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Entrevista

Nick Hornby: "Olvidamos con frecuencia que el impulso artístico también nace de la necesidad económica"

El británico, autor de 'Alta fidelidad' y 'Fiebre en las gradas', conecta la vida y obra de Charles Dickens y Prince en un ensayo que es una apasionada celebración de la cultura popular

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El escritor Nick Hornby, en una imagen promocional facilitada por su editorial

El escritor Nick Hornby, en una imagen promocional facilitada por su editorial / Parisa Taghizadeh

David Morán

David Morán

Barcelona
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Nick Hornby (Maidenhead, 1957) lleva más de seis años sin publicar una nueva novela, pero nadie podrá acusar al autor de 'Alta fidelidad' y 'Fiebre en las gradas' de holgazán y perezoso: en todo este tiempo, el autor británico ha escrito las dos temporadas de la serie 'State of the Union', ha seguido con atención todos y cada uno de los partidos de su adorado Arsenal y, más importante aún, ha enviado a imprenta un delicioso ensayo que explora en paralelo y deteniéndose en asombrosas similitudes la vida y obra de Charles Dickens y Prince. "¿Qué podemos aprender al observar a dos artistas, ambos 'sui generis', que tenían, literalmente, más talento del que les correspondía por justicia? ¿Qué hicieron con él? ¿Los dañó de alguna forma?", se pregunta Hornby en las páginas de 'Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular' (Anagrama).

Para responderlas, el novelista discómano por excelencia ha escarbado muy hondo en su propio pasado y, qué menos, ha dedicado horas, prácticamente días enteros, a la apabullante y frondosa reedición de 'Sign o’ the Times' que Warner puso en circulación hace unos años. También ha pasado semanas, años incluso, resistiéndose a leer 'Barnaby Rudge', la única obra del novelista británico que tiene pendiente. "Uno de sus biógrafos me dijo que no valía la pena, así que prefiero releer alguno de los otros", justifica Hornby al otro lado de la pantalla. 

Me pregunto qué cara debieron poner sus editores cuando apareció con la idea de un libro sobre las vidas paralelas de Prince y Dickens. 

No dije nada, al menos al principio, porque no sabía que se convertiría en un libro. En un momento dado, pude enviarles una parte y decir: "esto es lo que estoy haciendo, ¿Os interesa?". El punto de inflexión fue darme cuenta de que había mucho más que decir aparte de que los dos trabajaron prácticamente sin descanso. Estaban las mujeres, las relaciones con los editores y las compañías discográficas… Fue ahí cuando nació el libro. 

Explica en el libro que su relación con los dos empezó prácticamente al mismo tiempo, mientras estudiaba en la universidad. 

Los descubrí con un par de años de diferencia, sí. Uno era un escritor victoriano famoso y el otro una nueva estrella del pop, así que, evidentemente, no hice ninguna asociación entre ellos en aquel momento, pero irrumpieron en mi conciencia al mismo tiempo. Durante los años 80 leía cada vez más Dickens y escuchaba todos los discos de Prince a medida que iban saliendo. 

No concibo un libro de 500 páginas en el que nadie haga un chiste; incluso en un funeral alguien se reirá en algún momento”

Para usted, asegura, fue esencial no haber leído ni una palabra de Dickens hasta los 21 años. 

Está esa cita de Orwell que dice que, cuando era un crío, pensaba que 'David Copperfield' la había escrito un niño porque estaba muy cerca de su propia experiencia infantil, pero ningún niño del siglo XXI pensará eso. Al contrario: dirá que es enorme, que tiene muchísimos personajes. Si tienes 14 o 15 años, eres demasiado joven para disfrutarlo. Físicamente puedes leerlo, pero no creo que te haga reír ni que te emocione. Yo solía enseñar inglés a niños y pasaba lo mismo con Shakespeare: todos tenían que estudiarlo y ninguno entendía ni una palabra. 

¿Y qué hay de Prince? ¿Cómo lo descubrió? 

Un amigo me puso su primer disco cuando salió y digamos que me impresionó, pero no como sus trabajos posteriores. Con '1999' ya pensé que el tipo tenía algo diferente. 

Tanto Prince como Dickens forman parte de un club al que usted bautiza como 'Mi gente'. Por ahí están también Kurt Vonnegut, Mavis Staples, Rickie Lee Jones y Dave Eggers, por citar unos pocos. ¿Qué hay que hacer para formar parte de él? 

En los dos se da esa combinación de excelencia artística, accesibilidad y popularidad, que para mí es muy interesante. Me interesan mucho las personas que de algún modo consiguen hablar directamente a grandes cantidades de gente. Creo que la música que más escucho siempre puedo rastrearla hasta Elvis, James Brown o Duke Ellington. Si no puedo oír a ninguno de esos en ello, entonces me interesa menos. Y obviamente, con Prince, están más o menos los tres al mismo tiempo. Con los libros quiero personajes, narración. Una mezcla de humor y patetismo. Con mucha ficción literaria, el humor puede ser un problema. Digamos que no hay demasiados libros divertidos que hayan ganado el Booker.

