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Discos de la semana

Maria Arnal, un nuevo comienzo, con poesía, reparación y aventura en 'AMA', su primer disco en solitario

La cantante de Badalona brinda un repertorio que gira en torno a una memoria femenina familiar y universal, con ecos del canto tradicional, tonadas pop y tecnología de IA, en su primer álbum tras sus años de tándem con Marcel Bagés

Los nuevos elepés de El Diablo de Shanghai y Sébastien Tellier, también reseñados

La cantante Maria Arnal.

La cantante Maria Arnal. / Manu Mitru

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'AMA'

Maria Arnal

Atlantic

Pop-electrónica

★★★★

Hacía tiempo que nos preguntábamos qué diantre estaría tramando Maria Arnal, a quien veíamos volcada en procesos de aprendizaje tecnológico con la IA que cobraban forma de exposición o instalación (y banda sonora: 'Polvo serán', de Carlos Marques-Marcet, bendecida con un Goya). Tres años largos en los que quedó definitivamente atrás su tándem con Marcel Bagés, dejando un cuerpo discográfico relevante (dos epés y dos álbumes entre 2015 y 2021), disruptivo en su evolución desde el canto portador de la oralidad popular a la fusión con la electrónica. Ahora, 'AMA' respira vestigios de aquella etapa, pero es un nuevo comienzo, fortalecedor de su lugar como cantante y apuntando a territorios inéditos.

La canción titular habla de un impulso que parece trascender los contornos de su persona: "Esta fuerza que me guía ya nunca se irá de mí", canta ahí en tonos altos, sostenida en unos andamiajes de percusión industrial. En 'AMA', el álbum, resuena una suerte de memoria femenina cósmica, en la que se citan los fantasmas de la historia y el recuerdo de una figura cercana y doliente, la prima hermana que Arnal perdió en su adolescencia. 'Carta' apunta a un diálogo epistolar de familia, con oscuridad y tabú, que ella conduce hacia un minimalismo sonoro trazado por el sintetizador y las polifonías aéreas, propias de un jardín encantado.

Arte reconstituyente

Este es un álbum con una arquitectura sónica muy definida y distintiva, liviana y encaminada a metabolizar la tragedia en expresión reconstituyente. 'Sintes' flotantes con un punto imprevisible y un órgano que desliza tenues capas de liturgia en el inquieto 'Tictac' o el mayestático 'Por tus puertas'. Hay ecos de padecimiento, pero también un espíritu juguetón reparador: 'Pellizco', donde el desdoblamiento vocal vía IA cobra forma de percusión, o ese travieso 'Suspiros', salpicado por cascadas de notas como salidas de un algoritmo caprichoso.

La intensidad se manifiesta sobre todo en 'Que me quemen', donde sientes la resonancia del martirologio de santas, brujas e insurrectas de todos los tiempos, danzando entre hogueras, cruces y espinas. Y el bagaje tradicional de Arnal no se ha evaporado y asoma aquí y allá en los dibujos de los melismas, con una escena de pureza en 'Meua', pieza popular valenciana. En catalán, como 'Madrigal', donde se acerca a Ausiàs March y se respira un deleite por la naturaleza fonética de los versos.

Por encima de todo, hablamos de un protagonismo de la voz (replicada, multiplicada, hiper-clonada) y del arte de la canción, inquieto y resolutivo, desarrollado por Maria Arnal en complicidad con los coproductores del álbum, Alizzz y Pau Ritort, implicados en la composición. Música pop, sí, con consistencia física y digital, accesible más allá de la apasionante nube de hallazgos y significados que maneja. Jordi Bianciotto

Otros discos de la semana

'Testamento'

El Diablo de Shanghai

Candorro

Post-punk

★★★★

Al abordar la propuesta de este quinteto barcelonés resulta inevitable aludir a la particular manera de cantar / recitar de Juan Trias y a la insólita ambición literaria de unas letras que, si a veces se desploman con estrépito, es porque intentan llegar más alto que las de la gran mayoría de sus coetáneos. Pero tan o más importante aquí es el envoltorio musical, que bascula con solvencia entre el indie-rock canónico ('Dinero'), la tormenta sónica y hasta el free-jazz ('Abulia'). Rafael Tapounet

'Kiss the beast'

Sébastien Tellier

Because

Pop

★★★★

El electro-'crooner' parisiense, ilustre exeurovisivo, reaparece tras seis años de pausa con otro de sus álbumes pautadamente imprevisibles, envolviéndonos con relatos confesionales, vestigios 'retro' del 'French touch' y susurros graves 'à lá' Gainsbourg. Se rodea de sintetizadores y entrega golosos números para la pista de baile: prueben con 'Thrill of the night', con la voz de Slayyyter y la guitarra de Nile Rodgers (Chic), y la triunfante 'Copycat'. J. B.

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