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Pedro Ruiz: "Para la izquierda soy sospechoso y para la derecha, una molestia. Ambas cosas me honran"

El veterano showman trae al Eixample Teatre de Barcelona su nuevo espectáculo, 'Mi vida es una anécdota', en el que repasa, "con ternura y gamberrismo", vivencias que tuvo en el pasado con celebritys de todo pelaje

Entrevista a Pedro Ruiz.

Entrevista a Pedro Ruiz. / Xavier Amado

Juan Fernández

Juan Fernández

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Esta mañana se ha dado el baño que se da todos los días del año en su piscina al aire libre -nieve, llueva o haga calor- y ha escrito varios poemas y pensamientos en la libreta que lleva siempre consigo. También ha tomado notas sobre las páginas de su último libro –‘¡Paren el mundo, que me bajo!’ (Almuzara)-, para preparar la siguiente edición, y en la cabeza lleva el programa que está negociando con una cadena de televisión. Pero hoy lo urgente es hablar de ‘Mi vida es una anécdota’ el montaje que esta semana y la próxima, de jueves a domingo, trae al Eixample Teatre de Barcelona, donde repasa “con ternura y gamberrismo” situaciones que vivió en persona con la crema de la vida pública de este país. No para quieto.

¿Esta vitalidad tiene algún secreto?

No tener noción del tiempo. Yo nunca he pensado en términos de edad, simplemente voy haciendo cosas. Picasso decía que cuando se es joven, se es joven toda la vida. Hay veinteañeros que no lo son, y otros seguimos siéndolo a los 78. Evidentemente, no corro como a los 30, pero si aprendes a transformar la energía en energía, no notas el paso del tiempo. He hecho mucho deporte, nunca he fumado, ni he bebido, ni me he drogado, con todo el respeto para quienes lo hacen, y tampoco discuto, algo que es algo sanísimo.

¿No discute?

Mi amigo Eloy Arenas suele decir: fulanito se cargó tanto de razón que al final no podía moverse. Yo no quiero tener razón, quiero tener derecho a no tener razón. Puedo decir algo que no le guste, o decirla usted y que a mí me disguste, pero que nada nos impida tomarnos una paella juntos. Soy partidario de la concordia, cada vez más, a pesar de vivir tiempos profundamente discordes.

Se dedica a un oficio poblado de egos que quieren tener la razón.

En el mundo artístico, al principio empiezas haciendo cosas simpáticas y divertidas, pero llega un momento en que te tuerces y comienzas a hacer cosas trascendentales. Sin embargo, cuando pasa un poco más de tiempo, te das cuenta que no hay nada más bonito que regalarle a la gente un buen rato. Y eso aplica en todas las artes. Por ejemplo, en el cine.

¿Qué pasa con el cine?

Yo voy mucho al cine, y no estoy ni a favor ni en contra de lo que pasa en Los Goya, me parece que tienen todo el derecho a decir lo que quieran. Pero observo que buena parte del cine se ha convertido en un catálogo de traumas, y creo que la gente ya ve bastantes traumas en el Telediario.

Yo no quiero tener razón, quiero tener derecho a no tener razón

Pedro Ruiz

¿De eso va su nuevo espectáculo, de pasar un buen rato?

Esta vez he optado por algo muy sencillo, que es no fingir, y he convertido el escenario en el salón de mi casa. Hay un guion, pero no me sé el texto de memoria, me dedico a ir contando cosas que he vivido. Todas las anécdotas que relato, canto y parodio tienen debajo una lección: que a todos nos pasan las mismas cosas, ya seas rey, estrella de rock, delantero del Barça o princesa de Mónaco.

¿Cuenta secretos inconfesables de los famosos que ha tratado?

Nunca me habrá visto hablar mal de nadie, ni me ha gustado el cotilleo. Cuando alguien cotillea sobre mí, no me doy por aludido, me doy por eludido. Cuento cosas que me ha pasado con personas como los reyes, Puyol, Maradona, Ana Obregón, Stoichkov, Rafaela Carrá... Y a través de esas anécdotas, trato de dejar una enseñanza: que en realidad nada es para tanto.

Después de tantos programas y espectáculos, alguien dirá: ¿a Pedro Ruiz le quedan cosas por contar?

Infinitas. No por contar, por aprender. Chaplin decía que en la vida solo da tiempo a ser amateur. A mí lo que me gusta es hacer zapping de inquietudes. Escribo poemas a diario, compongo canciones, preparo programas, pinto cuadros… Mi modo de respirar es inventar. Soy joven porque tengo más planes que años, que es de lo que va la juventud.

Entrevista a Pedro Ruiz.

Entrevista a Pedro Ruiz. / Xavier Amado

Los suyos son planes en los que se expone y se la juega. ¿Eso cómo lo lleva?

He hecho cosas mejores y peores, pero reivindico mi derecho a hacer lo que me da la gana, siempre que no haga daño a nadie. También tengo mi vanidad, pero la tuve más acusada en el pasado por la ceguera que da la popularidad. Aquí donde me ve, soy una persona muy tímida, pero en el escenario me siento casi intocable. Sé que estoy haciendo algo pasajero e irrelevante, pero en ese ratito sé que no va a llagar la Policía, ni la grúa ni el ministerio de Hacienda.

