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Entrevista

Eva Baltasar: "Un insulto es una manera políticamente correcta de matar"

La autora catalana regresa con 'Peixos', inquietante novela que explora el maltrato, la adicción y los efectos de la adoración extrema a través de la relación entre una escritora y una vendedora ambulante

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Eva Baltasar, fotografiada antes de la entrevista

Eva Baltasar, fotografiada antes de la entrevista / Pau Gracià

David Morán

David Morán

Barcelona
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Dos mujeres, un flechazo inesperado a pie de caravana y un romance salvaje y visceral que, como la canción de Neil Young, prefiere arder antes que apagarse lentamente. Ocaso y fascinación, sí, pero al revés. Primero la luz, después la barra libre de tinieblas. La quinta novela de Eva Baltasar (Barcelona, 1978), leemos en la contraportada, es una "novela de amor", pero cualquiera que se haya acercado a la obra de la catalana sabe que esa simple frase puede contener universos enteros; mundos generalmente incómodos y violentos en los que los personajes acaban devorándose los unos a los otros. Algo así ocurre en 'Peixos' (Club Editor), novela con la que la autora de 'Permagel', 'Boulder' y 'Mamut' explora el maltrato, la adicción y los efectos de la adoración extrema a través de la relación, colisión más bien, entre una escritora sin nombre y Victòria, una inquietante vendedora ambulante de vino y fritura de pescado. Como reconoce la narradora, "hay algo en el hecho de conocer a Victòria, de amarla y ser la amante, que me ha estropeado".

Así que una historia de amor, ¿no?

Sí, ¿no? Solo que un poco monstruosa. Va degenerando, pero no deja de ser una relación en la que la protagonista, la narradora, siente que está destinada a amar a alguien y empieza a construir este amor y a adorar a esta persona. Supongo que hoy en día se hablaría de amor tóxico, que a mí es un concepto que tampoco me interesa demasiado.  

¿Y eso?

Quizá por la palabra. Me parece muy moderna y yo me siento un poco abuela en estas cosas. Claro que es una relación tóxica, porque te acaba envenenando, pero en este caso sería monstruosa, porque te acaban mostrando un personaje que es bastante monstruoso y que aparte de esa monstruosidad también corresponde a la narradora. Al final, las heridas que tenemos todos, heridas de infancia, son las mismas, y que otra persona te preste atención, te está eligiendo... Eso alivia mucho el dolor. Y cuesta mucho renunciar al alivio de ese dolor, aunque también te estén maltratando. 

¿Cómo llega a 'Peixos'? 

Creo que a partir de la segunda parte de 'Ocàs i fascinació’, en la que una de las lecturas era un poco erótica. Me di cuenta de que me gustaría escribir una historia de amor en la que realmente uno de los personajes fuera muy adorado, que es lo que pasa cuando nos enamoramos. Siempre que empiezo una novela nueva arrastro algo de la anterior, seguramente porque no quiero soltarla.

Si es monstruoso, entonces no es amor. Tú lo puedes haber vivido como una relación amorosa, pero en el fondo ha sido un simulacro que seguramente te acerca a lo que es un amor de verdad"

Se mantiene también aquí cierta sensación de intemperie, de soledad, encarnada en esa narradora que, como la protagonista de 'Ocàs i fascinació', tampoco tiene prácticamente entorno. Por no tener, no tiene ni nombre.  

Como son historias en primera persona me resulta más fácil no ponerles nombre. También es una manera de identificarme más con ellas. No soy yo, claro, pero aquí he hecho el juego de hacerla escritora. A ver ahora qué pasa en los clubs de lectura, porque existe la tendencia de creer que lo que explican las narradoras lo estoy explicando yo, que es mi propia vida. En este libro, además, hablo mucho de escritura y del hecho de escribir, así que será muy divertido cuando vengan y pregunten si de verdad me ha pasado esto.

"Creo que alguien te ha de decir que no eres tan buena escritora como crees", le suelta Victòria a la protagonista después de decirle que ha leído "sus novelitas".

Es su manera de querer y también de maltratar. Va a atacar donde más duele. No hace mucho releí 'El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde’ y pensaba que, de algún modo, la protagonista puede que esté amando una parte muy oscura de sí misma. Es como hubiera proyectado todo lo oscuro que tiene en la figura de esa persona que está adorando, alguien que evidentemente es real pero con quien yo juego mucho. ¿Qué quiere decir que no se refleje en los espejos? ¿O que diga que es una muerta, una resucitada que ya vivía siglos atrás? Me gusta mucho más jugar cuando escribo. 

