Opinión | La caja de resonancia

Periodista
La tienda de discos más pequeña y abarrotada del mundo
‘Vinyl hero’, en la quinta planta de un bloque de pisos de Hong Kong, regentada por un refugiado de Vietnam con aires de viejo hippie, es una cueva repleta de cajas de elepés que atrae a disqueros de todo el mundo

Paul Au, rodeado de elepés, en su tienda Vinyl Hero, en Hong Kong. / Jordi Bianciotto
En Hong Kong, la ciudad más vertical del mundo, la que tiene más rascacielos (569 edificios de más de 150 metros; en Nueva York son 324, y en Barcelona, dos y por los pelos), las tiendas de discos hay que ir a buscarlas por las alturas: el metro cuadrado es oro y aquí se construye en elevación. Descubro comercios que son madrigueras, imanes de musiqueros autóctonos y foráneos. Uno de ellos es lugar de culto: se llama Vinyl Hero y lo regenta un tipo bajito y risueño, con aires de viejo hippie, que fácilmente te da conversación y que responde por Paul Au.
Llegar a Vinyl Hero requiere un rato de búsqueda por la larga y ancha calle llamada Cheung Sha Wan. Está en un bloque destartalado y con la fachada repleta de aparatos de aire acondicionado, puro Hong Kong. No la veo anunciada en la calle, pero, atraído por el reclamo de otra, Record Fans, me aparece en la quinta planta, tras dejar atrás una escalera lúgubre y varios pasadizos y puertas con rejas. Sí, ahí está. Es incluso más pequeña de lo que me imaginaba, un pisito ocupado por cajas y cajas de vinilos, apiladas, desparramadas, agrupadas supuestamente por estilos. Paul Au domina el género y se mueve con agilidad, aunque hay tantas cajas que le dificultan hasta el acceso al baño. “¡Pero estoy acostumbrado a la selva!”.
Le digo que es un disquero famoso y sonríe con modestia. Me cuenta que nació en Saigón, de padres chinos, en 1957, y que con 18 años se subió a un barco carguero con el que abandonó el Vietnam asolado por la guerra. En Hong Kong vendió discos en la calle durante muchos años, hasta que pudo permitirse esta cueva en la que tiene un poco de todo. Me pone un viejo álbum de Creedence Clearwater Revival, como diciéndome “yo soy de estos”. En Vinyl Hero hay abundante material estadounidense, también ediciones japonesas y piezas más raras: de Taiwán o las que en un tiempo compartieron Hong Kong, Singapur y Malasia. A 200 dólares de Hong Kong la pieza, unos 22 euros. Me aparta tres apetecibles vinilos de grupos de rock cantonés de los 70, pero no puedo comprárselos porque, maldita sea, solo acepta metálico. Intentaré volver otro día.
Una tienda que es un almacén abarrotado de viejos elepés, miles de ellos, regentada por un refugiado del Vietnam, ocupa un raro lugar de honor en el circuito de los chiflados por los discos de todo el mundo. Ni un cartel en la puerta, ni puntos de escucha, ni ediciones modernas. Observo un goteo de clientes en esa quinta planta de un bloque de Hong Kong. Sí, Paul Au es un héroe del vinilo.
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