Entrevista
Maria Arnal: “No quería hacer algo complaciente, ni caer en fórmulas, ni esconderme en duetos con grandes nombres”
La cantante de Badalona publica este viernes ‘AMA’, su primer álbum en solitario, tras sus años de asociación con Marcel Bagés, en el que expande los poderes de su voz con la IA y que presentará el 7 y 8 de marzo en la sala Paral·lel 62

La cantante Maria Arnal. / MANU MITRU / EPC

En los últimos años ha demostrado que la vida de un artista no tiene por qué limitarse al clásico esquema de disco-gira, que se pueden hacer muchas más cosas.
Sentía que estaba agotada y que no estaba en un lugar creativamente guay. En lugar de sacar un disco rápidamente, por inercia o imaginando lo que la gente espera de mí, me di un momento de calma y acepté propuestas a las que en otro momento habría dicho que no. Salió la beca europea donde juntan científicos y artistas, a raíz de la instalación ‘Maria Choir’, en el CCCB. Luego, otra que me permitió estar en el Barcelona Computer Center durante un año, aprendiendo cómo funcionaban los modelos de IA. Y la banda sonora de ‘Polvo serán’, algo que pensaba que no podría hacer, y la canción de ‘La virgen roja’, y los espectáculos de La Veronal. Y ahora ‘La mort de la primavera’, donde está mi parte más tradicional: jotas y ‘cant de batre’ con ‘drones’ electrónicos muy graves. ¡En Matadero, en Madrid, vino Almodóvar a verlo!
A todo esto, han pasado más de tres años desde el último concierto del dúo Maria Arnal i Marcel Bagés. ¿Qué ocurrió?
Lo mejor ya lo habíamos hecho. Con el segundo disco ya estábamos cada uno un poco con ganas de hacer cosas diferentes y no nos encontrábamos artísticamente. Yo deseaba mucho vivir lo que estoy viviendo ahora. La sensación era de que la casa era pequeña y que, si no hacíamos obras, me tenía que marchar, porque no podía crecer. Pero estoy muy contenta de lo que hicimos juntos y siempre estará ahí para quien lo quiera escuchar.

La cantante Maria Arnal. / MANU MITRU / EPC
Se ha metido en el mundo de la tecnología y la IA. ¿Es eso lo que ha marcado el camino de ‘AMA’?
Todo comenzó con Holly (Herndon), gracias a una residencia que hicimos. Yo empecé siendo muy cantautora, pensando mucho en las letras, pero ahora canto mucho mejor, he aprendido con el público. Yo no estudié música, sino literatura y artes escénicas. Pero descubrí la producción y me parece interesantísimo, sobre todo desde el punto de vista de la voz, mi instrumento. Holly dice que desarrolla esta técnica porque es mala cantante. Yo soy muy cantante, la voz me enamora, y mi pregunta es cómo la utilizaría. ¿Podemos experimentar con la IA antes de condenarla? Entendiendo que la IA no es una cosa autónoma, sino que son personas decidiendo sus usos, y que nos distraemos cuando rechazamos la tecnología y no las personas que hay detrás. Siento una curiosidad por esta herramienta que está poniendo en tensión nuestra época, porque sirve para hacer más complejo mi instrumento, y para reconocer qué es lo no clonable, lo único.
¿Ha llegado a una conclusión?
Una conclusión preciosa: que la voz como tal, la mía, no es clonable. Nuestras voces, en todas sus dimensiones, no lo son. La sofisticación es tan ‘heavy’... Las voces, para que suenen humanas, tienes que desafinarlas, tensionarlas... El error nos hace más humanos, y es bonito. En este disco he querido que dentro de esta polifonía constante de cada canción siempre haya un contraste entre la voz física y la que no tiene cuerpo.

