Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Polémica

La Berlinale se enfrenta a una crisis reputacional por Gaza

La directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, afronta las críticas por el supuesto silencio del festival ante la situación en Gaza tildando el comunicado de destacados miembros de Hollywood de “información errónea y afirmaciones inexactas”

Ethan Hawke y Tricia Tuttle ayer en la Berlinale.

Ethan Hawke y Tricia Tuttle ayer en la Berlinale. / FABIAN SOMMER / EFE

Nando Salvà

Nando Salvà

Berlín
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La directora de la Berlinale, la estadounidense Tricia Tuttle, debe de sentir que la camisa no le llega al cuello. Después de todo, no es descabellado suponer que quienes realmente mandan en el certamen alemán quizá ya se estén preguntando si hicieron bien al escogerla a ella para el cargo, dado que los objetivos que perseguían con ello parecen más lejos de conseguirse ahora que cuando asumió el cargo en abril de 2024: visto lo visto, el festival sigue perdiendo capacidad para atraer tanto a las celebridades como al tipo de películas que luego dan que hablar en la temporada de premios de Hollywood, y no logra dejar de generar titulares centrados en controversias de índole política.

"Afirmaciones inexactas"

El más reciente data de ayer mismo, y se refiere a la carta abierta que más de 80 personalidades del mundo del cine -entre ellos actores como Javier Bardem y Tilda Swinton y cineastas como Mike Leigh y Adam McKay- han firmado para condenar el “silencio” de la muestra respecto a la situación en Gaza y su “censura” a los artistas que han hablado de ello. “Instamos a la Berlinale a cumplir con su deber moral y manifestar claramente su oposición al genocidio cometido por Israel, a los crímenes de lesa humanidad y a los crímenes de guerra contra el pueblo palestino, y a dejar por completo de proteger a Israel de las críticas”, reza el texto. Esta misma tarde, Tuttle lo ha acusado públicamente de presentar “información errónea y afirmaciones inexactas”.

Tricia Tuttle en la Berlinale.

Tricia Tuttle en la Berlinale. / Associated Press/LaPresse / LAP

El texto añade más leña al fuego de una controversia que empezó a gestarse el pasado jueves cuando el cineasta Wim Wenders, que este año ejerce de presidente del jurado oficial del festival, contestó que “los cineastas debemos mantenernos lejos de la política” al ser preguntado sobre el citado genocidio. Las redes sociales no tardaron en mostrar su indignación por la negativa del alemán a mojarse, que el sábado también fue usada por Arundhati Roy como excusa para cancelar repentinamente la visita al festival que tenía programada. Las palabras de Wenders, escribió la escritora india en sus perfiles, son “una forma de silenciar el debate sobre un crimen contra la humanidad”.

La réplica del certamen en defensa de su jurado no se hizo esperar. "Cada vez más, se espera de los cineastas que respondan a cualquier pregunta que se les formula”, se leía en la declaración emitida por Tuttle horas después. “Se les critica si no responden. Se les critica si responden y no gusta lo que dicen. Se les critica si no pueden comprimir pensamientos completos cuando se les pone un micrófono delante, cuando ellos creían que iban a tener que hablar de otra cosa (...) Tampoco se debe esperar que hablen de cada asunto político por el que se les pregunte si no quieren".

Sentimiento de culpa

El genocidio contra los gazatíes lleva años amenazando con echar por tierra la reputación que la Berlinale se granjeó merecidamente durante décadas -basada en su compromiso con causas sociales y políticas justas, y en su determinación a permanecer en el lado correcto de la historia y que tanto ha contribuido a su inclusión entre los tres festivales más prestigiosos del mundo junto al de Cannes y el de Venecia.

En 2024, a causa de varios alegatos pronunciados en su ceremonia de clausura en favor del pueblo palestino y contra Israel, el certamen fue acusado de antisemitismo por numerosos estamentos políticos alemanes, entre ellos dos de los que depende buena parte de su financiación, el ayuntamiento de la ciudad y el ministerio de Cultura; recuérdese que, en Alemania, el sentimiento de culpa y responsabilidad por los horrores infligidos sobre el pueblo judío durante el nazismo sigue siendo un factor esencial en las políticas públicas, y la crítica a Israel se ha convertido en sinónimo de antisemitismo.

