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Ciclo Cruïlla Hivern

Maika Makovski: "Eran los tíos los que cogían las guitarras eléctricas, y yo no quería ser la chica de la guitarra acústica"

La cantante mallorquina celebra su 20ª aniversario de carrera, este miércoles en el Palau, con un concierto que describe como "un bodorrio gitano", con muchos invitados, como Christina Rosenvinge, Mikel Erentxun y Howe Gelb

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona.

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona. / MANU MITRU

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Hace algo más de 20 años, Maika Makovski movía una maqueta en CD con 13 canciones que entregaba en mano a los críticos musicales del país. No se puede decir que su despegue en la música fuera un accidente, sino algo buscado con perseverancia. “Cuando hice mi primer disco ya llevaba diez años escribiendo canciones, desde los 12, y tenía un centenar”, explica. Salió por fin ‘Kradaw’ (septiembre de 2005), un álbum de rock crudo, influido por el eco del grunge y el rock alternativo de los 90, un imaginario que ha seguido orientando su brújula más allá del sonido, en términos de ética musical: “Todavía siento que hay una raíz de aquello en mi manera de hacer, en lo que considero digno e indigno”.

Maika Makovski hará este miércoles en el Palau (ciclo Cruïlla Hivern) algo que nunca ha hecho, mirar hacia atrás, en un concierto de 20º aniversario que se grabará y en el que contará con los integrantes de todas sus bandas pasadas y con colegas como Christina Rosenvinge, Mikel Erentxun, Howe Gelb (de Giant Sand), Anni B. Sweet, Nina de Juan (Morgan), Paul Fuster, el Quartet Brossa, Los Zigarros... “¡Todo un bodorrio gitano!”, ríe ella. “Yo nunca he sido de llamar para colaborar. Es gente con la que tengo buena onda, que me gusta y a la que no pongo en un aprieto al hacerle cantar en inglés”.

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona.

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona. / MANU MITRU

El camino correcto

Elegir esa lengua desde el minuto uno de su carrera hizo las cosas un poco más difíciles. “Aquí cantar en inglés es complicado”, asiente. “Pero me viene por educación. Además, en mi adolescencia, necesitaba que mis padres no me entendieran y el inglés me daba libertad”. Se refiere a sus tiempos en un internado suizo. “Me da mucha vergüenza hablar de él, porque parece que venga de una familia que está forrada, y no es el caso”.

Hija de músico, el multinstrumentista macedonio Vangel Makovski, adoptó la guitarra eléctrica a contracorriente. “Eran los tíos los que cogían las guitarras eléctricas, pero yo quería conquistar ese terreno”, subraya. “El guitarrista de una de mis bandas me decía que yo no tenía nivel. Y yo no quería ser la chica de la guitarra acústica”.

La ética punk le marcó un camino, y se muestra algo contrariada con la evolución de los tiempos. “Para mí, no todo vale y es importante ir por el camino correcto. Vivimos una época que entra en conflicto con todo aquello: ¿te imaginas a Kurt Cobain haciéndose un selfi?”. Pero, en su caso, no hay dilema posible. “No tengo opción de hacer las cosas de otro modo. Hay gente que se adapta al mercado y eso no tiene consecuencias en su alma, en su mente. Para mí, sí las tendría”. Ha dado negativas a propuestas publicitarias. “Incluido un banco. Pero Xarim (Aresté, exmiembro de su banda) me dijo una vez que, si te sientes más pobre con el dinero en la mano que sin él, ese es un buen indicador”.

Síndrome del impostor

Tras ‘Kradiaw’ y su sucesor, ‘Kraj so koferot’ (2007), vino un “salto cualitativo” con ‘Maika Makovski’ (2010), álbum producido por John Parish, cómplice de PJ Harvey). “No me lo podía creer. Tenía el síndrome del impostor a flor de piel y estuve toda la grabación con un tic en el ojo”, confiesa. Puso un pie en el teatro con ‘Desaparecer’ (2011), iniciando un período de colaboraciones con Calixto Bieito y trabajando también con Carme Portacelli. “Fue maravilloso, porque también me gusta estar en un segundo plano”.

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona.

Maika Makovski, el pasado 19 de febrero en Barcelona. / MANU MITRU

Y el batacazo: un mánager “estafador” la dejó aturdida, coincidiendo con la ruptura de su banda de músicos. Un golpe económico, “pero fue peor incluso a nivel personal, porque la relación que se crea con un manager es de familia”, hace notar. “Falsificó mi firma, mintió a conciencia... Cosas muy feas. Es ciudadano de las islas Caimán, ¿qué más puedo decir?”, apunta ya desenfadadamente desde la distancia. Le dedicó la canción ‘Bulldog’, del álbum ‘Chinook wind’ (2016).

Ha sido presentadora de un programa de televisión, el musical ‘La hora musa’, de TVE, entre 2018 y 2021 (“¡quién me lo hubiera dicho, con lo tímida que he sido!”) y su última noticia discográfica es ‘Búnker rococó’, donde cita el rock con la electrónica robusta y los arreglos de cuerda. Siempre avanzando y transformándose de un álbum a otro. “Yo amo la música y no sé por qué la música tiene que estar sujeta a casillitas”, estima Maika Makovski, que después de haber vivido largamente en Barcelona (y en Madrid, y en Nueva York) ha vuelto a Mallorca. “Hay una parte de la isla que me cuesta, esa calma autóctona. Pero ahí siempre he podido escribir mucho, y sé que estoy en casa”.

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