La cantante Maria Arnal, la semana pasada en Barcelona. / MANU MITRU / EPC
¿La voz que oímos en el álbum, solista o en polifonías, es suya en todos los casos?
Lo que se oye es mi propia voz y los modelos que he entrenado a partir de ella. Aquí solo hay IA en los modelos de voz sintética, el algoritmo según el cual tú le das una cosa y lo que te saca suena lo máximo de similar a lo que tú le hayas dado para entrenarse. En el disco trabajo con mi voz y la IA reconoce talentos en ella que sin esa tecnología no descubriría. Me ayuda a conocer más mi aparato fonador y me permite llegar a lugares a los que no llegaría. En ‘Que me quiten’, por ejemplo, esa voz baja por debajo, está hecha con un modelo, y esas voces hacen una función poética, que tiene que ver con las caras posibles que no he querido dejar de mostrar en la canción. Hay modelos de transferencia de timbre: si le das un sonido de pájaro, te lo devuelve con tu timbre, con el que lo has entrenado. Es hacer síntesis, como un sintetizador entrenado con el timbre de tu voz. Me gusta esa posición de eterna aprendiz.
Coproduce el disco con Alizzz y Pau Ritort, y es un disco sin duetos, esos ‘featurings’ hoy tan recurrentes.
No quería hacer algo que fuese, digamos, complaciente, ni caer en fórmulas, ni esconderme detrás de duetos con grandes nombres. Esto es lo que soy ahora y si conectas, genial, bienvenido, y si no, no pasa nada.
Me siento mucho más mujer... Como el disco habla desde un lugar tan físico, quería hacerlo desde el cuerpo de la mujer y hacer una numeración de todos los martirios psicológicos, emocionales y físicos que han sufrido los cuerpos de las mujeres a lo largo de los siglos
A partir de ahí, el álbum sugiere un concepto a partir de una historia familiar.
Es un disco, para mí, de re-enamoramiento. Me siento muy ‘AMA’ en este momento, y quería hacer el disco desde un lugar que fuera parte de mi esencia y desde la fuerza del amor y de la primera herida de mi corazón, que es la muerte de mi prima hermana, de 15 años, cuando yo tenía 13. Me ha acompañado toda la vida. Nos criamos juntas. Sus padres, mis tíos, tenían una adicción a la heroína y cogieron el virus del sida, y mi prima lo pilló por la leche materna. Mis tíos murieron y ella también. Mi adolescencia estuvo teñida de esta muerte y mi relación con la música nació mucho de la emoción por estos duelos. Me interesaba esto para hablar de la presencia a través del cuerpo físico. Esas voces que no tienen mi cuerpo, pero están en mí. Ahora siendo la mujer que soy puedo explicar esta historia a mi manera, siendo ‘ama’ de estas palabras. Porque esta historia estuvo envuelta de un misterio, un estigma gigante, un dolor familiar. No viví el porqué, pero recibí ese silencio, porque me querían proteger. Yo no hago discos porque sea mi trabajo, sino porque son mi vida, y supe que quería hacer este desde esta emoción. El álbum expresa esto desde la primera canción, ‘Dilo’.
Detrás de estas canciones hay unas cartas familiares. ¿El disco es una respuesta?
Mi prima dejó una carta que no le respondí nunca y siento que aquí le digo “ahora soy eso”. No pensaba explicar esto, pero ahora ya no me queda otra. No puedo esconderme más. Mi padre me escribió diciéndome que una amiga de mi tía le había contactado por Facebook y que vendría a verme a un concierto. Yo no sabía nada de ella. Y esta mujer se llama Safo. Por eso, el poema de Safo en ‘Dilo’. Me trajo un regalo, una caja llena de cartas de mi tía, y poemas suyos. Pensé que mi vena artística igual venía de ahí, y yo sin saberlo. Safo era su mejor amiga y marchó de Barcelona porque veía un ambiente muy oscuro y peligroso. Se sintió con culpa por haber dejado a mi tía sola. Estas cartas fueron muy fuertes. De repente, era conocerla a ella a través de esa intimidad.