Tiene aire de ácrata.

Lo soy, porque ácrata viene de la negación del poder, y yo nunca le he dado a nadie mi permiso para que me dé órdenes. Por eso no voto, aunque la gente me lo recrimine. Yo no quiero tener razón, solo quiero que nadie me mande. Tampoco me gusta mandar. Siempre cuento esta anécdota, pero es real y fue crucial en mi vida. Mi madre, que era muy sabia y muy libre, tuvo un día un encontronazo con una autoridad local de Barcelona, y ella le miró y le dijo: yo soy libre porque lo decido yo, no porque me lo permita usted. Mi vida ha consistido en caminar por esos parámetros.

Mi modo de respirar es inventar. Soy joven porque tengo más planes que años, que es de lo que va la juventud

Pedro Ruiz

¿Esa actitud ha cambiado con los años o se mantiene igual?

Se mantiene, pero ahora es más fundamentada y amable. Al principio chillas un poco, aunque yo tampoco he sido muy follonero. Yo imitaba a Franco en la Facultad de Derecho de Barcelona con Franco vivo, pero lo hacía por inconsciencia. Luego me fui dando cuenta de que demasiada inconsciencia solo traía problemas.

¿El país está peor que cuando usted empezó?

En todas las facetas de la vida hay siempre tres fases: hambre, atracón y diarrea. Pasa en la política, en la economía, en el amor... Creo que ahora estamos en un momento de diarrea.

¿Ha tenido muchos encontronazos con el poder?

Muchos, pero nunca violentos, porque la violencia no va conmigo. Digamos que para la izquierda soy sospechoso y para la derecha, una molestia. Ambas cosas me honran. Esto no significa que esté a favor o en contra de unos o de otros, pero la palabra militante me horroriza. Cuando he tenido relación con algún político, siempre se lo he dicho: la diferencia entre nosotros es que tú quieres organizarme la vida, y yo a ti la tuya no.

Se han cumplido 50 años de la muerte de Franco. ¿Qué le parece que tantos jóvenes que no conocieron la dictadura digan hoy que con Franco se vivía mejor?

Llegamos al mundo si referencias y, a menudo, lo primero que nos cuentan se convierte en la agarradera para forjar nuestra personalidad. No debe haber olvido, pero tampoco manipulación, y a veces se manipula a la gente para que vuelva a la ira. Lo que veo es que nos pasamos la vida discutiendo con el pasado, planeando venganzas contra lo que hicieron unos, o poniendo monumentos a lo que hicieron otros. Tenemos un síndrome de Diógenes tremendo, no terminamos de soltar el lastre del pasado.

Reivindica mucho la libertad. ¿Ha cambiado el sentido de esta palabra desde aquellos años?

Yo cada vez la asocio más al concepto de amabilidad. Si el ejercicio de tu libertad jode la libertad de otro, entonces ya no me vale. Para mí la libertad consiste en ser amable contigo, aunque pienses distinto de mí.

Para mí la libertad consiste en ser amable contigo, aunque pienses distinto de mí

Pedro Ruiz

¿Es más difícil ser libre hoy que hace 40 años?

Ahora hay una dictadura soterrada, y no hablo de la política, sino de la dictadura digital. Lo saben todo de nosotros, y encima se lo hemos dado gratis. El dictador más tirano de la historia no ha tenido nunca el control sobre la población que hoy tienen sobre nosotros. Y ahí ves a la gente colaborando con alegría. Me parece demencial.

¿Por eso lleva un móvil pre-smartphone?

Sí, uso este teléfono antiguo que no lleva ni wasap. En casa tengo un smartphone, pero lo uso como si fuera una cámara, es mi herramienta de trabajo para las redes. Pero esta digitalización permanente de la vida no me gusta nada. Detrás hay un propósito inconfesable, aunque muy visible.

Entrevista a Pedro Ruiz.

Entrevista a Pedro Ruiz. / Xavier Amado

Pues espere a que la IA se desarrolle…

Yo soy de la IN: la ignorancia natural. Es sabido que unas gotas de limón sobre un grupo de almejas las lleva a encogerse. Lo que manejan esto saben qué gotas tienen que soltar entre nosotros para que dejemos de reflexionar y nos dediquemos a reaccionar. Nos quieren polarizados porque así nos manejan mejor.

Llevaba más de una década, sin ir a actuar en Barcelona. ¿Por qué?

Estuve cuidando a mi madre al final de su vida y la experiencia duró 16 años. Pero hay más factores. Yo no tengo padrinos, ni socios, ni valedores oficiales. Soy un tipo solitario, pero no me quejo, porque lo he elegido yo. No quiero ir de la mano de nadie, y esto, inevitablemente, me dificulta acceder a teatros oficiales. Lo cierto es que no me niego a ir a ningún sitio. Si me dejan decir lo que pienso, me da lo mismo hacerlo en 13-TV que en Canal Red. No quiero convencer a nadie, pero tampoco estoy dispuesto a que me convenzan.

