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Ensayo autobiográfico

Stefanie Kremser explora la relación entre la mujer y el hogar en tiempos de "violencia inmobiliaria"

La escritora alemana afincada en Barcelona publica 'Acció de gràcies per una casa', su primer libro escrito en catalán

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La escritora Stefanie Kremser presenta su libro 'Acció de gràcies per una casa' en Barcelona

La escritora Stefanie Kremser presenta su libro 'Acció de gràcies per una casa' en Barcelona / ACN

David Morán

David Morán

Barcelona
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A los hombres, defiende Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967), se les da bien hacer casas, construirlas, pero no cuidarlas. "Ellos las pagan, pero nosotros las creamos; sabemos hacer un hogar de la nada", sostiene la escritora alemana afincada en Barcelona desde hace más de 20 años. "El cuidado de la casa es un arte, porque mientras cuidas de las cosas cuidas también la memoria de las cosas. La mujer aquí es la creadora", insiste durante la puesta de largo de 'Acció de gràcies per una casa' (Edicions del 1984), ensayo autobiográfico que, tirando del hilo del anterior 'Si aquest carrer fos meu', explora la relación entre mujer y hogar buscando respuestas en la literatura y en su propia experiencia tras encadenar más de una veintena de direcciones y otras tantas mudanzas. 

¿Casualidades? Ninguna. De hecho, la escritura de 'Acció de gràcies per una casa', primer libro que escribe directamente en catalán, pilló a Kremser en pesadillesco tránsito entre el piso de Barcelona que acababan de perder después de que unos inversores compraran toda la finca y la "casa del futuro" que está a punto de estrenar junto a su marido, el también escritor Jordi Puntí. "Tengo las llaves desde ayer, pero aún pasarán meses hasta que podamos sacar los muebles, porque es la primera vez que lo tenemos todo en un trastero. Hace un año y medio que vivimos con una maleta, y eso da mucho que pensar sobre la dignidad y sobre ser autónoma y escritora", explica. 

Casas perdidas y soñadas

En 2011, Kremser ya transformó su indignación habitacional en una novela negra en la que un asesino en serie ajusticiaba con saña bíblica a una decena de especuladores inmobiliarios, pero lo que no esperaba la también autora de 'Postal de Copacabana' era verse arrastrada por la ola de la gentrificación. "Es como si me hubiese encontrado dentro de la novela negra que escribí hace años", asegura. Quince años y unos cuantos pisos después, la autora invoca ahora a Philip Larkin, Imma Monsó, Annie Ernaux, Elizabeth Strout y Charlotte Salomon, entre otros, para reflexionar sobre la dimensión social del hogar "en tiempos de violencia inmobiliaria" y acumular voces y vivencias sobre las casas pasadas y futuras, las perdidas y las soñadas. "Al final, todo tiene que ver con la capacidad de construir un futuro, aunque sea fabulado", asegura. 

El germen de 'Acció de gràcies per una casa', reconoce Kremser, llevaba años plantado y asomando periódicamente en charlas y tertulias, pero fue la aparición en escena de Severina, una mujer de la limpieza brasileña que trabajaba en casa de una amiga, la que le dio entidad de proyecto editorial. "Contactó conmigo porque quería que hiciera un libro explicando su vida para que ella pudiera comprarse una casa, y su historia, muy ‘dickensiana’ y muy parecida a lo que debía pasar aquí en la posguerra, me hizo pensar en mi propia relación con la casa, en la dificultad de tener una… Fue cuando me di cuenta de que conozco a muy pocas mujeres que hayan podido comprarse una casa solas, sin herencia o sin estar casadas. Solo con su sueldo", detalla.

Tampoco es casual que, después de varios títulos traducidos del alemán, este sea el primer libro que Kremser, nacida en Alemania y criada en Brasil, ha pensado y escrito en catalán. "Siempre he hecho de puente entre Europa y Latinoamérica en mis libros, así que si ahora hablo de Barcelona y São Paulo no tiene sentido escribir en alemán”, asegura. En su cabeza, desvela, conviven de forma atropellada portugués, alemán y catalán, pero ya no se imagina escribiendo en otro idioma que no sea catalán. "No es fácil, mi marido es Jordi Puntí, así que la responsabilidad es máxima”, confiesa. "Pero bueno, ya era lenta cuando escribía en alemán", añade. Sin prisa, pues.

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