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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Fabricantes de éxitos a destajo: ¿a quién premian los Grammy?

Hace solo tres años que la academia reconoce a los compositores con una categoría propia, y ya tocaba, si bien por ahora galardonan más a los acumuladores de 'hits' que a los autores con una voz propia identificable

Sabrina Carpenter actúa durante la última edición de los premios Grammy

Sabrina Carpenter actúa durante la última edición de los premios Grammy / CAROLINE BREHMAN / EFE

Apenas nos hemos fijado en que los Grammy, desde no hace mucho, la edición de 2023, disponen de una categoría nueva, el premio al compositor del año. Causa perplejidad que, con tantos años de recorrido, desde 1959, la academia no hubiera considerado pertinente reconocer a los autores de todas esas canciones que ciertos cantantes hicieron suyas y capitalizaron. Es un cambio importante: el mérito de la canción ya no se atribuye solo a su voz solista sino a quien lo ha elaborado en la sala de máquinas.

Los ganadores en estas ediciones son poco conocidos para el gran público, pero sus nombres están en los créditos de un montón de 'hits'. Figuras como Amy Allen, vencedora del año pasado (y repetidora ahora como nominada), en cuyo haber figura la coautoría del pelotazo 'Espresso', de Sabrina Carpenter (y de todo el álbum correspondiente, 'Man's best friend'), así como diversos logros para vedetes como Harry Styles, Justin Bieber o Selena Gómez.

La academia dijo responder así a una demanda histórica de los compositores afiliados, unos 3.500. Pues ya tardaba (¡el galardón al mejor productor se estableció en 1975!). Y todo ello tiene que ver con el grosor de un pastel que mueve más y más dinero, el de los créditos en el 'streaming', allí donde las canciones son "el nuevo petróleo" (como saben todos los veteranos del pop-rock que últimamente han vendido sus catálogos por millonadas).

El gesto de reconocimiento era conveniente. Aunque, ateniéndonos a los ganadores de estos años, no vemos tanto un acto de justicia poética hacia el creador en la sombra como un aval al compositor industrial, el 'super-compositor' que acumula autorías de gran impacto comercial para los artistas 'top'. Tiene aspecto de coto bastante delimitado, con nominados reincidentes como Édgar Barrera (detrás de éxitos de Ariana Grande, Ed Sheeran o Karol G) o Tobias Jesso Jr. (Justin Bieber, Miley Cyrus, Bon Iver). Ya sabemos lo que son los Grammy, el aquelarre del 'show business'. Pero estas distinciones resaltan creaciones en las que el rol del compositor se dispersa más que en el pasado: coautorías muy compartidas, con productores y arreglistas influyendo en una obra final que tal vez no controlen.

He aquí una objeción a los éxitos actuales, que, con tanta firma involucrada no sabes con certeza a quién atribuirlos, ni dónde está el alma. Este Grammy reconoce más la habilidad para leer el sistema y la capacidad para adaptarse que al compositor con una voz propia distinguible. En el pop de hoy, todo es un poco más difuso.

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