Cine
‘Barbara Forever’, un brindis por la heroína del cine lésbico
El documental 'Barbara Forever' repasa la vida y obra de Hammer, que dirigió cortometrajes como 'Dyketactics', considerada la primera representación de sexo lésbico dirigida por una mujer, y el largometraje 'Nitrate Kisses'
Hammer, que también abordó la epidemia del sida y la defensa de una muerte digna, usó el cine experimental para romper barreras y desafiar los límites de lo aceptable en pantalla

La pionera del cine lésbico Barbara Hammer, cuya obra custodia la Universidad de Yale desde 2017. / EPC

Barbara Hammer tenía 30 años y acababa de divorciarse de su marido cuando, tras una tarde de cine junto a otra mujer que acabó de forma imprevista en la cama, comprendió que era lesbiana. Y esa epifanía la empujó a dirigir sin descanso películas a través de las que, desde principios de los 70 -décadas antes de que los derechos de la comunidad LGTBIQ+ empezaran a ser reconocidos-, exploró tanto su vida y su sexualidad como las de otras mujeres homosexuales con el fin de erradicar la invisibilidad a las que todas ellas eran relegadas.
De ese modo definió el cine lésbico casi en solitario, convirtiéndolo en sinónimo de riesgo formal y compromiso político, hasta que en sus últimos años redirigió el foco de su obra hacia su propia lucha contra el cáncer, que acabó con su vida en 2019. Su figura es estudiada y reivindicada en ‘Barbara Forever’, documental dirigido por Brydie O’Connor que acaba de ser premiado en el festival de Sundance. Compuesto en gran parte por material de archivo y fragmentos de algunas de las 81 obras audiovisuales que Hammer completó a lo largo de su vida, posee la sensualidad y la intrepidez estética que la cineasta consideraba requisito esencial del arte lésbico. “Decidí dedicarme al cine experimental porque, en cuanto que lesbiana, llevaba un estilo de vida experimental, y siempre lo he llevado”, explica ella misma en una escena de la película. “Por tanto, creo que el cine lésbico tiene el deber de experimentar”.

Brydie O'Connor, directora de 'Barbara Forever'. / Marisa Chafetz
Hace medio siglo la industria pornográfica era un negocio en manos de hombres que utilizaban el cuerpo femenino para ganar mucho dinero vendiendo una versión distorsionada de la (hetero)sexualidad. En ese contexto, Hammer comprendió que la única opción que tenían las mujeres para controlar el uso y el significado de sus cuerpos en las películas sexualmente explícitas era hacerlas ellas mismas.
Ya había firmado varias cuando estrenó el primer hito artístico de su carrera, ‘Dyketactics’ (1974), un cortometraje sin diálogos que muestra a un grupo de mujeres desnudas que se entregan a los placer carnales en un bosque, y que hoy es considerado la primera representación cinematográfica de sexo lésbico dirigida por una mujer; compuesta de más de cien planos en poco más de cuatro minutos de metraje, la película es un muestrario de recursos visuales como superposiciones y sobreexposiciones, cambios agresivos de enfoque y alternancia de formatos.
‘Barbara Forever’ también presta especial atención al primer largometraje de Hammer, hoy considerado su obra maestra: ‘Nitrate Kisses’ (1992), que lleva a cabo una sucesión de retratos de vidas ‘queer’ anteriores a la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos y Alemania, y que funciona como sofisticada declaración contra el nazismo y otras manifestaciones de homofobia. Casi una década antes de que viera la luz, la cineasta había empezado a convertir su trabajo en una forma de activismo. Durante los 80, prestó especial atención a los estragos causados por la epidemia del sida y la marginación social e insitucional sufrida por sus víctimas; y en los últimos años de su vida, mientras exploraba su propia enfermedad, se erigió en defensora militante del derecho de las personas a una muerte digna.

Una imagen de ‘Nitrate Kisses'. / EPC
“El cáncer no es una batalla ni una guerra, y yo no estoy luchando; me siento agradecida de haber podido vivir una vida plena en compañía de la enfermedad”, afirma Hammer en ‘Barbara Forever’; su propia voz es el principal vehículo narrativo del que se sirve la película mientras investiga su historia personal, las motivaciones de su arte y su necesidad de reconocimiento. “Quiero ser famosa”, afirma.
“Quiero entrar en una habitación y ser presentada como ‘Barbara Hammer, la artista que nos ha dado tanto de sí misma’”. Trabajar dentro de los confines del cine de vanguardia siempre limitó sus posibilidades de visibilidad, pero hoy es mencionada al lado de otros cineastas ‘queer’ como Todd Haynes y Gregg Araki por la enorme influencia que su empeño en desafiar continuamente los límites de lo aceptable en pantalla ha tenido en generaciones posteriores. Y las retrospectivas de su obra, asimismo, llevan sucediéndose en todo el mundo desde que la Universidad de Yale se hizo cargo de sus archivos en 2017, y el signo de los tiempos -más concretamente, el auge de la extrema derecha y sus intentos de borrar la experiencia ‘queer’ de la cultura y la sociedad- se ha encargado de que siga teniendo plena relevancia. No hay más que recordar la cita que cierra ‘Nitrate Kiss’ para comprobarlo: “Lo que no es representado en imágenes, lo que se omite de las biografías, lo que se censura, lo que queda aplastado bajo un lenguaje inadecuado o mentiroso... todo eso se convertirá no solo en algo no dicho, sino en algo indecible”.
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