Opinión | La caja de resonancia
Que una canción haya sido hecha con IA y no te importe
Un informe de Luminate nos habla de cierta aceptación o indiferencia ante la música creada y grabada con modelos generativos, y se abre un horizonte de bifurcación: un nuevo 'easy listening' funcional y de identidad difuminada frente a los artistas de carne y hueso capaces de establecer una conexión emocional

La prometedora artista neo-soul Sienna Rose. / SPOTIFY
Los artistas salidos de la IA prosperan con rapidez: tenemos a Sienna Rose, sedosa cantante soul-jazz que en solo cuatro meses ya atesora 3,1 millones de oyentes mensuales en Spotify (pásmense: más que Pulp y que Wilco, el doble de PJ Harvey, ¡y del milenario grupo Jethro Tull!). Se suma al goteo de artistas irreales cuyas canciones nos han hecho arquear las cejas últimamente, como la supuesta panda de nostálgicos del folk-rock de Laurel Canyon llamada Velvet Sundown o ese cantautor invernal presuntamente sueco llamado Jacub.
Acaba de ver la luz el nuevo informe de Luminate, según el cual el 56% de los encuestados expresa 'comodidad' o 'indiferencia' ante el hecho de que una canción haya sido compuesta con IA. La aceptación sube en la factura de las músicas instrumentales (62%) y desciende cuando se pregunta por la voz (54%). Son números que relativizan mucho (sobre todo, entre los oyentes de 13 a 17 años) el rechazo perplejo que suele generar la música hecha con IA en la conversación social.
Me cuesta encontrar argumentos para revocar una canción que te guste solo porque haya salido de una máquina. ¿Por qué deberíamos hacerlo? Pero una cosa es que te guste y otra, que cree un vínculo. Hoy, de hecho, la IA ya forma parte de muchos procesos de los artistas, y abunda el material híbrido. ¿Habría que señalizar las canciones hechas por la IA? ¿Y las que han contado con ella como ayuda? Serían la mayoría, y no sé si eso cambiaría las cosas. En muchos conciertos, los 'macro', hay profusión de pistas regrabadas, 'playback' incluido (esos cantantes que entonan con perfección mientras dan brincos y corretean de un lado a otro del escenario), y poco parece importar.
Hoy todo el mundo utiliza la IA de modo cotidiano (Chat GPT ya sustituye a Google) y la plataforma Deezer sitúa en 50.000 las pistas salidas de los modelos generativos cada día, el 34% del total. Parece que vamos hacia una gran bifurcación: mucha música de identidad difuminada que cumplirá una función, pero cuya ligazón emocional con el oyente está por demostrar. Puede ser un nuevo 'easy listening'.
Un artista, una carrera, es mucho más que unos audios pulcramente definidos: hay un carisma, un aura, una historia, la épica del esfuerzo. Muchos ingredientes extramusicales que hoy son cruciales y que desafían la tesis de la gran suplantación. La naturaleza del ser humano debería modificarse para que eso sucediera, aunque a ver quién es el listo que se atreve a asegurar que esto jamás de los jamases sucederá.
Suscríbete para seguir leyendo
- Premios Gaudí 2026, en directo: a qué hora es la gala y última hora de los nominados
- Paul Thomas Anderson pide que se elimine banda sonora de 'El Hilo Fantasma' de 'Melania
- Muere el actor James Van Der Beek a los 48 años tras una larga lucha contra el cáncer
- Bad Bunny planta la bandera latina en la Super Bowl 2026 para reivindicar que América es mucho más que EEUU
- Luis Tosar: 'Ahora que se promueven discursos de odio tan peligrosos, una serie como 'Salvador' es muy necesaria
- Aquí puedes ver la actuación completa de Bad Bunny en la Superbolw con Lady Gaga y Ricky Martin | Vídeo
- Cómo ha logrado Bad Bunny dominar el mundo en 10 años sin renunciar a nada: 'Es una estrella global que no diluye su trasfondo, al contrario, lo acentúa
- Crítica de 'Sirat' de Oliver Laxe: trance, fe y supervivencia
