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Entrevista

Víctor del Árbol: "Ahora que la demagogia campa a sus anchas, el papel del escritor es más importante que nunca"

El novelista barcelonés cierra su trilogía del sicario sin nombre con 'Las buenas intenciones', thriller que anuda corrupción urbanística y blanqueo de capitales a través de la Iglesia

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El escritor Víctor del Árbol, fotografiado en Barcelona

El escritor Víctor del Árbol, fotografiado en Barcelona / Sandra Román

David Morán

David Morán

Barcelona
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En 2022, cuando empezó a escribir 'Nadie en esta tierra', Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) se propuso el reto de escribir un policial puro y duro, casi todo al género y barra libre de drogas y torturas, que no desentonara al lado de títulos mestizos y existencialistas como 'La tristeza del samurái', 'El hijo perdido' o 'La víspera de casi todo', con la que ganó el premio Nadal de 2016. Tanto le gustó la experiencia y tan a gusto se encontró entre enigmáticos inspectores de policía, periodistas de ida y vuelta y criminales periféricos, que la novela se convirtió en trilogía: después de 'El tiempo de las fieras', publicada el año pasado, 'Las buenas intenciones' (Destino), recién llegada a las librerías, completa ahora un viaje con parada en la corrupción urbanística, los turbios negocios de la Iglesia y la ambigüedad de ese sicario sin nombre que representa para el 'exmosso' la tentación de la belleza del mal. 

Con 'Las buenas intenciones' cierra una trilogía, la del sicario sin nombre, que nació, dijo entonces, para acabar con las discusiones sobre si la novela negra puede o no ser literaria. 

Mi aspiración siempre ha sido convertirme en escritor sin renunciar a la estructura novelística. Parece una contradicción pero no lo es: el oficio de novelista y el oficio de escritor muchas veces no van a la par. Han sido tres novelas, cinco años, el arco narrativo de los personajes… Creo que lo que me había propuesto al principio lo he conseguido. Ha sido un viaje que ha valido la pena. 

¿No cansa un poco tener que estar siempre recordando que un thriller también puede ser buena literatura?

Es que hay que superar ese discurso, que sean los hechos los que hablen. Que se puede escribir novela negra con vocación literaria está más que demostrado. Me aburre un poco tener que defender lo obvio.

Desde el momento en que elijo temas que nos afectan a todos, claro que mis novelas son políticas o tienen una lectura política, pero no ideológica"

¿Por qué un sicario como narrador? 

Siempre he escrito personajes con muchas capas, muy complejos, pero puede que este sea el más paradigmático: un observador frío de la realidad que, pretendiendo ser alguien a quien no le importa nada, un nihilista, no se puede despojar de cosas como el amor, la familia, la justicia, el sentido de la lealtad… 

De la humanidad.

Eso es. En su oscuridad he encontrado la grieta. Es un asesino, el arquetipo del personaje malévolo, pero vemos que incluso un personaje así es imposible que se despoje de su humanidad. 

Barcelona. 20 de enero del 2026. Retratos de Víctor del Árbol, escritor de novela negra. Fotos de Sandra Roman

Víctor del Árbol / Sandra Román

En sus novelas siempre reaparecen la culpa, la memoria, el pasado, el bien y el mal, la humanidad a pesar de todo… ¿Pesa mucho la moral? 

Yo le doy una importancia fundamental a la ética. La moral, para mí, es un condicionante, una categorización del bien y del mal que tiene que ver con la costumbre y asociamos a cierta religiosidad, y yo huyo de ese tipo de situaciones. La moralidad es una cuestión íntima, pero la ética corresponde al territorio de la comunidad, a qué valores comunes compartimos. No soy un predicador, no tengo las respuestas, pero sí que me cuestiono la ética imperante en nuestro tiempo: dónde ponemos los límites de la libertad individual y la ambición, qué grados de corrupción estamos dispuestos a tolerar, cómo funcionan los mecanismos del poder… 

En 'Las buenas intenciones', todo esto se articula a través de una trama de corrupción urbanística y especulación inmobiliaria. ¿Es ahí donde anida el gran mal de nuestro tiempo?

