Crítice de teatro
Crítica de 'Els fills': la culpa baila al borde del abismo con un reparto de primer nivel (Emma Vilarasau, Mercè Arànega y Jordi Boixaderas)
Lucy Kirkwood y David Selvas firman un drama íntimo sobre responsabilidad generacional y envejecimiento sin tópicos

Jordi Boixaderas, Emma Vilarasau i Mercè Arànega, en una imagen de 'Els fills' / Marta Mas

Conviene retener el nombre de Lucy Kirkwood, exponente en la renovación de la dramaturgia británica. El TNC escenificará en mayo 'El firmament', pieza escrita en clave histórica, y en La Villarroel acaba de estrenarse 'Els fills', una reflexión de calado sobre la responsabilidad individual dentro de un mundo en colapso. David Selvas ('Tots eren fills meus') dirige un reparto de lujo: Emma Vilarasau, Mercè Arànega y Jordi Boixaderas. Las entradas ya están agotadas, lo que da cuenta de la expectación que ha generado.
Estrenado en el Royal Court de Londres en 2016, no es la primera vez que este texto pasa cerca. Hace cuatro temporadas, Marta Gil Polo lo montó en el Teatre Akadèmia, y ya antes de la pandemia David Serrano hizo lo propio en Madrid. Todo ello subraya la pertinencia del argumento, que se inspira en el desastre nuclear de Fukushima. Se trata de la historia de una pareja de científicos jubilados que, en su retiro, intenta recomponer una normalidad precaria tras un accidente en la central donde trabajaron. La visita inesperada de una antigua compañera reabre viejas heridas y convierte la reunión en un juicio sobre culpas, silencios y el precio que pagarán los que vienen detrás.
Conflicto íntimo y política
La obra combina, desde la contención, conflicto íntimo y una lectura política nada impositiva. La chispa reside en la fluidez realista de las situaciones, con diálogos muy naturales, imperfectos por momentos, que desarrollan una trama que entra más por la emoción que por el intelecto. Que Kirkwood admira a Caryl Churchill es evidente, por esas dosis de innovación formal trazada desde lo cotidiano. Hay también huellas del extrañamiento del teatro de Harold Pinter: la vida no es verosímil.
Entre los diversos pliegues del texto, Selvas explota a conciencia el humor, incluso pasajes distendidos de baile que acercan el tono a la comedia situacional. Pero en esencia la obra es bastante más inquietante y cuesta después bajar al abismo por más que se insista en sonidos perturbadores.
El destacado nivel actoral compensa la falta de detalle en el dibujo de algunas escenas. Vilarasau y Arànega disparan la obra con el contraste de sus roles, con la apabullante humanidad que les inyectan entre el sacrificio autoimpuesto y la trinchera de los privilegios. Boixaderas completa el triángulo con la sorna que esconde una derrota íntima. Esa épica tardía, el tratamiento de la edad –personajes en los sesenta– es otra gran baza de 'Els fills': hablar de cómo nos hacemos mayores sin condescendencia ni caricatura, como un territorio moral de urgencia, áspero y luminoso. Se agradece ese espacio –mínimo, real– de redención y esperanza. El éxito del montaje pide reposición.
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