Concierto en Barcelona
André Rieu, música que une e invoca la inocencia en otro despampanante 'show' en el Palau Sant Jordi
El violinista neerlandés y su orquesta irradiaron felicidad a largo de tres horas cabalgando sobre valses, números operísticos, éxitos de musicales y clásicos pop, y culminaron con la ‘Macarena’, compartida con Los del Río

Concierto de André Rieu en el Palau Sant Jordi este 31 de enero / Manu Mitru

André Rieu, ese músico que causa irritación entre los ‘connaisseurs’ de la música clásica y que hace feliz al resto de la humanidad, o casi. Es un debate sin remedio, que este violinista, director de orquesta (bautizada como Johann Strauss) y pimpante ‘entertainer’ neerlandés sobrevuela graciosamente en conciertos que son una mezcla de ‘grande bouffe’, páginas célebres a lo Franck Pourcel y ofrenda de tonos pastel a la armonía universal, como el que ofreció este sábado en el Sant Jordi (lleno una vez más).
Situarlo en la liga clásica es impreciso. Rieu entiende la música por encima de los nichos de estilo: se trata de “unir a las personas”, dejó claro, y ahí entran tanto las triunfantes marchas de bienvenida (‘Entry of the gladiators’) y los extractos operísticos como citas a bandas sonoras y musicales, valses canónicos, números pop y, en el tramo final, algo de desvarío latino.

Concierto de André Rieu en el Palau Sant Jordi este 31 de enero / Manu Mitru / EPC
En un escenario con cortinajes rojos y la sesentena de músicos colocados en semicírculo (de etiqueta ellos, con vestidos de cuento de hadas ellas), se manifestaron la pompa y el dulce lirismo, un sentimiento excitado a conciencia y algo de parodia de los rigores académicos, ese fondo antielitista. Cierta mofa amable: muecas, reverencias, gags. Rieu siente el pulso del público, lo integra en el ‘show’ y riñe simpáticamente a la pareja (abochornada) que llega tarde.
A lo largo de tres horas (pausa incluida) y 36 piezas, dispensó todo un recorrido emocional con hábiles cambios de ritmo. Flotó una inocencia, donde invocar “los sueños que se hacen realidad” no era una cursilada y dio pie a un ‘The impossible dream’ bombeado por los tres tenores, a los que luego se unieron otras tantas sopranos en ‘El himno a la alegría’. Y la nieve volcada anunció el camino a los valses, y en ‘El Danubio azul’, el público se levantó a bailar en pareja. Y la ‘Marcha Radetzky’, que un día marcó el camino a Rieu, precipitó el rito de las palmas. La algarabía, en el desenlace: ‘Sweet Caroline’, ‘Delilah’ y la ‘Macarena’, con Los del Río, en escena y su trance rumba-house sacudiendo el Sant Jordi.

Concierto de André Rieu en el Palau Sant Jordi este 31 de enero / Manu Mitru / EPC
En las giras de Rieu no hay un concepto o eslogan que distinga cada una de la anterior. No importa, viven en una dinámica propia y flotante, en un río de comunicación que se transforma un poco cada vez, sacando de casa asistente sus impulsos más puros, su bonhomía. Podrá deslizar banalidad y ‘kitsch’, pero hacer que el público salga del local con una sonrisa de oreja a oreja en estos tiempos no parece que sea un pecado mortal.
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