Entrevista
Sergio del Molino, escritor: "Generaría problemas si se demostrase que Goya murió sabiendo que iba a dejar a su hija en la miseria"
El escritor presenta su nueva novela, 'La hija', en la que aborda la figura de Rosario Weiss

El escritor Sergio del Molino con su nueva novela, 'La hija'. / Jaime Galindo
Sergio del Molino acaba de publicar su nueva novela 'La hija' (Alfaguara) con la que se adentra en los silencios de la historia para devolver la voz a una figura injustamente relegada: Rosario Weiss, la joven artista que acompañó a Francisco de Goya hasta sus últimos días y que podría haber sido su hija. Este miércoles la presenta en el Patio de la Infanta dentro del ciclo Martes de libros organizado por la Fundación Ibercaja.
¿De dónde te surge esta obsesión por Rosario Weiss?
Emana del Goya viejo, de recorrer el Goya Viejo y de darme cuenta de que había una presencia ahí de una niña, Rosario, y con el rumor que siempre está rondando en cuanto estudias un poquito al Goya Viejo de que era su hija. A mí me intrigó mucho saber por qué la despreciaba tanto, porque había tanta virulencia a la hora de rechazar la posibilidad de que Rosario fuera la hija de Goya. Ahí llego a un libro de María Santos-Sainz en el que hacía una estampa preciosa, que era casi una litografía con palabras, en la cual retrataba a Rosario niña, yendo con Goya de la mano de Burdeos, apartándole un poco de los carruajes y de los peligros, que estaba como cuidándole, siendo su ángel de la guarda. Y esa imagen me cautivó mucho. A partir de ahí, cuando ya me di cuenta de que estaba obsesionado, los libros vienen solos. La obsesión siempre precede al libro. Tú estás ya obsesionado y dices, bueno, pues aquí tendré que hacer algo con esto, porque ya que psiquiátricamente me va a llevar a un sitio, que me lleve literariamente a un sitio mejor, más importante.
¿Es una cura ponerse a escribir sobre una obsesión?
Es la forma natural que yo como escritor tengo de sacar adelante las obsesiones, porque si no, lo único que haces es acumular libros, tienes un síndrome de Diógenes y vas acumulando cosas de una obsesión que es totalmente estéril. Pero si la conviertes en algo creativo, pues es la forma de no patologizar tu obsesión, eso lo tengo claro. Yo tengo claro que la literatura tiene mucho de patología, de trastorno mental en muchos aspectos, pero es un trastorno mental legitimado, en lugar de mandarnos al psiquiatra, nos mandan a periodistas culturales para que hablemos con ellos.
¿El escribirlo en dos manuscritos encontrados era la forma para poder lanzar tus teorías?
Era la forma de que el libro no fuera insatisfactorio, porque creo que solo con la ficción o solo con la no ficción se quedaba corto. La ficción permite una mirada muy larga, una construcción de personajes, permite insinuar, moverte en la ambigüedad, y la no ficción permite justo lo contrario, rellenar esos huecos. ¿Por qué no jugar con los dos? Lo hice para que la historia pudiera tener la profundidad que yo creo que merecía, para que no se quedara en una simple anécdota, indagación, o en una simple construcción de personajes.
¿Fue Rosario Weiss la hija de Goya?
En términos como entendemos nosotros la paternidad hoy, indudablemente no hay otro padre para Rosario que no sea Goya. No conoció a otro, le crió, ejerció como tal… Si era la hija natural es imposible ahora mismo saberlo. Pero creo que hay indicios sobrados para pensar que sí que puede serlo. Yo hago una cronología que creo que no tiene mucho de conspiranoica, creo que está bastante bien trazada, en el cual se puede ver que en el tiempo de concepción de Rosario, es muy probable que Leocadia y Goya fueran amantes y estuvieran conviviendo.
Rosario es el retrato de la nueva España que nacía.
Lo bonito de esta historia es que Rosario nace con la España actual. Y ahí estamos viendo el nacimiento de la España moderna, que no tiene absolutamente nada que ver con la España imperial anterior. Rosario marca muy bien las contradicciones, la violencia, el origen de las banderías. Pertenece a la primera generación de artistas que están ligadas a una idea política. Su carrera se la debe en buena medida al Partido Liberal Progresista. Estamos viendo un momento en el que los artistas no es que estén ligados al poder, como pasaba con Goya, es que están ligados a facciones de poder, a la política. Y eso es muy moderno. Sigue ocurriendo ahora y nace entonces.

