Televisión y Mas
La fuerza de las fake news


El concepto telebasura se dio a conocer a partir de la década de los 90 a raíz de la emisión de programas como Tómbola, en el desaparecido Canal Nou, así como en espacios de la antigua Telecinco como “Las noches de tal y tal”. Esa consideración sigue absolutamente vigente.
A ver: rasquemos un poco en el tiempo y lo que conocemos por telebasura ya nació en un simple Telediario emitido durante el franquismo. Todo eran fake news. Era un sinónimo llamarlo “manipulación informativa”; eso sí, sin regidor agitando al público, pero disfrazada de informativo y desde un plató.
Hace dos días escuché un ratito el programa de Federico Jiménez Losantos en esRadio. Me gusta escucharlo. Como escucho, entre otros, a Basté, Ustrell, Francino, etc. Hay que procurar estar pendiente de todo tipo de actualidad posible, recibida desde todas las aristas. Porque escuchar todo, de todos, es imposible. O al menos, yo no llego. Losantos hizo mención con tanta firmeza a las presuntas revisiones cardiovasculares habituales del presidente Pedro Sánchez que le di toda credibilidad a su mensaje. Confieso que se me pasó por la cabeza: “siendo una noticia tan importante… no creo que se la invente”. Pues bingo. Ayer el presidente del Gobierno difundió un tuit en el que negaba padecer cualquier enfermedad del corazón. Al negarlo le di credibilidad, aunque Twitter sea una aplicación que basa su negocio (sí, porque es un negocio) en la mentira, la descalificación y el insulto. Esperaremos a un nuevo asalto.
Justo el día en el que conocimos la muerte del golpista Antonio Tejero. A ver: este disco ya lo había escuchado en otra discoteca, porque hace meses que esta noticia también la leí en numerosos medios. Hasta que no lo vea en la caja, yo no me lo creo. Esperaremos.
Y donde no hubo fake news fue en la denuncia que ayer emitió el Tot es Mou de TV3, en la que una madre soltera reveló que sus dos hijas fueron abusadas sexualmente por un falso pastor evangélico. El tiparraco se ganaba la confianza de las niñas para después abusar de ellas, aparentando ejercicios espirituales, encerrándolas en su despacho, y que aquello debía ser un secreto a tres entre Dios, él y ellas. Y duró un día, no, sino durante cinco años. Silencio e indignación en el plató. Imagine que usted es el padre o la madre de estas niñas. Y acabe este artículo.
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