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Cine

La llamativa ausencia de Amy Adams en la Berlinale complica el 'via crucis' político del festival

La Berlinale sufre por la ausencia de estrellas como Amy Adams, cuyo trabajo en 'At the Sea' no ha logrado despertar el interés esperado, complicando la situación del festival alemán

El director húngaro Kornel Mundruczo y la guionisra Kata Weber antes de la proyección de 'At the Sea' en la Berlinale.

El director húngaro Kornel Mundruczo y la guionisra Kata Weber antes de la proyección de 'At the Sea' en la Berlinale. / CLEMENS BILAN / EFE

Nando Salvà

Nando Salvà

Berlín
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Dada la tormenta mediática que le ha caído encima a lo largo del fin de semana -más acerca de ella en próximos párrafos-, a la Berlinale le habría resultado tremendamente útil disponer hoy de alguna presencia llegada de Hollywood con la que animar la alfombra roja y, de paso, desviar la atención. Sin embargo, tampoco en ese aspecto está teniendo suerte el certamen alemán este año. Por si la escasez en su programación de títulos protagonizados por estrellas de fama internacional no fuera ya suficiente obstáculo en ese aspecto, algunas de las que sí tienen nuevo trabajo que promocionar en el festival han declinado la invitación a visitarlo.

Y entre esas ausencias resulta especialmente llamativa la de Amy Adams, que es la cara visible de ‘At the Sea’ y además lo es literalmente: su rostro llena tanto la primera imagen de la película como la última, y también está presente en casi todas las escenas -casi todos los planos, de hecho- que separan la una de la otra. Probablemente decidiera protagonizarla porque pensó que le ofrecería un escaparate para su lucimiento como actriz. A tenor del resultado, se hace difícil imaginar qué más pudo ver en ella.

Segundo largometraje estadounidense del húngaro Kornél Mundruczó después de ‘Fragmentos de una mujer’ (2020), ‘At the Sea’ contempla a una mujer que regresa a casa seis meses después de ingresar en un centro de rehabilitación del alcoholismo; su adicción causó estragos tanto en su familia y su compañía de danza como en su propia salud emocional y ahora, en el transcurso de lo que parecen no ser más de tres días, intenta reparar los daños. La peripecia argumental de la película es aún más simple de lo que su descripción sugiere. A lo largo de sus escenas, vemos cómo la mujer acompaña a su pequeño hijo al hospital por una picadura de medusa, descubre a su hija adolescente teniendo sexo urgente en un coche, se queda dormida en una fiesta, discute con su marido y su socio y se resiste varias veces a la tentación de tomar un trago. Poco más.

Para darle más empaque o quizá para desviar nuestra atención de los pedestres diálogos que contiene, Mundruczó rellena el metraje con flashbacks supuestamente reveladores de grandes traumas, coreografías de baile que quieren ser catárticas pero causan sonrojo y varios momentos en los que Adams mira intensamente, con los ojos muy abiertos o el ceño fruncido. En efecto, la película le ofrece espacio para lucirse, pero no las herramientas necesarias para hacerlo de la manera que ella probablemente esperara.

A concurso

Además de ‘At the Sea’, hoy han sido presentadas otras dos aspirantes al Oso de Oro: ‘We Are All Strangers’, un folletín tan ambicioso -el tamaño de su metraje, más de dos horas y media, de por sí es revelador en ese sentido- como cursi y sensiblero a cargo del singapurense Anthony Chen, y ‘Nina Roze’, segundo largometraje de ficción de la canadiense Geneviève Dulude-De Celles e historia nimia de un hombre que se reencuentra con sus orígenes tres décadas después de huir de ellos. Con su presentación, la presente edición del festival acaba de cruzar su ecuador, y lo cierto es que el nivel artístico general exhibido por su competición oficial hasta el momento resulta alarmante.

Y es tentador dar por hecho que, para quienes la han alimentado, la polémica en la que el festival se ha visto envuelto sin comerlo ni beberlo en los últimos días ha sido como un sucedáneo, un tema alternativo del que hablar dada la poca capacidad de las películas para generar conversación.

Gaza y Wim Wenders

La controversia empezó a gestarse el pasado jueves cuando el cineasta Wim Wenders, que este año ejerce de presidente del jurado oficial, contestó lo siguiente al ser preguntado sobre el genocidio sufrido por Gaza: “los cineastas debemos mantenernos lejos de la política”. Las redes sociales no tardaron en mostrar su indignación por la negativa del alemán a mojarse, que el sábado también fue usada por Arundhati Roy como excusa para cancelar repentinamente la visita al festival que tenía programada.

Las palabras de Wenders, escribió la escritora india en sus perfiles, son “una forma de silenciar el debate sobre un crimen contra la humanidad”, y añadió que, si los artistas “no pueden alzar la voz y decirlo, deberían saber que la historia los juzgará”. La réplica del certamen en defensa de su jurado no se hizo esperar. "Cada vez más, se espera de los cineastas que respondan a cualquier pregunta que se les formula”, se leía en el comunicado emitido por la directora del festival, Tricia Tuttle, emitido horas después. “Se les critica si no responden. Se les critica si responden y no gusta lo que dicen. Se les critica si no pueden comprimir pensamientos completos cuando se les pone un micrófono delante, cuando ellos creían que iban a tener que hablar de otra cosa (...) Tampoco se debe esperar que hablen de cada asunto político por el que se les pregunte si no quieren".

Entre la reacción de Roy y la de Tuttle, el actor Neil Patrick Harris fue ferozmente atacado en redes porque, durante el encuentro ante la prensa que mantuvo en la Berlinale tras la presentación de su nueva película, y al ser preguntado por la situación política actual, confesó que le “interesan las cosas apolíticas”. Está claro que, sean cuales sean los motivos de Amy Adams para no estar presente hoy aquí, está claro que le han evitado un mal trago.

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