Retrato de la poeta y escritora Eva Baltasar

Eva Baltasar, fotografiada antes de la entrevista / Pau Gracià

¿También llevar al lector al límite?  

¡Y a mí misma! Escribir es una forma de conocer, y la parte que brilla más, la que te gusta, ya la tienes vista y conocida. Le gusta a todo el mundo, así que había la voluntad de ir hacia una parte más oscura. Victòria es una mujer que la acaba succionando y deglutiendo, la está aniquilando. La escritura, al final aparece como aquello que te puede salvar.

La figura del escritor, que no es nada romántica. Cuando voy a clubs de lectura acabo comiendo en gasolineras, como cualquier camionero"

De hecho, la narradora empieza a escribir no tanto para entender lo que pasa, sino para recuperar el control. 

Exacto. Se dice "esto no está yendo bien, haré que la escritura se avance de la vida, haré que, tengo que cambiar el final de esta historia que veo que me va a destruir". A mí, por ejemplo, escribir me permite reflexionar sobre cosas a las que solo pensando no llego. Me ayuda a estructurar, me da capas de profundidad superiores a la divagación del pensamiento. Ha sido una manera de profundizar en mi manera de relacionarme y entender el amor. 

¿Qué le atrae de esa violencia soterrada que atraviesa toda la novela?

Es que es algo que tenemos todos. Un insulto es una forma políticamente correcta de matar: te insulto porque no te mataré, y en el fondo quizás tampoco quiero, pero sí que hay un deseo de hacer daño. En 'Mamut' ya había mucha violencia, mucha crueldad. Lo mismo en 'Ocàs i fascinació'. Y aquí, también. Será un tema mío, pero hay muchas relaciones que son violentas. Las relaciones de poder lo suelen ser, hay mucho abuso. 

Todo esto articulado a través de una adicción podríamos decir que triple: al alcohol, al amor y a la propia escritura. 

La adicción al alcohol convierte a Victòria en un ser monstruoso, y la protagonista tiene una adicción igual en ese amor, que la está intoxicando igual que el alcohol intoxica a Victoria y la relación. Las adicciones son muchas y variadas, y todas te pueden hacer mucho daño. De algún modo, también Victòria es adicta al amor, está extrayendo luz de la protagonista. Todas son monstruosas, a su manera. Todos lo somos. 

Entonces, ¿el amor acaba siendo algo monstruoso?

Si es monstruoso, entonces no es amor. Tú lo puedes haber vivido como una relación amorosa, pero en el fondo ha sido un simulacro que seguramente te acerca a lo que es un amor de verdad. 

Retrato de la poeta y escritora Eva Baltasar

Eva Baltasar / Pau Gracià

¿De dónde sale un personaje tan inquietante y oscuro como el de Victòria?

Es un personaje muy romántico, pero de romanticismo del XIX, alguien con quien muy difícilmente te podrás encontrar, porque a la que entras en contacto con ella tu mundo desaparece. Te lleva a otro sitio, un lugar antiguo donde todo es vivido con hedonismo y opulencia decadente.

Por una vez en mucho tiempo, la escritora no es el agente del caos, sino quien lo sufre. 

Aquí se normaliza mucho la figura del escritor, que no es nada romántica. Cuando voy a clubs de lectura acabo comiendo en gasolineras, como cualquier camionero. Al final, transportamos mercancías de un lado a otro. Aquí el romanticismo se lo damos a la vendedora de pescado. 

¿Cómo vive usted esta parte de la escritura, la de los viajes promocionales, las presentaciones y los clubs de lectura?

No es lo que más me gusta, pero lo disfruto. También me deja descansar, porque estar todo el año escribiendo quizá no lo soportaría. Eso sí: son momentos en los que dejo de escribir, porque cuando hay tanta exposición pública me cuesta entrar y salir de un libro. Ahora, por ejemplo, venía en el autobús releyendo 'Peixos', porque ya estaba escribiendo otra novela. 

Se le acumula el trabajo: en abril se estrena la adaptación teatral de 'Permagel'  

Será divertido. La espero con curiosidad, porque no he intervenido en nada. Mi aportación es es el libro. Seguro que Victoria Szpunberg hará algo espléndido. Estoy expectante.  

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