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Crítica

Currentzis deja afónico al público de Ibercamera con su ‘Anillo sin palabras’

El genial director greco-ruso fue largamente vitoreado por su arrebatadora lectura de la reducción que Maazel realizara de ‘El anillo del nibelungo’ de Wagner

Una imagen de un concierto de Teodor Currentzis en el Auditori de Barcelona

Una imagen de un concierto de Teodor Currentzis en el Auditori de Barcelona / Mario Wurzburger

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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Cuando Lorin Maazel despojó del libreto la Teatralogía de ‘El anillo del nibelungo’ de Richard Wagner en el arreglo sinfónico de las cuatro óperas que la componen creando su ‘Ring ohne Worte’ (‘El anillo sin palabras’), los puristas se le echaron a la yugular. Y con razón, ya que osaba profanar la obra magna wagneriana, en la que música, palabra y teatro forman una unidad indisoluble. Pero el tiempo le ha dado la razón. Su suite, que condensa en 70 minutos 15 horas de ópera, se ha acabado por imponer, aunque le llovieran los palos cuando en 1987, en el centenario de la Filarmónica de Berlín, daba a conocer su compilación de uno de los hitos de la historia la música. Y de toda la cultura occidental.

Era un reto, porque la obra es tremenda. Wagner escribió el ‘Ring’, que se desarrolla en cuatro óperas, concibiendo la música y redactando el libreto en una yuxtaposición vital, ya que se retroalimentan. La partitura está plagada de motivos musicales, los famosos 'Leitmotiv', que se escuchan cuando en el libreto se cita a alguien (cualquiera de los personajes) o a algo (la espada, el dragón, la casa de los dioses), incluso un sentimiento. Pero en esta transcripción el material wagneriano campa con libertad. Más todavía con la lectura ofrecida por el genial director de orquesta griego nacionalizado ruso Teodor Currentzis, quien ante su prodigiosa orquesta musicAeterna, con sede en San Petersburgo, regaló una lectura inolvidable de este monumento contando con refuerzos de lujo, como el maravilloso Joaquín Arrabal en el contrabajo.

El maestro llevó al público de la mano (o de la oreja) a ‘su’ Wagner, apostando por la teatralidad, cargando tintas con inteligencia y sensibilidad, apostando por el contraste, jugando con los colores de la paleta orquestal. Momentos como los murmullos del bosque, la Marcha fúnebre de Siegfried o la despedida de Wotan de Brünnhilde cuando la deja sumida en el sueño mágico a la espera del héroe resultaron arrebatadoramente emocionantes. Tanto como otros en los que el teatro se hizo presente, con la forja o el desmadre de la célebre cabalgata de las valquirias. Currentzis es hombre de teatro, y en su versión pudo sentirse esta pulsión que le mueve, con un fraseo narrativo, que apuntaba a explicar gracias al trabajo del detalle, y sobre todo junto a unos músicos benditos que le siguen con devoción.

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