Arte
Una exposición en La Pedrera recupera al grupo de los nabís, el eslabón perdido entre el impresionismo y las vanguardias
La muestra, organizada por la Fundació Catalunya La Pedrera con el apoyo del Musée d'Orsay, rescata a un círculo de artistas no demasiado conocido que desde París ejerció de bisagra entre los siglos XIX y XX

Una mujer observa el cuadro fundacional del grupo de los nabís, 'Le talisman' (1888), de Paul Sérusier / Fundació Catalunya La Pedrera

Pintado por Paul Sérusier en 1888 bajo la tutela de Paul Gauguin, el cuadro 'Le talisman. Paysage au bois d'Amour' fue la obra fundacional del grupo de los nabís, activo entre, precisamente, 1888 y 1900 y una especie de eslabón perdido, no muy conocido al menos, entre el impresionismo y las vanguardias. "'Le talisman' es una pintura que concentra casi todos los principios del colectivo", explicó este jueves Isabelle Cahn, la comisaria de la muestra 'Los nabís: de Bonnard a Vuillard', en La Pedrera hasta el 28 de junio. A saber: formas y colores simplificados al servicio de una abstracción formal que trascendiese la realidad. Junto con el posimpresionismo de Gauguin, la otra gran influencia de los nabís fueron los simbolistas, con Mallarmé y su máxima de que los poemas no tienen que explicar sino sugerir a la cabeza.
Nabís deriva del hebreo 'neviim', que significa profetas. Pese al nombre con el que se bautizaron, no eran los nabís un grupo dogmático ni sectario, de hecho no eran ni un grupo oficialmente constituido, por lo que la obra de los miembros del círculo siguió diversos caminos. Les unía la voluntad de crear un arte nuevo. No es del todo cierto que no fueran sectarios. Les fascinaban el esoterismo y la espiritualidad. Como a un sacerdote de un culto secreto o algo así retrató Sérusier a Paul-Élie Ranson. "Era un poco comedia", dijo Cahn. Pero no del todo.

La comisaria de la exposición, Isabelle Cahn, ante el cuadro 'Deux femmes sous la lampe' (1892), de Édouard Vuillard / Fundació Catalunya La Pedrera
Con el apoyo del Musée d'Orsay
La muestra, organizada por la Fundació Catalunya La Pedrera con el apoyo del Musée d'Orsay, se divide en nueve ámbitos temáticos. En el primero de ellos se nos presenta al círculo de los nabís, inicialmente formado por Sérusier, Ranson, Pierre Bommard, Édouard Vuillard y Maurice Denis, a los que más tarde se unieron Henri-Gabriel Ibels, Georges Lacombe, Aristide Maillol, József Rippl-Rónai, Ker-Xavier Roussel, Félix Vallotton y Jan Verkade. El segundo, 'Una revolución estética', tiene como elemento central el citado 'Le talisman', a partir del que se perfilaron dos tendencias dentro de los nabís: una marcada por el esoterismo o el catolicismo y otra consagrada a temas de la vida moderna y a la expresión de la psicología. Ambas corrientes rechazaban el naturalismo y estaban seducidas por las estampas japonesas que empezaban a llegar a París.
Trepidante París
El apartado 'La vida parisina' está dedicado ya saben a qué, con énfasis en la vida callejera, los oficios, la moda, los cafés o los carteles publicitarios, "marca de una ciudad trepidante", en palabras de la comisaria. En 'Teatro, música y espectaculos' se refleja tanto el interés de los nabís por la cartelería de espectáculos y la representación de artistas y público en teatros, circos y cafés concierto, como la dimensión íntima, doméstica del placer de la música.
El la sección 'Simbolismo. Entre esoterismo, sueño y misticismo' aflora una dualidad. "Una parte de su cerebro está en su época y otra, en un mundo pasado idealizado", ilustró Cahn. Del mismo modo que hay una sacralización de la mujer y los bosques, hay una potente, si bien chirriante en el presente, serie de Ranson dedicada a brujas. La comisaria la relacionó con la entonces bastante común sífilis: "Representan esas mujeres la tentación que podía provocar la enfermedad".

Un espectador contempla 'Méditerranée' (1895), de Aristide Maillol / Fundació Catalunya La Pedrera
Escenario ideal
'Paisajes y jardines' observa la vida cotidiana en dichos espacios, sobre todo en parques urbanos, mientras que 'La decoración moderna' deja constancia del interés de los nabís por las artes aplicadas a través de vajillas de porcelana, papeles pintados, biombos o estatuillas decorativas. Algo muy característico del 'art nouveau', con el que los 'profetas' coindieron en el tiempo. En este sentido, es perfecta la rima entre la exposición y el espacio que la acoge, La Pedrera, de Antoni Gaudí.
En 'Una representación de la vida cotidiana' los nabís se muestran bastante carcas al pintar el ámbito doméstico esencialmente como el espacio donde las mujeres hacen labores del hogar, cosen y cuidan de niños. Por último, el capítulo 'Mediterráneo' está consagrado al rosellonés Maillol, nabí de refilón antes de convertirse en escultor con un lenguaje propio caracterizado por desnudos femeninos hieráticos y de formas generosas y robustas.
Suscríbete para seguir leyendo
- Sonia Pernas, oncóloga: 'En cáncer de mama precoz muchas pacientes siempre sienten la espada de Damocles
- Francia repatria su oro de EEUU y se distancia (aún más) de la Administración Trump
- El último truco de las estafas telefónicas: “Me ha faltado al respeto, el departamento de penalizaciones le multará con 185 euros
- Rosalía, la fulgurante estrella catalana que más brilla en Estados Unidos
- Tania García, educadora, sobre las consecuencias de dormir con tus hijos: 'El cerebro infantil obtiene todo lo que necesita”
- El rincón de Castelldefels que está ya en la historia de la televisión gracias a un 'hit' de Netflix
- Cuando Rosalía era todavía Rosalía Vila: del club de jazz al tablao flamenco en sus trepidantes años previos del fenómeno
- Los astronautas de la misión Artemis piden 'unidad en la Tierra' tras volver de su misión a la Luna: 'Este planeta es nuestro bote salvavidas