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Novedad en plena gira mundial

Mumford & Sons deja atrás “la adolescencia” y se adentra “en lo desconocido y lo salvaje” en su nuevo álbum

El grupo londinense consolida la superación de su crisis interna con ‘Prizefighter’, un disco de reafirmación de su identidad folk-rock, lanzado solo once meses del anterior, 'Rushmere', con la coproducción de Aaron Dessner (The National) y que incluye duetos con Gracie Abrams, Hozier y Chris Stapleton

Mumford & Sons, en una imagen promocional.

Mumford & Sons, en una imagen promocional. / Universal Music

Jordi Bianciotto

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Barcelona
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Aún flotan en el ambiente las vibraciones de su último acto de comunión en Barcelona (el pasado noviembre en el Palau Sant Jordi) y, en medio de una gira mundial, Mumford & Sons han publicado un nuevo álbum, ‘Prizefighter’, solo once meses después del anterior, ‘Rushmere’. Un trabajo que entienden “muy de puertas abiertas, con mucha gente diversa involucrada”, incluyendo a un nuevo productor, Aaron Dessner (The National), y a colaboradores como la cantautora Gracie Abrams y los trovadores ‘roots’ Hozier y Chris Stapleton.

Da la impresión de que Mumford & Sons han puesto la directa tras haber dejado atrás un período de crisis, con la marcha de Winton Marshall (banjo, guitarra) en 2021, coincidente con la pandemia y con el primer álbum en solitario de Marcus Mumford. Hubo un vacío de siete años después de ‘Delta’ (2018). “Es como si hubiéramos terminado la adolescencia y nos estuviéramos adentrando en lo desconocido y lo salvaje”, explica el teclista y acordeonista Ben Lovett. Ahora, el grupo es un trío, que completa el también cofundador, y bajista-guitarrista, Ted Dwane.

Después del reagrupamiento

La semilla de esta nueva etapa se sembró en 2023. “Nos reunimos los tres en Los Ángeles”, revela Lovett. “Pasamos una semana juntos que fue una de las más importantes de la historia de la banda, porque nos dimos cuenta de cuánto nos gustaba lo que hacíamos y cuánto nos queríamos como amigos. Aquel verano actuamos en algunos festivales, como el Mad Cool, y ver tanta gente cantando nuestras canciones nos dejó claro que teníamos que hacer un nuevo álbum. Ese fue el punto de partida de ‘Rushmere’”.

Ahora acuden a la imagen del ‘prizefighter’, el púgil, transmitiendo una idea de combate y resistencia a lo largo del tiempo. “El álbum es una colección de historias muy reales y por eso creo que podría ser el mejor que hemos hecho, el más fiel a lo que somos”, apunta Ted Dwane. Relatos entre los que se filtran pensamientos sobre su circunstancia íntima, como en ‘Conversation with my son (Gangsters & angels)’, canción con la que cerraron su concierto en el Sant Jordi. “El público no la conocía y asumimos el riesgo de que la gente se fuera. Le dijimos que sería la última y que no tenía por qué quedarse, pero generalmente todo el mundo se queda, y eso te da fuerza”.

El bagaje irlandés

La sonoridad de ‘Prizefighter’ apunta al núcleo sonoro de Mumford & Sons, una tensión folk muy orgánica, buscando los contrastes entre la intimidad y la grandiosidad, y dejando atrás incursiones electrónicas como las de ‘Wilder mind’ (2015). “Nuestro espectro es amplio, pero mucha de nuestra música favorita es irlandesa, que con el rock’n’roll desarrolla una conversación transatlántica que sigue en la actualidad”, explica Ben Lovett. “Pero para nosotros el término folk es muy amplio y no va solo de instrumentos acústicos. Puede haberlos eléctricos, o una caja de ritmos. No nos define eso, sino la historia de cada canción”.

Suelen cambiar de productor de un disco a otro, y les gusta adaptarse al entorno de cada uno de ellos. “Este álbum lo grabamos en el estudio Long Pond, en Nueva York, en el edificio donde vive Aaron (Dessner). Cada productor, ya sea Paul Epworth, James Ford, Marcus Dravs o Aaron, tiene una personalidad, y reflejarla nos divierte, más que tener un solo productor para todo nuestro catálogo”. Se trata de “mejorar tu música con la incorporación de otras personas”. Como Gracie Abrams, que canta con ellos en una de los temas. “Nos contó que nos escuchaba cuando era adolescente y empezaba, y nos identificamos con su narrativa y modo de hacer. Cuando oímos lo que hizo en ‘Badlands’ todos dijimos ‘guau, ¡la ha mejorado!’”.

Los esquemas operativos han cambiado y ahora los artistas no están tan sujetos a los lentos ciclos de álbum-gira. “Cuando escribes una canción deseas que tu público la reciba en ese mismo momento, y no esperar un año o dos a que salga el disco”, apunta Ben Lovett. Y tal vez la aceleración que respira el ‘streaming’ impulse al artista a reducir las esperas por el nuevo material. “Con nuestros primeros discos, pasábamos un año escribiendo y grabando, y dos años de gira”, recuerda Lovett. “Ese ritmo ya no tiene sentido para nadie. Antes tenías que recordarle a la gente que existías, y ahora simplemente estás ahí”-

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