Noche reivindicativa
Un clamor acusatorio, emotivo y lúdico por Palestina en el Palau Sant Jordi (y con Rosalía como invitada sorpresa)
El concierto-manifiesto deparó tres intensas horas y media de canciones y parlamentos, con una veintena de artistas y la aparición no anunciada de la cantante de Sant Esteve Sesrovires

Rosalía canta 'La Perla' en el concierto por Palestina de Barcelona / JORDI OTIX / VÍDEO: ACN / 3CAT

Un escenario concebido como una plaza, un ágora para el son y la palabra, con coros e instrumentistas a ambos lados, y un largo desfile de voces que trenzaron canciones y parlamentos con la vista puesta en la otra ribera del Mediterráneo. El ‘Concert-manifest per Palestina’ deparó tres horas y media de espectáculo y acto de denuncia, con poesía, sentimiento e ira, y música de muy variados perfiles, este jueves en el Palau Sant Jordi.
Fue un evento frondoso y serpenteante, adscrito a la campaña Act x Palestine, en el que convivieron artistas de aquí y de allá: Sol Band, un grupo de Gaza, deslizó su música tradicional en un prólogo en el que Eduard Fernández y el cineasta palestino Kayed Hammad platicaron poniendo “el impulso de la cultura” como herramienta de “resiliencia y solidaridad”. Se sumó Pep Guardiola, apuntando a “los poderosos, que son unos cobardes”, ese genérico origen de los males.

Una noche previsiblemente propensa al mitin, donde empezó elevando el tono la cantante estadounidense-palestina Lina Makoul, que lució voz, combinando mística y ‘autotune’, y pidió una “free Palestine” extensiva a “Sudán, África, Latinoamérica…” Añadió que “lo contrario de la tristeza no es la alegría, es la creación: de un movimiento, de espacios, arte, sueños”. La relevaron Ana Tijoux, con la reivindicación de ‘Somos sur’ a golpe de rap expeditivo (esa sudadera con mensaje anti-ICE), y el llamamiento al “boicot a Israel”, en todos los órdenes, formulado por Natalia Abu-Sharar, presidenta de la Comunitat Palestina de Catalunya.
Pero la música fue troncal, cuidada y sólida, en intervenciones como la de Fermin Muguruza, que se volcó en el arrollador ska de ‘Yalah yalah Ramallah’, en compañía de la tropa de Dabke. Grandes contrastes de estilos, con el blues del desierto del carismático grupo tuareg Tinariwen, manejando sus punzantes guitarras eléctricas, y la copla lorquiana de ‘Anda jaleo’ dibujada por el violín de Laura Pacios, de Las Migas. Hubo agitación edificante con Xavi Sarrià (ex-Obrint Pas) y Salma Alhakim (‘Hayat-Vida’) y un poco de folklore a la eurovisiva manera con Zeyne. Y La Fura dels Baus brindó una ‘performance’ que venía a ser el grito de socorro de un sujeto atrapado y suspendido en el espacio.
Algunas de las actuaciones más álgidas fueron las más recogidas: ese dulce “poema para Palestina” que bordó la noruega Aurora, y el viaje onírico de ‘Le symphonie des éclairs’, pilotado con exquisitez por la francesa Zaho de Sagazan. Ahí estuvo también Amaia, poniendo su “granito de arena” a la causa cantando al piano ‘Nadie podría hacerlo’ y ‘Tengo un pensamiento’. En un registro más críptico estuvo lo de Guillem Gisbert y una Mushka en silla de ruedas (la caída tonta de hace unos días), extraña pareja unida en ‘1 cúmbia per al Guillem’, la cumbia más estática que puedan recordar los más viejos del lugar.
Y a todo esto, apareció Rosalía, presencia no anunciada, para alboroto general. Eligió una pieza de temática poco palestina, aunque de lo más comúnn, ‘La perla’, recreada con un quinteto de músicos y voces, luciendo carisma. Meses después de que la señalaran por no mojarse, ahí estaba. Sin proclamas, sencillamente afirmando que era “un honor” estar ahí. Alejándose un poco más si cabe del sentimiento trágico, Bad Gyal salió a golpe de dancehall libidinoso-disfrutón con ‘Fiebre’ y dejó claro que era “superimportante” estar ahí. En ‘Así soy’ se le unió Morad, que remató con un demoledor ‘Soñar’.
El ‘Concert per Palestina’ quiso ser muchas cosas a la vez: acusador, conmovedor, lúdico. Quizá por ello, se digirió mejor de lo que cabía esperar dada su larga duración. Hacia al final procedía recordar la motivación original y para eso estuvieron Clara Peya y su coro de invectivas políticas, y ese ‘Abril 74’ que Lluís Llach compartió con Alguer Miquel (ex-Txarango) y Gemma Humet, con imágenes de Gaza como fondo. Mucha gravedad, suavizada finalmente por Oques Grasses con ‘La gent que estimo’, llevando la resaca de emociones al plano más íntimo y universal.
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