Solo unas semanas antes de empezar su mandato, Tuttle defendió lo sucedido en aquella gala como un ejemplo de libertad de expresión, pero a lo largo de los meses -quizá por los riesgos que entraña morder la mano que te da de comer- fue matizando su opinión al respecto. El año pasado, de hecho, los asistentes al certamen fueron advertidos a través de la página web del festival contra el uso de retórica propalestina en sus discursos; y uno de ellos, el cineasta hongkonés Jun Li, fue sometido a investigación por la policía berlinesa tras acusar al gobierno alemán y sus instituciones culturales -es decir, también a la Berlinale- de contribuir al “apartheid” y el “brutal exterminio” del pueblo gazatí.

El actor Javier Bardem, a su llegada a la ceremonia de entrega de los premios Emmy.

El actor Javier Bardem, a su llegada a la ceremonia de entrega de los premios Emmy. / CAROLINE BREHMAN / EFE

En 2025 se proyectaron aquí dos películas israelíes que recordaban los 251 rehenes tomados por Hamas tras el atentado del 7 de octubre de 2023, y ninguna película palestina sobre el conflicto. La programación del festival en 2026 incluye una película israelí titulada ‘Where To?’, sobre un conductor de Uber palestino y un turista gay de Tel-Aviv que conectan en la capital alemana, y ninguna película palestina.

A la espera de que siga o no siendo alimentada en los próximos días, parece claro que la polémica es en buena medida resultado de una concatenación de actitudes cuestionables. Ciertamente era injusto esperar de Wim Wenders un análisis político impecable pero, por su propio bien y por el de la institución a la que representa estos días, le habría convenido prepararse una respuesta menos torpe y ambigua a las previsibles preguntas sobre Gaza de una prensa ávida del tipo de titulares que dicta el ‘clickbait’.

Sam Dunn, Rob Halford i Tom Morello, durant la presentació de ‘The Ballad of Judas Priest’ a la Berlinale . | RALF HIRSCHERGER / AFP

Sam Dunn, Rob Halford i Tom Morello, durant la presentació de ‘The Ballad of Judas Priest’ a la Berlinale . | RALF HIRSCHERGER / AFP / EPC

Al hacer a la Berlinale responsable de las declaraciones de Wenders, Arundhati Roy -que inicialmente había aceptado su invitación pese a que sin duda conoce desde hace tiempo la postura alemana frente a Israel- pareció dar por hecho que el festival dicta a los miembros de sus jurados lo que pueden y lo que no pueden decir a los periodistas, y esa es una posibilidad que da miedo plantearse. En su comunicado, Tricia Tuttle reprochaba a los miembros de la prensa que ejercieran el mismo tipo de libertad de expresión que reclamaba para los miembros del jurado. Y, por lo que respecta a los firmantes del comunicado emitido ayer contra el certamen, resulta tentador preguntarse si no estarán olvidando la complicadísima posición -entre la espada y la pared, básicamente- en la que se encuentra el festival.

Aspirantes al Oso de Oro

Entretanto, la Berlinale ha presentado hoy tres de los largometrajes que este año aspiran al Oso de Oro, aunque han pasado desapercibidos tanto por el ruido que genera la controversia arriba detallada como por su propia incapacidad para hacerse oír. ‘Moscas’, del mexicano Fernando Eimbcke, es una película encantadora pero intrascendente que de ningún modo logra proponer las reflexiones sobre la muerte y el duelo a las que aspira; ‘A New Dawn’, de Yoshitoshi Shinomiya, es un ‘anime’ de línea dura que lleva al paroxismo la tendencia de la animación japonesa a la ofuscación narrativa; y ‘Home Stories’, de la alemana Eva Trobisch, es una confusa saga familiar que parece carecer tanto de foco como de propósito. La inclusión de todas ellas podría considerarse una excentricidad de no ser porque, sumada a las de la mayoría del resto de títulos que este año componen la competición del certamen, evidencia las enormes dificultades que sus responsables deben de haber tenido para completar la programación. Nada apunta, lamentablemente, a que vayan a dejar de tenerlas en un futuro próximo.

Suscríbete para seguir leyendo