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Encuentro el CCCB

László Krasznahorkai, Nobel de Literatura: "Las cosas nunca han ido bien, ni siquiera cuando vivíamos en las cavernas"

El escritor húngaro, último Premio Nobel de Literatura, ofrece en Barcelona su primera aparición pública tras recibir el galardón

De la frase infinita al plano secuencia: Krasznahorkai y Béla Tarr, algo más que almas gemelas

László Krasznahorkai, maestro del apocalipsis, gana el Nobel de Literatura 2025

László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura, en el CCCB

László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura, en el CCCB / Jordi Otix

David Morán

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Barcelona
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Amaneció el día gris y neblinoso, casi un homenaje a la primera frase de 'Tango satánico' y a la claustrofóbica adaptación que de la novela hizo el recientemente fallecido Béla Tarr, y László Krasznahorkai (Gyula, 1954), negro riguroso y aspecto de predicador bonachón, se hizo carne en Barcelona para lucir, no sin cierto pesar, galones de "maestro del apocalipsis". "Mucha gente se reía cuando Susan Sontag dijo eso de mí, pero es interesante, porque con el apocalipsis no acaba el mundo. Es algo continuo, una dinámica de caer y levantarse. Así que siempre estamos viviendo en el apocalipsis", teorizó el autor de ‘Melancolía de la resistencia’ al poco de aparecer en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). 

Era su primera aparición pública tras recibir el Nobel de Literatura el pasado mes de diciembre y, según se mire, un día más en la oficina para este cartógrafo de pesimismos y miserias. "Las cosas nunca han ido bien, ni siquiera cuando vivíamos en las cavernas, pero siempre pasa algo. Un día, por ejemplo, alguien apareció con un palo con fuego en la punta y eso cambió la historia de la humanidad", recordó el húngaro, siempre positivo, ante un nutrido grupo de periodistas. "Antes, cuando era joven, pensaba que la revolución radical era la única solución posible; ahora pienso lo peor de la raza humana pero me regaño a mí mismo por hacerlo", añadió por si alguien se había despistado.

Miro hacia mi patria y veo que la situación es horrible. No sé si hay otro país en el mundo que no sea formalmente una dictadura en el que exista el riesgo de ser castigado por tus opiniones. Tenemos la esperanza de un cambio. Si no, mi consejo a los húngaros es que huyan"

Sin novedad literaria en la que escudarse -su próxima novela traducida al castellano, 'Herscht 07769', no llegará a las librerías hasta el próximo mes de mayo; y la edición en catalán de ‘Tango satànic’ se remonta a marzo de 2025- Krasznahorkai compareció a cuerpo descubierto para, entre otras cosas, reivindicar el arte en tiempos de convulsión y zozobra, llorar a su amigo y colaborador Béla Tarr y evocar su infancia y juventud en la Hungría socialista, cuando el cielo era de color "blanco alcohólico, como el ojo de un borracho" y para descubrir que la hierba era verde había que cruzar la frontera austriaca. "No imaginabas que se podía vivir de otra manera. En esa situación de depresión era muy fácil escribir sobre un mundo en el que cada mañana es igual que la anterior, pero teníamos una idea del mundo libre que en realidad no existía en ningún lugar", recordó.

Barcelona 25/02/2026 Cutura László Krasznahorkai,premio Nobel de Literatura,en el CCCB. AUTOR: JORDI OTIX

Krasznahorkai, fotografiado en el CCCB, en su primera aparición pública tras recibir el Nobel / Jordi Otix

De ahí salieron títulos como 'Guerra y guerra', 'Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río' y 'El barón Wenckheim vuelve a casa', novelas claustrofóbicas y existencialistas, pura condición humana envasada al vacío, que tampoco desentonarían demasiado en estos tiempos de extremismo ultra y libertades aplastadas bajo el rodillo de Orbán. "Miro hacia mi patria y veo que la situación es horrible. No sé si hay otro país en el mundo que no sea formalmente una dictadura en el que exista el riesgo de ser castigado por tus opiniones", lamentó. En el horizonte, unas elecciones, las legislativas del próximo mes de abril, que podrían alimentar el cambio. O tal vez no. "Tenemos la esperanza de un cambio. Si no, mi consejo a los húngaros es que huyan", añadió tajante.

Miseria y belleza

Poco amigo del poder y de lo que representa —"solo es dinero para conseguir más dinero", aseguró—, Krasznahorkai se reconoce en la miseria de los desamparados, pero también en la belleza de la alta literatura. "Me aferro con dos dedos o quizá solo con uno, al arte de calidad -explicó-. El arte nos ayuda, sí, pero en las últimas dos décadas no he leído ningún libro sobre una persona en la miseria a quien solo le queda su dignidad. Esa persona quizá podría ser el objeto de mi obra", reflexionó. Entre esos dos extremos parece concebir una obra exigente y homérica de la que la editora de Acantilado, Sandra Ollo, cree que hay que dejar de hablar para empezar a leerla. El propio autor consideró que sus obras pueden representar un empeño añadido para los lectores, pero citó a Samuel Beckett, un hueso supuestamente difícil de roer, para asegurar que el esfuerzo acaba mereciendo la pena. "Son autores como estos los que nos dicen que te has de mostrar de una manera diferente", dijo.

Barcelona 25/02/2026 Cutura László Krasznahorkai,premio Nobel de Literatura,en el CCCB. AUTOR: JORDI OTIX

László Krasznahorkai posa en el CCCB / Jordi Otix

Como Endre Ady, el poeta húngaro que se negó a utilizar la máquina de escribir porque, dijo, era incompatible con la poesía, también Krasznahorkai insiste en "usar la pluma y el papel" para tratar de comprender un mundo cada vez más confuso. "No creo que el arte tenga mucho que ver con la dirección que ha tomado el mundo", estimó. Como muestra, un botón y un recado para el todopoderoso amo de SpaceX. "La tecnología es maravillosa, pero el arte nos lleva mucho más lejos. Nos puede hacer volar hacia un espacio libre. El arte nos eleva pero luego nos devuelve a la Tierra, no como los cohetes de Elon Musk", ilustró.

Se acordó Krasznahorkai de Béla Tarr, cineasta fallecido el pasado mes de enero con el que hizo tándem hasta en cuatro películas, y desveló que estuvo a su lado, cuidándolo y consolándolo, hasta el final de sus días. "Nos conocimos cuando teníamos 31 o 32 años y, desde entonces, vivió sufriendo dolores por culpa de un problema en la columna. Era muy difícil colaborar con él, porque todo formaba parte de ese dolor continuo", explicó. De su primer encuentro con el director de 'El caballo de Turín' recuerda que le despertó un lunes de Pascua aporreando la puerta de su casa porque acababa de leer el manuscrito de 'Tango satánico' y estaba como completamente enloquecido. "Le gustaba mucho mi manera de ver el mundo, le fascinaba mi cosmovisión. Yo no tenía miedo al régimen comunista ni a la policía. En nuestra relación, él era el capitán y todo el mundo tenía que ayudarle", evocó.

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