Fotografía
La obra poética y esquiva de Sergio Larrain, el ermitaño de Magnum, llega a Foto Colectania
Una exposición, que tendrá continuidad a partir de agosto en la Biennal Xavier Miserachs de Palafrugell, reúne unas 80 imágenes del artista chileno que abandonó una exitosa carrera profesional para dedicarse a la meditación y el estudio del misticismo oriental

Bar, Valparaíso. Chile, 1963. / © Sergio Larrain / Magnum Photos

Pocos fotógrafos arrastran consigo un halo de misterio y leyenda comparable al que envuelve a la figura del chileno Sergio Larrain (1931-2012), el primer latinoamericano que formó parte de la agencia Magnum, que, en un momento de pleno reconocimiento internacional, decidió retirarse de la vida pública, abandonar la fotografía profesional y, asentado en una remota aldea del norte de su país, dedicarse a la meditación y el estudio de la filosofía oriental. Pese a la brevedad de su carrera, la obra de Larrain, poética y singular, se convirtió en una referencia fundamental para las generaciones de fotógrafos que vinieron después. Por ello, la exposición que a partir de este jueves y hasta el 24 de mayo le dedica en Barcelona la Fundació Foto Colectania -y que tendrá continuidad a partir de agosto con otra muestra más amplia en el marco de la Biennal de Fotografia Xavier Miserachs de Palafrugell- es un pequeño acontecimiento.
Producida por Magnum Photos y comisariada por la francesa Agnès Sire, que fue directora de la Fundación Henri Cartier-Bresson entre los años 2003 y 2022, 'Sergio Larrain. El vagabundo de Valparaíso | Chile' reúne unas 80 fotografías, con especial atención a las series 'Niños de la calle' y 'Valparaíso'. La primera, realizada entre 1956 y 1957, se centra en la vida de los niños abandonados que sobrevivían en las calles de Santiago de Chile, en los que el fotógrafo, nacido en una familia burguesa en la que siempre se sintió extraño, veía un eco de su propia rebeldía e inadaptación. "Esos niños eran un reflejo de su personalidad y una expresión de su deseo de una sociedad mejor", apunta Sire.
El éxito y la insatisfacción
Movido por la voluntad de escapar de su entorno familiar, Larrain obtuvo en 1958 una beca del British Council para trabajar en Londres. Es en ese periodo cuando consiguió atraer la atención de Henri Cartier-Bresson, que en 1959 le invitó a formar parte de la prestigiosa cooperativa Magnum. Durante un par de años viajó alrededor del mundo y realizó numerosos (y aclamados) reportajes para la agencia, pero no tardó en descubrir que ese estilo de vida no satisfacía en absoluto sus necesidades espirituales y volvió a Chile. Allí centró su atención en el paisaje urbano del puerto de Valparaíso, que ya había fotografiado antes extensamente, completando una serie de gran relevancia que muchos años después, en 1991, se vería plasmada en un célebre fotolibro, 'Valparaíso', con textos de Pablo Neruda (a quien se debe el título de la exposición).

Pasaje Bavestrello. Valparaíso. Chile, 1952 / © Sergio Larrain / Magnum Photos
En la publicación de ‘Valparaíso’ tuvo un papel importante Agnès Sire, que había descubierto la obra de Larrain en los años 80 y, "fascinada por su genio", inició una fecunda relación epistolar con el artista, a quien nunca llegó a conocer en persona. "En esa época vivía como un ermitaño, comía insectos, practicaba yoga y dibujaba", explica la comisaria. No era una relación fácil. Larrain, relata, "solo se comunicaba por carta y el buzón más cercano estaba a 30 kilómetros del lugar en el que residía". El proyecto del libro salió adelante, pero cuando Sire propuso hacer una nueva versión ampliada con más fotografías y textos, el artista impuso como condición que no se publicara mientras él viviera, pues le parecía "una concesión excesiva a la egolatría".

Sergio Larrain, en París, en 1959. / © Sergio Larrain / Magnum Photos
Ferozmente autodidacta, Larrain concebía el trabajo del fotógrafo como una especie de mediación espiritual. "Cuando dirijo la mirada hacia fuera, con la cámara en la mano, en realidad busco imágenes hacia dentro -escribió-. Solo puedo materializar ese mundo de fantasmas cuando veo algo que resuena dentro de mí". Tiene bastante sentido, pues, que su figura inspirara el conocido relato de Julio Cortázar 'Las babas del Diablo', del que años después Michelangelo Antonioni tomaría la idea para su película 'Blow-Up'. "Es como si las imágenes ya existieran en el cosmos y el fotógrafo solo actuara de médium", describe Agnès Sire. "Su ojo magnético recorta fragmentos de de la realidad, sin temor a lo que queda fuera del encuadre, al tiempo por venir, a las diagonales atrevidas, a la falta de nitidez, al pleno sol o a la penumbra; sus personajes suelen salir del encuadre, como si fueran inaprensibles y se resistieran a dejarse encerrar". Como el propio Larrain.
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