Yo creo que el mal de nuestro tiempo es la desesperación, el doblar la rodilla ante lo que nos parece inevitable. El problema de la demagogia es que crea los problemas para luego ofrecerse como la salvación: generar desesperación, miedo e inquietud es el caldo de cultivo perfecto para que aparezca un salvador. Frente a eso, literatura. Información, sí, pero sobre todo literatura. ¿Por qué? Porque los periodistas estáis sujetos a la actualidad y a un tiempo narrativo que no permite ni pausa ni reflexión, pero un escritor puede salir de ese marco, reflexionar y dar pausa. Por eso, y porque la demagogia campa a sus anchas, el papel de los escritores conscientes es hoy en día, en el año 2026, más importante que nunca.

¿Qué pasaría si lográramos cerrar el grifo de la economía del crimen? Lo que veríamos, paradójicamente, es que la economía se hunde

Entonces, ¿tienen sus novelas una lectura política? 

Tienen una lectura política que va más allá de lo político en tanto que se plantean cuestiones éticas. Lo que me interesa del cuestionamiento político en mis novelas es reivindicar valores básicos de la democracia. ¿Cuál es el problema fundamental de España hoy en día? El problema de la vivienda. ¿no? Pues hay que recordarle a la gente, a través de la literatura, que la vivienda es un derecho fundamental recogido en la Constitución española y que no se está cumpliendo porque hay un problema estructural que es la corrupción urbanística. Así que, desde el momento en que elijo temas que nos afectan a todos, claro que mis novelas son políticas o tienen una lectura política, pero no ideológica.

La Iglesia tampoco sale muy bien parada de la novela.

No sale muy bien parada este tipo de Iglesia, porque yo cuento una historia antigua y que conocemos todos: la del Banco Ambrosiano y el blanqueo de dinero de la mafia siciliana a través del Banco Vaticano. Ahí entramos en un tema muy complejo y muy interesante: qué pasaría si lográramos cerrar el grifo de la economía del crimen. Lo que veríamos es que la economía se hunde. Eso es vivir en una paradoja. Luchar contra algo, contra la opacidad fiscal, contra la evasión de capitales, contra la gente que juega con la vida y los derechos fundamentales de la gente como la vivienda, pero al mismo tiempo saber y ser conscientes de que no podemos prescindir de ese círculo vicioso.

Por cierto, ¿qué tal se lleva con el 'true crime'? A Clara Fité, la periodista protagonista, la pone a investigar un caso de desaparición y supuesto asesinato de dos niños que parece sacado de la crónica negra española.

Me llevo mal. A mí lo que me interesa son las raíces, y al poner el foco sobre la anécdota olvidamos las raíces. Lo anecdótico, lo actual, lo puedo entender como síntomas de una enfermedad mucho más grave, y yo quiero saber de dónde viene esa enfermedad. En realidad, ese caso está basado en una historia que pasó en Calabria en los años 80, sólo que yo me la llevo al terreno de la redención. De ahí el título. Tú puedes tener las mejores intenciones del mundo y corregir tus errores del pasado, pero muchas veces ese pasado ya no se puede corregir.

En 'El tiempo de las fieras', su anterior novela, trató los safaris humanos de Sarajevo meses antes de que la Fiscalía de Milán abriese una investigación al respecto.

A veces parecemos visionarios, pero lo que pasa es que tenemos la pausa para reflexionar sobre la realidad. Esta historia apareció en los años 90 y desapareció. Pero yo me la quedé. Quizá por mi pasado como policía presto más atención a detalles que pueden pasar desapercibidos. Cuando ves que la literatura anticipa lo que la justicia aplica, entiendes mejor tu rol como escritor y te reafirma en que ese es el camino correcto. A veces me parece que hoy en día la literatura puede convertirse en una llamada a rebato, una manera de decir "¡ey, despertad que esto se nos va de las manos!".

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