enigmático. "A la mayoría de artistas terminas por comprenderlos cuando retiras el velo que los cubre, pero a Gaudí no. Sigue siendo un misterio. Y lo será siempre. Eso es lo bonito", señala Rubio. "Opisso, que trabajó como ilustrador en su taller, explicaba que se pasaba horas en silencio ante su mesa de trabajo. Intuyes un personaje muy torturado que, además, vivía en una catacumba", añade el guionista y escritor. 

Una página del cómic de Salva Rubio y Agustín Comotto

Una página del cómic de Salva Rubio y Agustín Comotto / RUBIO-COMOTTO

Para Comotto, encargado de dar vida a un Gaudí a todo color, pelirrojo y con los ojos azules, la clave de casi todo está en "la disfunción" que arrastraba el arquitecto. "Tenía como un antes y un después, pero la pedrada la llevaba de antes. Hoy en día estaría diagnosticado con algún tipo de genialidad autista", sostiene. En la base de todo, la catalanidad militante de Gaudí -"hablar catalán es un homenaje obligado a nuestro origen", le vemos decir- y el papel capital de la fe y la religión en su vida y obra. "El gran misterio sigue siendo qué quería expiar Gaudí con una obra como la Sagrada Familia", apunta Comotto. "Sin la parte religiosa no se podría explicar al personaje -completa Rubio-. Él creía en la santidad a través del dolor. Buscaba una mortificación que tenía mucho que ver con la obra que estaba haciendo".

Llegado a las librerías casi al mismo tiempo que se han retirado todos los andamios de la cruz que corona la Torre de Jesús, la obra de Rubio y Comotto fantasea con una basílica prácticamente terminada el día de Sant Jordi de 2026 y no esconde algunas de las contradicciones con las que genio modernista tuvo que lidiar. "Hay una ironía en su muerte que tiene que ver con la diferencia de clases sociales y el pistolerismo: él trabaja para clientes extremadamente ricos y estaba completamente ajeno a lo que ocurre en la calle -sopesa Rubio-. Respeta mucho el obrerismo, porque ha trabajado en una fábrica siendo un niño, pero al mismo tiempo trabaja para quienes oprimen al obrero".

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