Sergio del Molino en la redacción de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. / Jaime Galindo
¿Qué problema hay si Rosario Weiss fuera su hija para los académicos?
Generaría problemas si se demostrase que Goya murió sabiendo que la iba a dejar en la miseria, sabiendo que estaba excluida del testamento. Si sabemos que las dejó la miseria, pues se convertiría en una persona verdaderamente terrible. Habría que cuestionar el mito de Goya como inventor de la compasión moderna, de la mirada hacia el débil, hacia la víctima, porque él mismo sería un victimario en este caso. Pero eso es todo hipótesis, no hay ningún indicio que nos lleve a ello. Y yo sostengo que el malo es Javier, el hijo. Era un tipo que se dedicó a vivir de la herencia de su padre, a malgastarla y probablemente a falsearla. Es muy probable que vendiera muchos más Goyas de los que él tenía y mucho más de lo que existieron.
Todo lo contrario que Goya.
La biografía de Goya nos habla de un hombre bastante prudente, bastante previsor, que estaba muy pendiente de su entorno, que tenía unos amigos, que también le cuidaban mucho, creaba una comunidad, creaba una tribu. Entonces es muy improbable que alguien así no se preocupara de su mujer y de su hija, aunque no fuera su hija, aunque fuera la hija de su segunda mujer, y que las dejara en la calle. A mí me resulta muy chocante. Yo creo que él se murió pensando que lo había arreglado, pero no sabía que su hijo lo había desarreglado.
¿Nos hemos equivocado al llamar negras a las ‘Pinturas negras’?
De hecho, no se llaman ‘negras’ hasta 1928, hasta el centenario de la muerte de Goya, que es cuando se exhiben en conjunto en el Prado en una gran exposición y se configura el Prado tal y como está ahora con las pinturas de Goya. Y es verdad que los estudios sobre las fotografías que se hicieron en la propia Quinta del sordo antes de que despegaran las pinturas, insinúan unas pinturas mucho menos negras y mucho más matizadas de lo que vemos. La sensación en la Quinta no debía de ser tan siniestra como lo es en el Prado. Entonces, creo que esta percepción de las ‘Pinturas negras’ probablemente sea fruto de un equívoco o de una exageración del restaurador, pero son las pinturas que nos han llegado.
Goya vive un exilio luminoso en Burdeos.
Está hecho un asco realmente. Y sin embargo, en esos cuatro años él es feliz, es como si se hubiera quitado una carga de encima. Y lo que vemos de esa obra esos cuatro años, revela mucha felicidad, y ese es uno de los misterios más grandes de su biografía. Y yo sostengo en la hija que Rosario tiene mucha culpa de esa felicidad.
¿Qué te parece esta carrera en la que estamos en Aragón, por reivindicar Goya y por decir el bicentenario también es nuestro?
A mí me parece un poco exagerada, porque además el valor de Goya desde que se descubre en el siglo XIX, desde que los franceses los descubren, que son los que lo entronizan cuando era prácticamente desconocido en el mundo, es su universalidad, es la capacidad que tiene de conectar con gente de todo el mundo, sin fronteras y sin sensibilidades. Regionalizar eso, intentar hacer que la genialidad de Goya tenga que ver con algo de la tierra, como si fuera la garnacha, es reducirlo a un producto típico. Pero un artista como él, creo que su valor no es el de la denominación de origen, ni el valor de su nacimiento, el valor es que ha trascendido todo eso, el valor es que ha sido capaz de comunicar con todo el mundo. Creo hay una sobreactuación, un intento de reapropiación de Goya que creo que no le sienta bien a Goya y creo que no le sienta bien a Aragón tampoco, porque parece que ahí no habla mucho de la generosidad de las instituciones aragonesas para hacer que Goya brille por todas partes y que Goya sea el artista universal que es.
Él quería trascender.
No sé hasta qué punto podíamos ver eso en su cabeza, porque él es un pintor cortesano. Ten en cuenta que el Goya que vemos ahora no tiene nada que ver con el Goya que era entonces. Más que necesidad de trascender, lo que sentía era vanidad y ganas de fama. Le interesaba mucho la parte mundana, pero la parte de trascendencia, su obra más personal es una obra muy privada, es una obra que no llega a mucha gente. No parece alguien muy preocupado porque su obra llegue a muchos sitios. Con que llegue al salón de su casa le basta en ese sentido. Lo que pasa que él tiene, de una forma casi instintiva, una capacidad de conexión con el dolor, con las emociones más profundas, que lo hacen muy poco localizado. A él los temas localistas le importan un bledo en general.
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