Literatura norteamericana
Joan Didion y Eve Babitz, cara y cruz de un Los Ángeles salvaje
Joan Didion, carne de psiquiatra: la publicación de sus apuntes de terapia, entre el morbo y la melancolía
Eve Babitz, la cronista salvaje del Hollywood dorado que esquivó de milagro a la heroína

Joan Didion y Eve Babitz. / EPC

“Me parecía a Brigitte Bardot y era la ahijada de Stravinsky”. Así se definía Eve Babitz (Los Ángeles, 1943), escritora, artista visual e it girl en Los Ángeles de los 60 y 70. ¿Qué podría irle mal? Hija de un musicólogo barroco y una bella artista de Texas, creció en un entorno cultural privilegiado a los pies de Hollywood Hills, era una lectora voraz y tenía una nariz infalible para el talento ajeno. Propiciaba encuentros formidables, como el de Frank Zappa y Salvador Dalí, antes de publicar diseñó portadas de álbumes tan míticos como ‘Buffalo Springfield Again’ y tuvo una legión de amantes entre los que se encuentran Jim Morrison, el artista Ed Ruscha y Harrison Ford cuando era carpintero y la sabía clavar. “Es un talento acostarse con nueve personas diferentes en un día. Warren [Beatty] solo se hace a seis”, observó Eve Babitz sobre el futuro Indiana Jones.

Eve Babitz. / EPC
Y sin embargo, después de una efervescente juventud, todo acabó de la peor de las maneras. ‘Eve Babitz, una hedonista con una libreta, muere a los 78’, tituló su obituario ‘The New York Times’ en diciembre de 2021. No hablaba tanto de su obra, cinco novelas y dos libros de memorias entre los que se encuentran los muy recomendables ‘Eve’s Hollywood’ y ‘Días lentos, malas compañías’, como de una habilidad social propia de Zelig que la llevó a protagonizar hits de la cultura pop como su foto desnuda (el cabello le tapaba el rostro) jugando al ajedrez con Marcel Duchamp.
Para cuando la conoció la escritora Lili Anolik, en el verano de 2012, la enfermedad de Huntington que acabaría por matarla llevaba una década segándole el cerebro. La rescató del olvido: primero con un perfil en ‘Vanity Fair’ en 2012, luego con su biografía ‘Hollywood's Eve: Eve Babitz and the Secret History of L.A.’. Lili Anolik vuelve ahora a la carga con ‘Didion y Babitz’ (Random House), un ensayo donde contrapone su figura con la de su coetánea Joan Didion, que le dio la primera oportunidad como escritora al recomendarla a la revista ‘Rolling Stone’.

Las escritoras Joan Didion y Eve Babitz, amigas hasta que dejaron de serlo. / EPC
El relato avanza por yuxtaposición entre las dos cronistas de aquella California salvaje: Didion aprendió a escribir tecleando frases de Hemingway, la muerte de su idolatrada Marilyn llevó a una joven Babitz al borde de un ataque de nervios; Didion parecía fría incluso narrando el duelo por sus seres más queridos, Babitz ardía a la manera beatnik. Tras un primer amor con Noel E. Parmentel Jr., Didion se parapetó tras su matrimonio con John Gregory Dunne y se concentró en jugar en la liga de los hombres extraordinarios marcando distancias con ellos: “Es la perfecta publicidad de sí misma”, la alabaría Norman Mailer en 1965. Mientras Eve Babitz devoraba amantes. “En la vida de todo hombre joven hay una Eve Babitz. Por lo general, se trata de Eve”, bromeó el productor musical Earl McGrath.
Si la muerte de su hija y su marido fueron el fundido a negro de Joan Didion, a Eve Babitz le sobrevino en 1997, cuando un cigarrillo se le cayó a una falda con demasiado acrílico mientras conducía, provocando quemaduras de tercer grado en la parte inferior de su cuerpo. Con sorna escribió sobre cómo había comprobado que fumar es malo para la salud sin ninguna duda. ‘Yo era un encanto’, una recopilación de sus mejores artículos, también llega a las librerías en castellano con prólogo de Rodrigo Fresán. A falta de seguro médico, la recuperación se financió con una subasta entre familiares, amantes y amigos.

La escritora Lili Anolik. / Michel Benabib
Lili Anolik tardó más de un año en atreverse a cruzar el umbral de Eve Babitz tras llamar a su puerta: “El problema era el hedor -negro, asqueroso, nauseabundo- que rodeaba el apartamento como un campo de fuerza” expone en ‘Didion y Babitz’. Cuando lo hizo, abandonó toda esperanza de que allí pudiera rescatar, en su afán documental, algo de provecho. Y sin embargo, su fascinación fue correspondida cuando una llamada de Mirandi, la hermana menor de la escritora, le puso sobre la pista de unas cajas impolutas con diarios, fotos, manuscritos, cartas. Entre ellas, le cortó el aliento una dirigida a su “Querida Joan”. Y claro, era Didion.
Eve Babitz le recriminaba en la carta, fechada en 1972, su ninguneo de Virginia Woolf, alegoría de su mal feminismo: Didion no soportaba sus diarios y por lo visto no había leído ‘Una habitación propia’. “¿Podrías escribir lo que escribes si no fueras tan menuda, Joan?”, le espetaba. Esconder su genio tras su metro cincuenta y cinco de estatura y criticar el movimiento feminista era el camino de en medio que Didion había tomado para que la dejasen desarrollar su carrera en paz. El hallazgo impulsó a Lili Anolik a esta segunda entrega de su biografía, esta vez escrita bajo el prisma de su supuesto antagonismo con Didion, contra la que toma partido. Hace sangre de su presunto arribismo y su presunto matrimonio por interés con Dunne, porque él editaba sus textos. Reduce su timidez a puro cálculo. “Eran las dos mitades de la feminidad”, considera sobre las dos autoras Anolik, que empieza su libro con una cita de Babitz que es una toda una declaración de intenciones: “Prefiero averiguar las cosas mediante el cotilleo”, históricamente tan menospreciado, como todo lo relacionado con lo femenino.
Ambas murieron en diciembre de 2021, con pocos días de diferencia, Babitz con un funeral en Los Ángeles, íntimo y casi secreto, Didion en Nueva York, sus exequias convertidas en un acontecimiento. Desde entonces, su legendaria discreción ha sido dinamitada con ensayos que hurgan en su vida íntima. ‘Didion y Babitz’ se suma a ‘Apuntes para John’, un diario sobre las sesiones con su psiquiatra que se publicó sin estar nada claro que esa fuese su voluntad. Bienvenido sea el cotilleo, si sirve para dar a Eve Babitz su lugar en la literatura contemporánea y para vender libros.
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