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Opinión | Política y moda

Cómo el primer ministro de Groenlandia ha empezado a vestirse para la guerra con Trump

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Imagen del 13 de enero de 2026 del presidente de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.

Imagen del 13 de enero de 2026 del presidente de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. / LISELOTTE SABROE / EFE

Durante la rueda de prensa conjunta con su homóloga danesa, Mette Frederiksen, para recordarle a EEUU que Groenlandia “no está en venta”, el primer ministro groenlandés llamó la atención por la aparentemente simplicidad de su estilismo. Podía llegar a antojarse que Jens-Frederik Nielsen, de sólo 34 años, había optado por una imagen deportiva e informal para enfrentarse a las graves amenazas de invasión de la isla por parte de Trump. Y es que parecía que Nielsen tratara de emular la sudadera azul al estilo de Nicolás Maduro que le prestaron al venezolano al llegar a Nueva York tras ser detenido/secuestrado. 

“Pero lo que no sabes es que ese jersey no es sólo azul, no es turquesa, ni es marino, en realidad es cerúleo…”. Sólo los fans de 'El Diablo viste de Prada' comprenderán que inserte aquí en medio de este artículo esta cita de Miranda Priestley; pero sirva para introducir que el estilismo escogido por el mandatario groenlandés para tan delicado momento no es en ningún caso una frivolidad… La prenda que lucía no es un jersey, es una especie de anorak típico del pueblo inuit (raíces, pertenencia, patriotismo). Aunque en general lo suele vestir en azul marino (un color más sobrio e institucional para un gobernante), ayer se decantó por el azul del escudo de Groenlandia (un oso polar bañado por el azul del Atlántico y Océano Artíco). “Si tenemos que elegir, preferimos Dinamarca por encima de EEUU. Dinamarca, la Unión Europea y la OTAN”, declaró. Y la coincidencia del azul de la Unión Europea con el de su ropa de abrigo (protección) brindaron visualmente un mensaje tan coherente, como firme y contundente. 

Aunque Nielsen suele servirse de americanas y camisas (corbatas, pocas), para su intervención ante el parlamento europeo hace unos meses también hizo uso de la asociación simbólica con el color azul. Desde el atril principal, su vestimenta se (con)fundía con el fondo de la UE, señalando sutilmente su postura clara de cooperación: “Nosotros necesitamos a Europa y Europa nos necesita a nosotros”. Pero además de transmitir tranquilidad, estabilidad y confianza; el azul también desafía estéticamente a Trump. Ante su sempiterna preferencia por la corbata roja republicana y la gorra MAGA, el azul se opone al grana del presidente estadounidense. Y ojalá, en esta ocasión concreta, el azul (agua, calma, sabiduría) logre apagar al rojo (fuego, ira, pasión), pero la capacidad de la UE es muy limitada.

“No sé quién es ni sé nada sobre él, pero eso va a ser un gran problema para él”, ha comentado Trump al ser informado de la postura de Nielsen. Y es muy probable que cuando el presidente de EEUU salga de su ignorancia y se tome la molestia de mirar un mapa y conocer al representante del territorio que desea invadir, descubra que sus ropas tampoco le agradan. Todos recordamos la humillación a Zelensky por vestir su uniforme informal bélico y no acatar el traje diplomático occidental. Sin embargo, el ucraniano tampoco ha logrado muchos avances con Trump al someterse a sus caprichos estilísticos (desde el famoso altercado en la Casa Blanca, Zelensky utiliza un conjunto negro compuesto por una chaqueta de inspiración sahariana). Ante Trump se equivocan quienes quieran agasajarlo, convencerlo o seducirlo. Él sólo entiende un idioma: el del enfrentamiento (de ahí su admiración por tipos como Putin, Kim Jong Un o Netanyahu y su cierto respeto por Macron cuando el presidente francés lo desafía). 

Si Nielsen quiere tener alguna posibilidad en esta testosterónica batalla que no renuncie nunca a su armadura: plantar cara, hablar claro y vestir su anorak azul. 

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