Cómic
Lafebre reúne neonazis, salud mental y el secuestro de una joven estrella del fútbol en su nuevo cómic
El dibujante vuelve a ambientar en Barcelona, su ciudad, la segunda aventura detectivesca de su magnética psiquiatra bipolar. "La guerra contra el fascismo nunca se acaba. Nació en los años 30 y los fascistas nunca se han ido, y están creciendo. Hay que luchar contra ellos", recalca
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Viñeta de 'Soy un ángel perdido'. / Jordi Lafebre

"La guerra contra el fascismo nunca se acaba. Nació en los años 30 y los fascistas nunca se han ido, y están creciendo. Hay que luchar contra ellos. Yo crecí viendo cómo Indiana Jones luchaba contra los nazis. ¿Era el momento de hablar de ello? Nunca ha sido el momento de no hacerlo. Pero no quería que en mi carrera no saliera el tema, al menos en un libro, aunque fuera a mi manera, un poco con la broma, mostrando a los neonazis como una pandilla de gamberros y pasmarotes. No hay intención política, pero los libros me permiten dejar claro lo que pienso y siento. Y del enfado surge una energía muy creativa para un autor". Rotundo se expresa el dibujante de cómic barcelonés Jordi Lafebre (1979) sobre uno de los temas que aparecen en la segunda detectivesca aventura de la joven psiquiatra bipolar Eva Rojas. Tras ‘Soy su silencio’, este personaje magnético, brillante, caótico, impredecible y desinhibido sigue ‘enamorando a la cámara’ en ‘Soy un ángel perdido’ (Norma; también en catalán).
Es el tercer cómic en solitario de Lafebre -el primero fue la deliciosa historia de amor ‘Carta blanca’ (2021, publicada en 15 países)-, cuya carrera ya estaba sólidamente consolidada como dibujante con títulos como ‘Lydie’, 'La Mondaine' o ‘Los buenos veranos’, con el guionista Zidrou. En las primeras viñetas de ‘Soy un ángel perdido’ aparece en Barcelona un neonazi muerto, con la cabeza metida en un bloque de cemento. En paralelo, han asesinado a una prostituta trans y ha desaparecido un joven paciente de Eva: un futbolista, estrella del club más famoso de la ciudad. Léase en Barça, aunque el dibujante no lo cite expresamente, para "no caer en lo anecdótico", e inspirado en el secuestro de Quini en 1981 que el autor aún recuerda.

Eva Rojas, en una viñeta de 'Soy un ángel perdido'. / Jordi Lafebre
Manteniendo la trama policial y el espacio para el humor, como en la primera entrega -no descarta una tercera-, el otro tema central y sobre el que Lafebre construye la serie es la salud mental. Eva Rojas es psiquiatra pero también se sienta en el diván de un colega, frente a la inspectora Merkel y el detective de la policía García, para intentar explicar, a su manera, el lío en que se ha metido. Sufre un trastorno bipolar y sigue escuchando en su cabeza las voces de tres de sus antepasadas de la familia -"es un guiño a las brujas de ‘Macbeth’"-. Esta vez, con especial protagonismo de la que fue miliciana republicana y murió en el frente. Es, dice, su pequeño homenaje a aquellas "mujeres excepcionales que se alistaron voluntariamente para combatir el fascismo de la Guerra Civil, que aún está ahí". "Eva sufre un episodio de euforia bipolar y vive una semana totalmente loca durante la que resuelve un crimen -añade-. Hay más espacio para hablar de su madre, internada en un psiquiátrico, y de la herencia incurable de Eva, y de cómo conllevar una enfermedad mental".

El dibujante de cómic Jordi Lafebre, este febrero en Barcelona. / Pau Gracia
"Eva responde sin filtros, y no estamos acostumbrados a eso. Dice verdades como un templo, responde tal cual. Tiene la capacidad de ser muy, muy transparente cuanqo quiere y, a la vez, esconder lo que no quiere contar", detalla Lafebre.

Página de 'Soy un ángel perdido'. / Jordi Lafebre
El escenario de ‘Soy un ángel perdido’ vuelve a ser Barcelona. "Tenía claro que quería hacer un ‘thriller’ policial en mi ciudad, la ciudad que conozco, donde sentimentalmente he crecido. Soy de Sants, donde tengo recuerdos en cada esquina. Mi subsuelo creativo está ahí. Scorsese habla de Nueva York y yo, de mi ciudad. Y tengo la suerte de que Barcelona es sexy y atractiva para quien viene de fuera, es la ciudad más posmoderna y deslumbrante que un turista puede visitar. Además guarda una tradición literaria enorme, es la Barcelona de Vázquez Montalbán y de Mendoza", recuerda.

Página de 'Soy un ángel perdido'. / Jordi Lafebre
Lafebre dibuja primero a lápiz y luego se ayuda de la tecnología, de diversos programas de ordenador de color y 3D. "En el mundo del cómic nos da cosa decir que usamos la tecnología, en cambio, en el cine están orgullosos de hacerlo. En el cómic resulta útil, pero -recalca- en mis libros no hay ni un gramo de IA. La detesto profundamente y abogo porque se erradique".

‘Soy un ángel perdido’ / ‘Sóc un àngel perdut’
Jordi Lafebre
Norma Editorial
Traducciones: Eva Reyes de Uña / Andrea Jofre
128 páginas
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