Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Debut en Barcelona

Raye disfruta de la justicia poética y canta a la superación personal con estilo y clasicismo en el Palau Sant Jordi

La cantante británica ofreció un concierto frondoso, con una banda extralarga, metales y cuerdas, en el que recreó éxitos como ‘Escapism’ y adelantó canciones de su segundo álbum, ‘This music may content hope’

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Una larga travesía precede al actual ‘momento Raye’, con sencillos y epés publicados desde que tenía 17 años, trabajos de composición para otros cantantes (Beyoncé, John Legend, Charli XCX) y tiras y aflojas con su discográfica para que le dejaran ser ella misma. Una diana, ‘Escapism’, desatascó su destino y ahora, con 28, la laboriosa londinense Rachel Agatha Keen disfruta por fin de su hora congregando a multitudes en la gira que recaló este viernes en un Palau Sant Jordi lleno, fecha única en España.

Itinerario bautizado con el eslogan ‘This tour may contain new music’, en alusión a ese segundo álbum que verá la luz el 27 de marzo y del que desvela hasta siete canciones cada noche. En el Sant Jordi, la por ahora única que ha visto la luz, ‘Where is my husband!’, sonó al principio y marcó territorio con su tonada invasiva y su mofa del romanticismo. Raye se mostró dicharachera (“¿dónde está mi marido?”, vociferó en castellano para alboroto masculino) y muy clásica en su noción del espectáculo: cortinajes rojos, cierto aire centelleante de ‘music hall’ y una banda extralarga y trajeada, con metales y cuerdas.

Concierto de Raye en el Palau Sant Jordi

Concierto de Raye en el Palau Sant Jordi / Zowy Voeten

Raye no es la chiquilla con voz potable que la industria lanza a la arena. Compone y modula su cancionero con personalidad, allá donde los fantasmas íntimos se cruzan con el ingenio y el sentido del humor. Y resulta ser una resultona y elegante ‘entertainer’. El nuevo álbum se titula ‘This music may contain hope’ y con él deja atrás lo que llamó “mi era dramática”. De ahí salieron las apreciables ‘Beware the South London lover boy’ (con un swing muy Tamla Motown) y una pieza envolvente, ‘The winter woman’. Materiales frescos, más edificantes que ese ‘Ice cream man’, del primer álbum, con su eco de los abusos sexuales (“tenía siete años, y 21, y 17, y 11”), que cantó sentada al piano y donde exorcizó penas profundas.

Concierto de Raye en el Palau Sant Jordi.

Concierto de Raye en el Palau Sant Jordi. / Zowy Voeten / El Periódico.

Sorprendió el enfoque muy orgánico y ‘vintage’, un clasicismo que la llevó incluso a abrir una cuña de pequeño formato, con mesitas y aires de cabaret, en la que no faltó su versión del (muy trillado) estándar ‘Fly me to the moon’, así como un ‘Worth it’ alejado del r’n’b electrónico de la grabación original. ‘Nightingale lane’ sugirió buenos materiales, pero, en ese tramo, el baladismo prolongado y la literatura fortalecedora (en ‘I know you’re hurting’ nos animó a repetir que “todo irá bien”) encallaron el ‘show’. Volvió a despegar con ‘Secrets’, imponiendo ahí sí la ley ‘clubber’ hasta otro destacable número inédito, ‘Joy’, y el fetiche ‘Escapism’, el (brillante) himno contra la autodestrucción, con base hip-hop, que un día sacó a Raye del cuarto oscuro, veremos si para siempre.

Suscríbete para seguir leyendo