El humor es precisamente una de las cosas que dice que más le impresionó de Dickens. 

Sí, no tenía ni idea de que el canon literario inglés tendría chistes. Siempre he creído que los libros que no contienen humor no se parecen a la vida, porque usamos el humor todos los días de nuestra vida. Si vas a un funeral, alguien se reirá en algún momento. No concibo un libro de 500 páginas en el que nadie haga un chiste. 

En Prince y Dickens se da esa combinación de excelencia artística, accesibilidad y popularidad, que para mí es muy interesante. Me interesan mucho las personas que de algún modo consiguen hablar directamente a grandes cantidades de gente"

Prince y Dickens, decía, trabajaron prácticamente sin descanso. ¿Fue eso una consecuencia de su propio genio o porque los dos venían de entornos precarios y empobrecidos? 

Creo que es una mezcla de ambas cosas. Claramente tenían una imaginación interminable e incontrolable. De hecho, los dos tenían problemas de sueño y por eso eran capaces de escribir más que el resto de nosotros. Dickens tenía mucha gente a su cargo, tenía que ganar dinero para mantenerlos. Olvidamos con frecuencia que el impulso artístico también nace de un imperativo financiero y una necesidad económica. Shakespeare, por ejemplo, tenía que mantener una compañía de teatro. Prince quizá no tuviese tanta gente a su cargo, pero su ética de trabajo era fenomenal. Esa idea de tomarse 15 años entre libro y libro es una idea muy moderna y, por supuesto, muy privilegiada.

¿Es posible imaginar creadores así en la cultura de nuestro tiempo? ¿Se pueden intuir nuevos genios como estos en el horizonte? 

Creo que sí, aunque con los libros va a ser más difícil, porque no hay duda de que la gente leerá menos libros. Yo soy de una generación en la que desarrollé el hábito de leer porque me aburría muchísimo gran parte del tiempo. Estoy agradecido por tener ese hábito de lectura, pero ojalá no me hubiera aburrido tanto. Mis hijos no leen libros y no están aburridos. Probablemente es bueno que no estén tan aburridos como yo cuando era niño. Y no sé si me preocupa que no lean, porque saben mucho más sobre el mundo de lo que yo sabía cuando tenía su edad. Saben mucho sobre la actualidad leyendo alertas de noticias en el móvil y este tipo de cosas. Así que se han perdido algunas cosas y se han ganado otras. Siempre es lo mismo, cada nuevo periodo de la historia. No es mejor ni peor. Simplemente es diferente. 

No sé esto explica que últimamente haya estado más interesado en trabajar en series y en guiones que en escribir novelas. 

Estoy escribiendo una nueva novela sobre fútbol y apuestas basada en un caso real que pasó en Inglaterra hace unos diez años. Hice mucho trabajo de cine y televisión, sí, pero ahora el cine independiente lo está pasando muy mal y las plataformas controlan las películas que se hacen. Así que quiero volver a escribir libros, porque es una relación muy directa. No hay tantos intermediarios ni tantos cambios de moda y tecnología. 

Antes de acabar, ¿con qué libro de Dickens y disco de Prince se quedaría? 

De Prince, 'Sign O' The Times'. Lo tiene todo. Y De Dickens, 'David Copperfield'. Con Dickens siempre tienes el problema de las mujeres mal escritas. Era muy sentimental con ellas. Pero 'David Copperfield' es autobiográfico, es divertido y los personajes son increíbles.

Vidas paralelas y fotos en la pared

Charles Dickens, por razones obvias, nunca oyó nada que hubiera grabado Prince Rogers Nelson, y no existen evidencias de que el genio de Minneapolis leyera alguna vez algún libro del británico, pero Nick Hornby se la ingenia aquí para encontrar no pocos paralelismos entre ambos, dos genios de lo suyo que trabajaron con denuedo, murieron casi a la misma edad y dejaron una huella insondable en la cultura popular. Crecidos en la pobreza y el abandono, músico y novelista fueron extremadamente productivos, tuvieron sus más y sus menos con la crítica -imposible no sonrojarse al recordar el desdén con que fue recibida 'Casa desolada'- y murieron casi a la misma edad, con 58 años Dickens y 57 y 10 meses Prince. "Nadie ha trabajado nunca tanto como ellos dos, ni un nivel tan alto, mientras conectaba con tanta gente durante tanto tiempo", concluye Hornby antes de poner rumbo a su estudio, donde le esperan, en efecto, sendas fotos de sus héroes. "Seguirán ahí todo el tiempo que las necesite. Es decir: el resto de mi vida", zanja en el libro.

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