¿Qué siente cuando vuelve a Barcelona?

Que vuelvo a mi casa, que es mi infancia. Todo se forja en la infancia, el resto de la vida consiste en ir saldando las cuentas que llevas dentro. A mí Barcelona me ha tratado muy bien. Aquí estudié Derecho, aunque no acabé la carrera, y he tenido casa hasta hace cuatro años, que la vendí. Echo mucho de menos el mar. Las cenizas de mi madre están frente al Garraf, mar adentro.

¿Cómo ve a Cataluña?

Viví el ‘procés’ con la convicción de que ninguna de las partes enfrentadas se había preocupado nunca por mí, así que me dije: que se apañen. El día de la DUI debutaba en el Casino de Barcelona y creo que nunca he trabajado para un público más triste. No entro en temas políticos. Entiendo los derechos de unos y sus reivindicaciones, pero creo que la Tierra no es independiente del sol, ni el sol lo es de la galaxia, ni la galaxia lo es del universo. Me entristece ver que aquel enfrentamiento, alimentado por motivos tan sucios, haya llevado a personas a dejar de hablarse.

Cuando vuelvo a Barcelona siento que vuelvo a mi casa, a mi infancia. Todo se forja en la infancia, el resto de la vida consiste en ir saldando las cuentas que llevas dentro

Pedro Ruiz

¿Esa herida se puede restañar?

No sé. Como le digo, todo es hambre, atracón y diarrea, y no sé en qué fase estamos en ese tema. El hombre es un chimpancé mal acabado que, llegado un momento, se hizo tres preguntas: ¿de dónde vengo?, ¿quién soy? y ¿hay alguien arriba? Para darle una respuesta, inventó la religión. Con las patrias pasa lo mismo. Al final, ese chimpancé acaba creyendo que eso que le han contado es la verdad. Yo no digo que no tenga algo de verdad, pero toda la verdad no es.

¿Diría que ha conseguido ser un hombre libre?

Bastante. Bueno, la decisión de no tener hijos me ha ayudado, porque los hijos son un engarce con la vida que implica responsabilidades y obligaciones.

¿Fue una decisión consciente?

Sí, la tomé con diez años, lo recuerdo perfectamente. Hice la comunión en mi calle, en la plaza Adriano, en el barrio de Sant Gervasi de Barcelona. Iba vestido de marinerito. Recuerdo que me fui a jugar a la plaza y allí vi a varios hombres de 80 o 90 años con el caliqueño, el bastón, la boina y sin hablar. Y entonces me dije: si es así como acaba esta película, no pienso invitar a nadie a protagonizarla, porque ese final no me gusta.

¿Entonces la vida no es maravillosa?

A ratitos. Yo no me puedo quejar. Me encuentro bien y no he pasado ni una noche ingresado en un hospital. Pero observando la vida en su conjunto, no puedo evitar pensar: ¿qué sentido tiene esto? Demasiado esfuerzo para nada. Los creyentes tienen una ventaja, porque atraviesan el desierto de la vida con una cantimplora, que es la fe. Si resulta que al final no existe ese oasis, al menos han ido bebiendo durante el camino. Pero los que no tenemos esa cantimplora, no bebemos agua ni ahora ni después.

¿Le angustia pensar en la muerte?

No, porque no tengo ningún mal recuerdo de cuando no estaba aquí. Del rato de vivir tengo buenos y malos recuerdos, como todo el mundo. En mi epitafio quiero que pongan tres palabras: perdón, gracias y adiós. Y no quiero capillas ardientes ni tanatorios. Que cuenten chistes conmigo de cuerpo presente, donen lo que se pueda aprovechar y arrojen mis cenizas al mar o a la montaña, me da igual.

En mi epitafio quiero que pongan tres palabras: perdón, gracias y adiós. Y no quiero capillas ardientes ni tanatorios

¿Cree que tiene que pedir perdón?

Imagino que alguna vez habré dicho cosas que sentaron mal a alguien. No era mi propósito, pero algunos tenemos la boca muy suelta y otros la piel muy fina. Qué le vamos a hacer, nadie tiene un termómetro en la boca.

¿Qué imagen cree que tiene el público de usted?

No sé, supongo que la de un bicho raro. A mí, ni raro ni bicho me ofenden. Soy una errata del sistema.

Aparte de este espectáculo, ¿en qué más anda?

Estoy pensando en volver a hacer televisión, si me dejan. Yo presento proyectos todos los años, pero no tengo ni padrinos ni socios. Esto lo digo sin dolor. Siempre me he visto en la tele pública, las privadas no me gustan mucho. Ahora estoy en negociaciones con una cadena. El problema es que ya no hay autores en televisión.

¿Qué programa haría?

Estoy en un momento de concordia, no de polémica. No tengo el menor interés en la discusión, solo tengo interés por la pomada. No la pomada de trincar, sino la de curar heridas.

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