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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

El síndrome del impostor, ¿una moda o algo más?

Muchos artistas actuales dicen sentirse inseguros respecto a su éxito y a la validez de su obra, pero, mientras no se trate de una pulsión paralizante (ni de un gesto de postureo humilde), la autoexigencia es fundamental para un creador, como apunta Giulia Valle en su libro ‘Cerebro en equipo’

Concierto de Giulia Valle, en una imagen de archivo.

Concierto de Giulia Valle, en una imagen de archivo. / Manu Mitru / EPC

Prosperan esas declaraciones en las que artistas muy reconocidos confiesan sentirse inseguros e invocan el impostor que presuntamente llevan dentro. Es Lady Gaga, asegurando que todavía se siente “la perdedora de la clase”; Shakira, hablando de su “pequeña patología” o Billie Eilish deslizando que todavía no se ve a sí misma como “una cantante”. Dani Martín habló de su “síndrome del impostor tan grande”; Amaia, de su “miedo a decepcionar”, y David y Jose Muñoz, Estopa, compartieron en este diario que el premio Català de l’Any les “sobrepasaba” porque, en efecto, sienten que el dichoso síndrome merodea en sus cabezas.

Es cierto que la dimensión que ha tomado el fenómeno del éxito y de la celebridad debe generar mareos en cualquier cabeza bien amueblada. Los fans ya no solo fans, sino ‘superfans’, adoradores que se gastan mensualidades en entradas, viajes y ‘merchandising’. En el polo opuesto, el odio expuesto a chorro en las redes. Es razonable pensar que todo ello pueda hacerte tambalear en lo más íntimo. Salir a decir que dudas merecerte tu buena estrella puede ser una manera de apaciguar tus demonios. También de adelantarte y desactivar la crítica. Un colchón emocional.

Toca este asunto Giulia Valle, compositora, contrabajista y docente, en un libro concienzudo, ‘Cerebro en equipo’, en el que habla del funcionamiento de nuestra mente respecto a la creación musical. Se detiene en las disfunciones: falta de confianza, bloqueo creativo, pánico escénico. Miedo al fracaso y algo peor, a que ese fracaso sea percibido públicamente. Y la sensación de que tú ese éxito no te lo mereces, es fruto de un golpe de suerte. Valle sitúa la mayoría de esos episodios en “un origen vivencial traumático”, heridas no curadas que pueden flotar largamente en tu psique.

Hoy, los tiempos son propicios a las muestras de vulnerabilidad, esa palabra de moda, si bien el síndrome del impostor siempre ha existido, aunque antes no se le diera nombre. En su libro ‘El enigma de Paco de Lucía’, su autor, César Suárez, cuenta que una vez, el guitarrista, conduciendo, escuchaba con agrado una pieza que sonaba en la radio hasta que dijeron el nombre del intérprete y resultó que era él. Entonces le dejó de gustar y apagó la radio, porque le veía todas las pegas. La severidad del juicio hacia sí mismo no evitó que Paco de Lucía fuera un músico sublime. Más bien lo contrario. Como viene a decir Giulia Valle, cuestionar tu trabajo es conveniente, mientras no te paralice (ni, añado yo, sea puro postureo para hacerte el humilde).

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