La cantante Maria Arnal. / MANU MITRU / EPC
Un álbum movido por una energía femenina.
Es un disco muy feminista y muy femenino en su mirada. Habla de las diferentes formas del amor y de su fuerza, vivido desde lo físico, lo que pasa dentro de ti. En ‘Madrigal’, por ejemplo, que hace referencias a Ausiàs March. Los madrigales son composiciones renacentistas, el pop de su época, y entonces la polifonía dejo de cantarse a Dios y pasó a ser cantada para expresar el contraste entre la interioridad humana y la exterioridad. Por tanto, este disco polifónico habla de todas mis voces y mis caras, con las que estoy en paz. Hay otras canciones, como ‘Pellizco’, con voces que hacen percusión, y portazos, y chasquidos de dedos. Hay letras escritas desde una sensibilidad no infantil, pero sí inocente o juguetona. Sentía que ninguna de mis canciones de otros discos exploraba estas emociones, porque soy más divertida de lo que dan a entender mis discos, o como mínimo, no tan intensa (ríe).
Es muy guay que grandes figuras, como Rosalía, hagan que ciertas cosas se puedan escuchar sin prejuicios. Vivimos con tanta música mezclada que pensar en géneros es obsoleto
Hay un órgano bastante presente, y ni una sola guitarra.
¡Ni guitarras, ni bajos! He acabado harta ya (ríe). El disco tiene instrumentos muy antiguos, incluido el órgano del Palau Güell, y uno mío pequeño. El órgano es uno de los primeros intentos de reproducir la voz humana. Sintetizadores a tope. Y hay puertas, flechas, gotitas de agua, platos rotos, escaleras...
‘Que me quiten’ es la canción más trágica: “Que me quemen en la hoguera, que me claven en su cruz...”
Pero yo la veo muy poderosa. No la podría haber escrito en otro momento de mi vida. Porque me siento mucho más mujer, no sé cómo decirte... Como el disco habla desde un lugar tan físico, quería hacerlo desde el cuerpo de la mujer y enumerar todos los martirios psicológicos, emocionales y físicos que han sufrido los cuerpos de las mujeres a lo largo de los siglos. Las tensiones que genera la relación entre el cuerpo de la mujer y el poder.
¿Qué queda de la cantante de música tradicional de sus epés bautismales con Marcel Bagés?
Creo que sigue ahí todo el rato. En ‘Que me quiten’ está, y en ‘Dilo’, que es ultra-melismática. En ‘Por tus penas’ hay melismas y vibratos, y en ‘Madrigal’, en los dibujos que hacen las voces. Y en ‘Meua’, claro, una pieza tradicional valenciana, un himno fallero. Es la única canción que no es mía.

Maria Arnal, la semana pasada en un estudio de Barcelona. / MANU MITRU / EPC
Con todo, es un disco que cabría considerar pop.
Esto ya es tu trabajo, no el mío... Yo tendría que pensarlo. Creo que hay canción en el disco. No lo sé. Creo que no tengo que elegir.
El pop ha cambiado y cosas que antes habríamos dicho que eran arriesgadas o excéntricas ahora son de dominio público.
Como Rusowsky o Ralphie Choo. Es muy guay que grandes figuras, como Rosalía, hagan que ciertas cosas se puedan escuchar sin prejuicios. Vivimos con tanta música mezclada que pensar en géneros es obsoleto. Pero no sé por qué algunas propuestas tienen públicos tan grandes, y otras, no. Eso no sé explicarlo. No lo entiendo.
Para quien ya la viera meses atrás mostrando estas canciones en el Sónar, la Mercè (Teatre Grec) o el Mercat de Música Viva de Vic, ¿qué habrá de distinto en Paral·lel 62?
Es una evolución de aquello. Piensa que es un espectáculo que se ha visto poco realmente. Donde se ha mostrado más por ahora es fuera. Ahora sumaré canciones antiguas de mi repertorio y otras de alguna banda sonora. Me gustaría hacer más conciertos internacionales. Estamos recibiendo propuestas de Francia e Italia, pero el perfil que he abierto es más de investigación. Ahora me toca picar un poco de piedra.
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