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Crónica

Snarky Puppy presenta en catalán su ritual de euforia y grandilocuencia

Los estadounidenses apabullan con una actuación efectista en un concierto que llenó el Auditori

Carlos Pérez Cruz

Carlos Pérez Cruz

Barcelona
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Su voz surgió con energía y entusiasmo desde lo alto de la sala. “¡Gracias!”, gritó a pleno pulmón cuando la música se encontraba en uno de los escasos instantes de respiro de la actuación. A mi lado, sin gritar su entusiasmo, mi compañera de asiento tarareaba de memoria uno tras otro todos los temas, los bailaba en el asiento. Me hubiera gustado sentir lo que ambas durante toda la velada.

Muy pocos habían oído hablar de Snarky Puppy en sus primeros diez años de vida. La banda fundada por Michael League vivía en un anonimato del que da fe el título de su disco de 2010, “Tell your Friends” (Díselo a tus amigos), un mensaje que parecía confiar en el boca a boca para dar a conocer la banda formada en Texas. El boca a boca estuvo en YouTube. En 2014 levaban una década de música cuando, qué cosas, fueron nominados a artista revelación en los Grammy. Doce años después y cinco Grammys más tarde, el colectivo es capaz de llenar la sala sinfónica del Auditori un lunes por la noche y colgar el cartel de no hay billetes con antelación.

Que League lleve unos años viviendo en Catalunya podría ser parte de la explicación, pero intuyo que no eran todos amigos. Sí explica, sin embargo, que el título del disco sea en catalán, “Somni”, un idioma con el que el líder de Snarky Puppy se dirigió con fluidez al público, que aplaudió el gesto. El álbum es una reflexión sobre las lógicas surrealistas del sueño que compuso durante un mes de retiro en Japón y que el grupo grabó en enero del año pasado junto a la Metropole Orkest. El compositor, arreglista y bajista explicó que el de Barcelona fue el primer concierto con este repertorio sin el ropaje de las cuerdas de la agrupación de Países Bajos, con la que repetían tras “Sylva”. Una sonorización apabullante y quizás excesiva compensó su ausencia.

De la veintena larga de instrumentistas que figuran en el radar de este colectivo mutante, Snarky Puppy reunió anoche a una docena, que fueron desplegando esa estética híbrida y vintage que les caracteriza y en la que el jazz es solo uno más de los ingredientes, ni tan solo de los más importantes. Temas pegadizos -mi compañera de asiento daba fe-, ritmos y groove reiterativo, golpes de efecto de la sección de viento, pegada, grandilocuencia y volumen, mucho volumen. El público acabó eufórico y coreando a la banda.

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