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Una de las salas de cine del MOOBY Gran Sarrià. / MOOBY
Los premios Gaudí llegan este domingo en plena temporada de certámenes de cine. Los Goya y los BAFTA, a finales de febrero, y los Óscar, a mediados de marzo, serán otras de las citas más destacadas. Unas galas donde se suelen reivindicar las salas de cine, la gran pantalla y los sistemas de sonido que facilitan, dicen los acólitos, una experiencia inmersiva. Una experiencia, hoy, menos frecuente: en el auge de las plataformas digitales, las butacas y las palomitas han sido sustituidas, en parte, por el sofá y la manta.
Las salas no han llegado a recuperar las cifras de espectadores de antes de la pandemia. En el conjunto de España, los 73 millones de entradas compradas en 2024 quedan lejos de los 100 millones anuales que eran habituales antes del covid, según la Federación de Cines de España (FECE). La recaudación cayó un 22% en cinco años. En Catalunya, los 14 millones de espectadores de 2023 reflejan una caída de cinco millones respecto a 2019, según datos del sector publicados por el Idescat.
Una vez al año
La magia de la sala de cine no se ha perdido. De hecho, más de la mitad de la población española va al cine al menos una vez al año, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España del Ministerio de Cultura. Sobre todo los jóvenes de hasta 24 años, de los que el 80% responde afirmativamente. Una proporción que baja conforme aumenta la edad: entre los 25 y los 44, cerca del 60% van al cine una vez al año, porcentaje que se reduce a la mitad o menos en la población de más de 45 años.
La caída de la asistencia a la gran pantalla se explica por múltiples motivos. Uno de los principales por los que la gente acude más asiduamente es el precio de las entradas, según la encuesta de Cultura. Es la razón más citada por la población más joven. Según el último informe de la FECE, el precio medio de una entrada en el Estado en 2024 fue de 6,69 euros, menos de un euro más que en 2017, pero es una cifra que varía mucho entre comunidades y también dependiendo del día o del cine, como observaron FACUA en 2021 y la FECE en 2022.
El otro motivo principal para no ir al cine es la falta de tiempo —especialmente para las personas de entre 25 y 65 años. No solo hay que desplazarse hasta el establecimiento, sino que también podría influir que las películas son hoy más largas. Una investigación 'The Economist' sobre más de 100.000 largometrajes concluyó que la duración ha aumentado de media unos 26 minutos desde los años treinta, aunque las superproducciones llegan a un promedio de dos horas y media, casi un 50% más que en la época dorada de Hollywood.
La recuperación parcial de la asistencia a las salas apunta a un cambio más profundo en la manera en que se consume cine. La falta de interés —el principal motivo citado por la población en edad de jubilación— o la poca oferta en la zona afectan a las visitas al cine, pero especialmente la preferencia por ver películas en casa.
En 2024, más del 60% de los hogares tenían contratada al menos una suscripción a una plataforma de contenidos, según un estudio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Seis veces más que en 2016; un ascenso que se disparó el año de la pandemia.
Aunque la experiencia de la gran pantalla sigue siendo un valor añadido, el consumo en línea se ha consolidado como opción principal para buena parte del público. La encuesta de hábitos culturales muestra que, entre los 15 y los 54 años, entre el 85% y el 95% de las personas consumieron contenido audiovisual por Internet en 2025, y que más de la mitad de la población ve una película desde su sofá al menos una vez por semana.
El cine de producción catalana sigue siendo el menos visto en las salas de Catalunya. Solo representó el 1% de los espectadores en 2023, la cifra más baja desde que hay datos. Una caída causada, en parte, por un menor número de películas catalanas en los cines: de 138 en 2016 a 40 en 2023, según el Idescat.
Por otro lado, aunque la caída en la cantidad de producciones catalanas y en la asistencia al cine para verlas ha afectado a las cifras de espectadores de películas originales en catalán, el público de los largometrajes doblados en catalán aumenta ligeramente cada año. En 2023 fueron 276.000 espectadores, cerca de los datos de 2018 y 2019, pero todavía lejos de las cifras de hace diez años, cuando tenían más de 370.000 espectadores anuales.
Los subtítulos en catalán, en cambio, no han recuperado los datos récord de 2017, cuando 133.000 personas eligieron una de las más de 5.000 sesiones con este idioma para la traducción. En 2023 no llegaron a ser 890 las sesiones, con un total de 10.000 espectadores.
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