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Ópera

Julia Lezhneva enamora en el Palau con su canto virtuoso

La soprano rusa se impone por talento y virtuosismo en un programa dedicado exclusivamente al repertorio vivaldiano

La cantante de ópera Julia Lezhneva e Il Giardino Armonico, en el Palau de la Música en un concierto el 10 de marzo de 2026

La cantante de ópera Julia Lezhneva e Il Giardino Armonico, en el Palau de la Música en un concierto el 10 de marzo de 2026 / Toni Bofill

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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El Palau hace ya un par de temporadas que se ha consolidado como un templo de la música barroca. Si antes coqueteó con el estilo de la mano de especialistas tan ilustres como esporádicos, ahora sus invitados se han multiplicado más allá del ámbito coral, espacio natural de la casa del Orfeó Català, incrementándose con ciclos como Palau Bach y Palau Òpera, y alcanzando también, como en este caso, a Palau Grans Veus.

La encargada de dar vida a esta velada que le daba una vuelta al repertorio del primer ‘settecento’ era Julia Lezhneva, entronada por virtuosismo y amplitud de miras, como heredera de Cecilia Bartoli, otrora reina del canto barroco. La mezzo romana construyó una gran carrera gracias a grandes proyectos discográficos, ya que vivió los estertores de la gloria de la industria. La soprano rusa graba mucho menos y debe imponerse en escena, aunque con armas similares: talento para el canto florido, vocalidad educada al milímetro y una proyección suficiente en este repertorio.

El programa estuvo dedicado en su totalidad al Vivaldi operista que por fin se da a conocer. Acompañada por esos maestros benditos que conforman Il Giardino Armonico capitaneado por un experto como Giovanni Antonini, la cantante se movió con comodidad en las dificilísimas arias seleccionadas, tanto en las más virtuosas como en las contemplativas. Sorprendió su control del aire, capaz de dosificarlo a voluntad en busca de un fraseo con la expresividad y los ornamentos justos que requieren el personaje al que da vida en cada fragmento. Ya desde el comienzo, con esa imposible “Destino avaro” de la ópera ‘La fida ninfa’ impresionó por su absoluto dominio, al igual que en “Gelosia”, de ‘Ottone in Villa’, en “Alma oppressa”, también de ‘La fida ninfa’, y en la espectacular “Siam navi all’onde algenti”, de ‘L’olimpiade’. La línea de canto más melancólica, con largos pianísimos, alcanzó su cota máxima mostrando carácter y adecuadas variaciones en “Sposa son disprezzata”, de ‘Bajazet’, en “Gelido in ogni vena”, de ‘Il Farnace’, y en “Zeffiretti che sussurate”, de ‘Ercole sul Termodonte’. El súmmum llegaría al final de la noche, con “Anche il mar”, de Bajazet, un reto que solo superan las más grandes.

Il Giardino Armonico mostró su sapiencia con una sinfonía operística y tres deliciosos ‘concerti grossi’ para diferentes plantillas, mostrando otras facetas de la inventiva del creador de las populares ‘Cuatro estaciones’. Tras una larga ovación, ya como propinas, se escuchó una espectacular “Agitata da due venti” antes de una sentida “Lascia la spina” de Händel, rompiendo con ella el hechizo vivaldiano.

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