Talento audaz
Milo J y su folclore del futuro ponen en danza el Palau Sant Jordi
El cantante argentino desplegó la fusión de sonidos urbanos y tradicionales de su último disco, ‘La vida era más corta’, en un concierto torrencial, arropado por un frondoso grupo de siete músicos

Milo J,la revelación argentina en el Palau Sant Jordi / Jordi Otix

Hace un año, también un 18 de enero, Milo J nos sorprendía en el Sant Jordi con su tránsito del trap al folclore, que ahora su tercer álbum, ‘La vida era más corta’, ha desarrollado en una apuesta atrevida, mezclando fondos urbanos minuciosos con el roce del charango, la flauta travesera, la guitarra criolla. Así fue en su regreso a ese escenario, este domingo, concierto torrencial (37 canciones) en el que lució su frondosa parada instrumental y su carisma vocal de tonos a la vez graves y dulces.
En lugar de formular el desafío generacional y el choque de culturas, Camilo Joaquín Villarruel, argentino de 19 años, busca el encuentro y la fusión con los ancestros y la provincia. Menos ídolo urbanita y más gurú de tierra adentro, tirando de simbología trágica (apareció con un puñal clavado en la espalda), se las arregló para que estéticas sonoras que podríamos asociar a mundos alejados confluyeran en una sustanciosa alfombra de canciones. Arropándolo, siete músicos, dos de ellos incansables percusionistas.
El título del nuevo álbum apunta a valorar el presente sin perder el tiempo pensando en la fugacidad de la vida, y Milo J canta ahí a los fantasmas, la traición, la envidia, la muerte. Canciones vivaces, como ‘Lucía’ (con la voz pregrabada de Soledad), una exquisitez melódica y poética como es ‘Niño’ y la sacudida del candombe-samba ‘Gil’.
Dominando la escena, aun con su limitado movimiento, Milo J recorrió íntegramente el nuevo material alternándolo con el fondo de armario trapero, realzado con nuevos matices, con más cuerpo y humanidad. Llamando a la algarabía (“para que se vuelvan locos un poco”), ‘No, no’ puso la sala a danzar de la mano del sabadellense Munic HB, como la lapidaria ‘No soy eterno’. Flautas para ‘Milagrosa’ y una efervescente ‘Rara vez’. Granulada amalgama de texturas, con electrónica opaca y pellizcos de las cuerdas de nilón, de la guitarra o el violín.
Pero lo más sorprendente fue contemplar a la muchachada embelesada con músicas que se suponía que eran patrimonio de sus abuelos, con guiños muy explícitos: la voz de Roberto Carabajal en ‘El invisible’ y la de Silvio Rodríguez en ‘Luciérnagas’, y Mercedes Sosa saliendo de las sombras para conmovernos con ‘Jangadero’. Emociones que vienen de lejos y surcan el tiempo, y un Milo J que camina por encima de dictados y prejuicios.
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